La pandemia del coronavirus ha dado la vuelta al mundo. Para estos momentos, más de 180 países ya reportan al menos un caso de esta enfermedad dentro de sus fronteras. La misma ha llegado a tal magnitud que ha obligado a naciones enteras a paralizarse como una forma de protegerse contra el contagio.

A medida que decisiones como estas se alargan para mantener el virus a raya, las posibilidades de la sociedad de superar rápido la crisis aumentan. Sin embargo, a medida que se esquiva esa bala una nueva viene a la carga. La misma proviene del sector financiero y económico de las naciones.

La parálisis podría ser buena para el sector de la salud, pero los sistemas económicos de cada país se recienten con cada día que pasa. Con las producciones detenidas, los intercambios internacionales suspendidos y la mayoría de los negocios cerrados, la economía se encuentra en un paro que se traduce en pérdidas tanto para los pequeños como para los grandes empresarios.

Evitando la crisis a toda costa

Es evidente que las bolsas de valores de todo el mundo están entrando en un espiral de caída del que no se podrán recuperar hasta que el caos ocasionado por el coronavirus se apacigüe. Con este problema en puertas y con la dificultad para conseguir ingresos por los medios convencionales, las empresas hacen hasta lo imposible para conservar su liquidez financiera.

En consecuencia, nos encontramos en un punto en el que las mismas venden todo lo que puedan para asegurarse un saldo positivo en sus cuentas. Ello hace que la oferta en el mercado aumente ante una ya relativamente poca demanda, lo que hace que los precios continúen cayendo en el mundo y que las empresas no paren de reportar pérdidas.

Entre unos de los elementos que han encontrado para vender se encuentran las deudas, que usualmente terminan por ser adquiridas por los bancos. Esto, nuevamente causa un desequilibrio económico cuyas consecuencias no se notarán ahora, sino a largo plazo cuando las deudas deban ser saldadas, los interese hayan aumentado y, los entes endeudados –claramente también atados por la crisis del coronavirus– tal vez no tengan cómo responder a sus cuentas pendientes.

Algunas tácticas del mundo

En Asia, China y Corea del Sur son un par de ejemplos de tácticas bien aplicadas en el combate contra el coronavirus. Para estos momentos, la primera ya no ha reportado más casos nuevos de la enfermedad, mientras que la misma muestra una disminución paulatina de los mismos en cada reporte.

Sumado a ello, aunque ambos países se paralizaron casi por completo, ahora que están saliendo de la tormenta, rápidamente están haciendo por recuperar su ritmo de producción. Ello con la esperanza de hacer que el impacto económico de su inactividad sea el menor posible. Por ahora, parece estar dando frutos, pero solo el tiempo podrá mostrarnos los verdaderos resultados.

Otra perspectiva que también parece estar ganando popularidad es la aplicada tanto por Estados Unidos como por Hong Kong. La misma, básicamente, consiste en inundar el mercado de modo que haya liquidez.

Así se les puede asegurar a las empresas que hay suficiente dinero en movimiento como para que no deban preocuparse por su estabilidad. Tan solo este jueves, el Congreso de los Estados Unidos aprobó el uso de 1 billón de dólares para este fin.

Se dice que, como este dinero es entregado en préstamos de casi un 0% de interés, la llegada de este nuevo capital al mercado no debería originar inflación. Sin embargo, en varias décadas, cuando llegue el momento de refinanciar este tipo de préstamos, la situación podría ponerse complicada.

Sobra decir que, ambos modelos parecen estar ofreciendo una posible solución al problema que se nos presenta en la actualidad. No obstante, también tienen como debilidad que no muestran ser los más beneficiosos a largo plazo. Pero, como esta se trata de una circunstancia extraordinaria, tal vez solo medidas de la misma calaña puedan hacerle frente.

No todos pueden hacer esto

A pesar de que ambas estrategias antes mencionadas parecen útiles para detener la crisis, no son fáciles para todas las naciones. Los países menos desarrollados, con sistemas de salud más precarios, como algunos en África y América Latina pueden llegar a verse mucho más afectados por la pandemia.

Después de todo, no cuentan con los recursos para enfrentarla ni médica ni económicamente. En consecuencia, para evitar al menos la crisis económica pueden volver a verse obligados a abrir sus fronteras antes de contener el virus para poder continuar realizando intercambios económicos que los mantengan a flote.

Una acción como esta, por un lado, podría solucionar el advenimiento de una crisis financiera. Pero, lo haría por muy poco tiempo. Ya que, al no tratar la epidemia, la misma terminará generando también grandes gastos de salubridad que volverán a hundir la economía del país. Incluso, una apertura temprana de fronteras también podría significar el reinicio del brote en países vecinos y causar un nuevo epicentro de contagio de la enfermedad.

La colaboración mundial podría ser la solución

En la actualidad, cada país ha tomado sus medidas de forma independiente. Por ello, es posible observar diferentes niveles de fortaleza en sus acciones y también resultados variopintos.

En momentos como estos, una de las recomendaciones que parece sobresalir es la de crear un plan de acción conjunto. Con el mismo, todas las naciones deberían ponerse de acuerdo sobre sus estrategias para combatir a este enemigo invisible.

Asimismo, dicha colaboración podría permitir crear sistemas de apoyo para las naciones menos desarrolladas o que disponen de menos recursos. De este modo, al evitar que el virus prolifere en ellas, también se trabaja en pro de que este no se vuelva a esparcir por el mundo en un nuevo brote.

Sumado a esto, algunas medidas colectivas que se sugieren es que se rediseñen los sistemas de cobro de impuestos, sobre todo con lo referente a las empresas. De esta forma, se las podría proteger contra la posibilidad de una bancarrota y, así, igualmente, se evitaría el extremo caso de una recesión.

En casos como estos, podemos ver que el flujo de dinero que se maneja principalmente salta del gobierno, a los bancos centrales y a las empresas en un eterno ciclo. El truco para que esto no perjudique a la sociedad al final del día es que dicho intercambio se realice con estrategia. De este modo, los primeros siempre tendrán una forma de sustentar sus políticas, los segundos podrán recuperar sus inversiones para volver a movilizar el capital en el mercado y las terceras seguirán teniendo una base sólida sobre la cual continuar creciendo.