En medio de la pandemia global causada por el coronavirus, los sistemas médicos del mundo corren en busca de una vacuna que nos haga resistentes a este virus. Durante los últimos meses, hemos visto que naciones como el Reino Unido, Estados Unidos y China han iniciado sus pruebas.

En todos los casos, las mismas son preliminares y están lejos de ser una verdadera solución al problema actual del coronavirus. De hecho, se dice que una vacuna contra el mismo podría tardar en llegar hasta nosotros un año como mínimo.

Por lo que, en estos momentos, el punto que más diferencia hará al enfrentar la enfermedad no será dicha vacuna, sino los cuidados que se les puedan dar a quienes la contraigan. Después de todo, incluso después de que se haya creado la inyección que nos hará al menos medianamente inmunes, la verdad es que esta no será una “cura definitiva” para el COVID-19.

¿Por qué no se encuentra una cura específica contra el coronavirus?

Sin embargo, el hecho de que el coronavirus no pueda tener una cura específica no debe ser un motivo de alarma. En realidad, esta se trata de una característica común de los virus.

Por lo general, los mismos son atacados a base de la contención de sus síntomas y no con acciones que los impacten directamente. El motivo detrás de esto se remite a su propia estructura, ya que estos, a diferencia de las bacterias, no son organismos vivos.

Debido a ello, para prosperar requieren de un anfitrión y se adhieren a las células del mismo para sobrevivir. En consecuencia, atacar directamente al virus podría implicar también atacar al organismo y causarle un perjuicio.

Ello implica que, para desarrollar una cura definitiva, es necesario hacer un estudio que permita discernir específicamente qué actividades realiza el virus y cuáles el organismo, de modo que se pueda atacar a uno sin afectar al otro.

Este tipo de trabajos se han hecho con patologías específicas como el VIH y la influenza. No obstante, no suele ser el camino habitual que siguen quienes desarrollan las medicinas.

Las bacterias son más fáciles de combatir

Una duda que puede surgir en nosotros es, si las bacterias pueden ser combatidas con antibióticos específicos, por qué los virus no. En este punto debemos aclarar que ambos organismos son diferentes en todo sentido.

Por una parte, las bacterias son organismos vivos, de un tamaño mayor y con una estructura distinta a la de los virus. Asimismo, las bacterias pueden parecerse entre sí como las diferentes razas de una misma especie. En otras palabras, todas comparten características similares que permiten que un mismo antibiótico ataque una amplia variedad de bacterias.

Del otro lado, los virus no ofrecen esa facilidad. Los mismos pueden llegar a ser tan diversos como la flora y la fauna del planeta y, no necesariamente se estructuran del mismo modo. Por lo que, resulta mucho más difícil ubicar antivirales que sean efectivos contra más de un virus.

Para el caso del coronavirus, se han hecho pruebas con distintos medicamentos destinados a tratar otras enfermedades como el ébola, el VIH e incluso el cáncer. No obstante, ninguno de estos ensayos ha dado frutos.

La efectividad de los antivirales no es absoluta

Los antivirales que se han desarrollado en la actualidad sirven como un medio casi preventivo para los virus que combaten. Estos pueden llegar a ser altamente efectivos al ser usados como vacuna o cuando se aplican en las etapas más tempranas de la enfermedad.

Ello debido a que, es en estos momentos en los que el organismo se encuentra en mejor posición para crear anticuerpos que le sirvan para hacerle frente a la enfermedad. En caso de que la misma esté más avanzada, los mismos ya dejan de ser tan efectivos. Esto también se cumpliría a cabalidad en los casos actuales de COVID-19. Por ello, siempre es necesario que existan tratamientos adicionales.

Los cuidados básicos podrían ser la mejor cura

Sabiendo todo lo anterior, queda claro que la mejor forma de atacar esta enfermedad cuando ya ha entrado en el organismo es a través del “tratamiento de apoyo” que básicamente implica darle al paciente los mejores cuidados básicos de forma que su organismo se encuentre en las mejores condiciones para luchar contra la enfermedad.

En cualquier caso, los antivirales solo funcionan como una forma de hacer que las consecuencias de la enfermedad sean más leves. Por lo que, solo al combinarlos con este tratamiento de apoyo, que ataca los síntomas individualmente tratando de mantener el cuerpo estable, pueden verse verdaderos avances en la superación de la enfermedad.