Desde que empezaron a surgir las primeras noticias sobre un nuevo virus que causaba un cuadro respiratorio similar a la neumonía, personas de todo el mundo se empezaron a preguntar si esto podría causar una pandemia.

El brote se extendió rápidamente en Wuhan y otras ciudades chinas, así como en países cercanos como Corea del Sur, Hong Kong, Malasia y Taiwán. Luego llegó a Europa y a Estados Unidos, pero la Organización Mundial de la Salud reiteraba que, a pesar de esta expansión, su distribución era muy desigual y no cumplía con las características para ser considerado una pandemia.

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, hizo énfasis en que se trataba de una amenaza que podía ser contenida, pero que tenía mucho potencial de convertirse en una pandemia, por lo que era necesario tomar acciones contundentes para retenerla.

Finalmente el 11 de marzo la OMS decidió declarar al brote de COVID-19, ya extendido también por varios países de Latinoamérica y África, como una pandemia, e instó a las autoridades a comprometerse en la lucha contra la misma.

Sin lugar a dudas, el mundo esperaba esta declaración, sin embargo, la organización fue objeto de críticas por su lentitud respecto al tema. ¿Por qué tardar tanto para declarar lo que ya era evidente? Un equipo de expertos conformado por Saed Alizamir de Yale SOM, con Francis de Véricourt de ESMT y Shouqiang Wang de la Universidad de Texas en Dallas han analizado la situación llegando a algunas conclusiones dignas de compartir.

Las agencias de salud pública deben velar por su credibilidad

Agencias de salud pública como la Organización Mundial de la Salud reciben información anticipada de todo lo correspondiente a sanidad de sus países miembros, y en función de esta, emiten actualizaciones oportunas.

Así pues, tiene autoridad exclusiva para declarar una Emergencia de Salud Pública de Preocupaciones Internacionales (PHEIC), como ocurrió en un principio con el COVID-19. El problema es que, para poder hacerlo, la agencia debe ser especialmente cuidadosa, de modo que esto no afecte su credibilidad en un futuro.

Dos compromisos paradójicos

Y para poder mantener su credibilidad, la OMS debe luchar con el cumplimiento de dos compromisos paradójicos. Al emitir un mensaje de alerta temprana, ciertamente se pueden aplicar medidas preventivas a tiempo y proteger al público de consecuencias graves como las que observamos en Italia en la actualidad.

Sin embargo, la agencia también tiene la responsabilidad de recolectar toda la información posible sobre la naturaleza del peligro, como en el caso del SARS-CoV-2, un coronavirus nunca documentado hasta ahora.

La dinámica es bastante simple y comparable a casos simples y cotidianos. Cuando una persona nos avisa sobre algún acontecimiento y resulta ser cierto tal y como lo contó, esta gana nuestra credibilidad. Sin embargo, si se trata de información inventada, exagerada o subestimada, esta persona queda como alguien que difunde rumores sin que haya evidencia de ello, y pierde credibilidad ante nosotros.

Lo mismo ocurre con los organismos de salud. Si la OMS emite una alerta basada en evidencia, las autoridades de los países y el público en general la tomarán más en serio, y podrán aplicarse las acciones pertinentes evitando pánicos innecesarios. Al contrario, si emite una alerta que sobreestima o subestima la amenaza, su credibilidad puede verse gravemente perjudicada, y con ello, el manejo de emergencias en el futuro, lo cual podría resultar fatal.

La reacción de los gobiernos ante los anuncios de la OMS

Es necesario resaltar que la OMS es una organización mundial totalmente financiada por sus estados miembros, lo cual puede implicar muchas veces conflictos de intereses que pueden retardar o apresurar ciertos anuncios.

Los autores del artículo sugieren que las personas no deben guiarse únicamente por los anuncios de una organización mundial, sino prestar atención al contexto local. Por lo que cada gobierno también debe trabajar en función de los datos locales para conocer su situación actual y aplicar las estrategias de contención más prudentes a fin de evitar consecuencias sociales, y sobre todo económicas.

Referencia:

Warning Against Recurring Risks: An Information Design Approach. https://insights.som.yale.edu/sites/default/files/Warning.pdf