La sepsis de inicio tardío (LOS, por sus siglas en inglés) es una complicación profundamente consecuente del parto prematuro que es provocada por la irrupción de patógenos en el torrente sanguíneo del neonato.

Esta afección, que representa un desafío importante en el cuidado infantil prematuro, ocurre al menos 72 horas después del nacimiento, representa el 26 por ciento de todas las muertes en recién nacidos prematuros y genera un mayor riesgo de problemas neurocognitivos a largo plazo.

Evidencia encontrada

En una parte sustancial de los casos, se puede encontrar que el patógeno causal de la afección reside en el intestino días antes de la diseminación. Se presume que una barrera intestinal inmadura permite la translocación de tales bacterias, pero los mecanismos que permiten o inhiben esta filtración siguen siendo incomprendidos.

Hasta ahora, el enfoque principal en la prevención de la sepsis de aparición tardía se basa en mejorar las técnicas asépticas, como asegurarse de que la piel de un bebé esté libre de bacterias y que las vías intravenosas y otros conductos no alberguen bacterias potencialmente mortales.

La sepsis de inicio tardío es una complicación consecuente del parto prematuro que se produce por la irrupción de patógenos en el torrente sanguíneo.

Varios estudios de cohortes han sugerido una reducción del riesgo de sepsis en los bebés prematuros amamantados a través de procesos desconocidos. En línea con esa observación, una reciente investigación realizada por científicos de la Universidad de Washington en San Louis encontró evidencia de que la leche materna puede ayudar a proteger a los bebés prematuros contra el desarrollo de sepsis.

El equipo de investigación encontró que una molécula llamada factor de crecimiento epidérmico de la leche materna, activa los receptores en las células intestinales para evitar que las bacterias intestinales migren al torrente sanguíneo, donde pueden provocar sepsis.

Reducción del riesgo

La investigación, que se realizó en ratones, reveló que la leche materna con niveles más elevados de este factor de crecimiento epidérmico, particularmente desde los primeros días de lactancia después del nacimiento, es mejor para evitar que las bacterias ingresen al torrente sanguíneo.

Para el estudio, los investigadores dieron a los ratones recién nacidos una solución que contenía la bacteria Escherichia coli aislada del torrente sanguíneo de un paciente humano con sepsis de aparición tardía.

El estudio muestra que la leche materna contribuye a la reducción de la permeabilidad intestinal y previene la translocación bacteriana, un aspecto determinante de la sepsis.

Posteriormente, estas crías fueron amamantadas por su propia madre u otra madre que había dado a luz en un momento anterior, cuya leche materna tenía cantidades más bajas del factor de crecimiento epidérmico.

Los investigadores observaron que los ratones que desarrollaron infecciones de la sangre fueron aquellos amamantados por hembras que tenían niveles más bajos de factor de crecimiento epidérmico en su leche.

Estos resultados, explican los autores, muestran que entre los reconocidos efectos beneficiosos postulados de la leche materna, se debe incluir la reducción de la permeabilidad intestinal y la prevención de la translocación bacteriana.

Este efecto contribuye plausiblemente a la reducción del riesgo de sepsis entre los lactantes prematuros amamantados, y el factor de crecimiento tiene un rol protagónico en esta función.

Referencia: Maternal activation of the EGFR prevents translocation of gut-residing pathogenic Escherichia coli in a model of late-onset neonatal sepsis. PNAS, 2020. https://doi.org/10.1073/pnas.1912022117