Ha habido cierta controversia sobre el origen del COVID-19. Recientemente, en medios informativos y redes sociales circularon afirmaciones que señalaban que la contagiosa enfermedad coronaviral podría provenir de un laboratorio o ser producto de algún otro tipo de manipulación.

Pero, para terminar con las especulaciones sobre el origen del coronavirus, los resultados de un estudio realizado por científicos del Instituto de Investigación Scripps, muestran que la pandemia COVID-19 no es de un virus creado en laboratorio, sino que tiene un origen natural.

Analizando la plantilla genética

Una vez que estalló un brote infeccioso ocasionado por una nueva cepa de coronavirus, llamada SARS-CoV-2, a fines de diciembre del año pasado en China, los científicos de ese país secuenciaron su genoma y pusieron los datos a disposición de investigadores de todo el mundo. Desde entonces, los investigadores han estado trabajando arduamente para descubrir el origen y la evolución del virus que causa COVID-19.

Los autores explican que si el SARS-CoV-2 fuera un virus diseñado, se habría basado en las versiones mortales anteriores conocidas de coronavirus, y la evidencia muestra que este no fue el caso.

Para ello, el equipo de investigación se basó en esta plantilla genética para evaluar dos características de las espigas en el exterior del SARS-CoV-2: el dominio de unión al receptor (RBD), una especie de gancho que el virus utiliza para aferrarse a las células huésped, y el sitio de división, una especie de “abridor de latas molecular” con el que el virus se abre paso y penetra las células huésped.

En el estudio, los investigadores descubrieron que la proteína espiga del SARS-CoV-2 era tan efectiva en la unión a las células humanas que tenía que ser el resultado de la selección natural y no el producto de la ingeniería genética. Esta conclusión fue apoyada por la estructura general de la columna vertebral del virus, la cual difería sustancialmente de la de los coronavirus ya conocidos.

Diferencias sustanciales

Los coronavirus son una gran familia de virus que pueden causar enfermedades que varían ampliamente en severidad. La primera surgió en el año 2003 con la epidemia del Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SRAS) y en 2012 el Síndrome Respiratorio del Medio Oriente (MERS).

Recientemente, en medios informativos y redes sociales circularon afirmaciones que señalaban que la contagiosa enfermedad podría provenir de un laboratorio.

En su estudio, los autores explican que si el SARS-CoV-2 fuera un virus diseñado, se habría basado en las versiones mortales anteriores. Pero en realidad el equipo encontró que difiere sustancialmente de los coronavirus ya conocidos y se asemeja más a virus relacionados que se encuentran en murciélagos y pangolines.

Al respecto, el investigador Kristian G. Andersen, del Departamento de Inmunología y Microbiología del Instituto de Investigación Scripps y coautor del estudio, puntualizó:

“Nuestros análisis muestran claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio o un virus manipulado a propósito. Al comparar los datos disponibles de la secuencia del genoma para las cepas de coronavirus conocidas, pudimos determinar firmemente que el SARS-CoV-2 se originó a través de procesos naturales”.

Referencia: The proximal origin of SARS-CoV-2. Nature Medicine, 2020. https://doi.org/10.1038/s41591-020-0820-9.