No podemos negar que las redes sociales son una parte importante de nuestra cotidianidad a estas alturas. Gracias a las mismas nos mantenemos conectados como nunca antes con lo que pasa en el mundo.

Asimismo, es a través de ellas que mantenemos el contacto con nuestros amigos y familiares en todo el globo, mientras al mismo tiempo hacemos más conexiones en este. Con su aparición, el usuario ha ganado la posibilidad de elegir entre distintos canales, fuentes y medios para mantenerse informado.

En primera instancia esto se trata de un característica positiva, ya que no encapsula la información solo por un número limitado de emisores. A pesar de que ello es un avance para el proceso informativo, también puede presentarle ciertos inconvenientes.

Ello se vuelve incluso más notorio en medio de situaciones de crisis como la que se vive en la actualidad con la pandemia global del coronavirus. Ahora, tomando esta como ejemplo, se puede evaluar la participación e influencia que han tenido las redes sociales en esta situación, así como qué tipo de efecto han tenido las mismas en la población.

Son el canal más rápido para exponer la información

Sin lugar a duda, la pandemia del coronavirus se trata de la situación de contagio que más se ha mediatizado en nuestra historia –sobre todo si contamos la participación de las redes sociales. Las mismas, por sus propias características, suelen tener un alcance global e inmediato.

Por lo que, se han convertido en herramientas poderosas si lo que se desea es hacer llegar rápidamente al público información sobre las situaciones que se presentan en el mundo. Entre algunos ejemplos se podrían citar el descubrimiento de nuevos casos, los avances de la ciencia en la búsqueda de una cura, además de las acciones tomadas por las empresas y los gobiernos para enfrentar la crisis.

Incluso, se convierten en canales de denuncia y transformación que permiten que el sentir del público sea del conocimiento de los altos mandos casi al instante. Un ejemplo claro de ello ha sido la reciente controversia por el plan de “inmunidad de rebaño” que ha planteado el Reino Unido.

Sumado a esto, también podemos ver cómo en las redes se inician movimientos que luego pueden ir acordes con las decisiones gubernamentales. Mucho antes de que se suspendiera la Grand Prix, por Twitter ya había una campaña que solicitaba que el evento se pospusiera.

Como otra referencia, también podemos ver que las campañas de concientización en el mundo han cobrado fuerza a través de las redes sociales. Sobre todo, en aquellos países cuyos gobiernos demoraron mucho en hacer acuerdos con las cadenas publicitarias para liberar los mensajes de prevención e higiene necesarios para enfrentar al coronavirus.

Pero también son un campo de cultivo para el miedo

Sin embargo, no todo en las redes sociales se trata de un beneficio. De hecho, las mismas también han sido señaladas más de una vez por ser centros de distribución de lo que conocemos como fake news.

En las mismas, por la falta de controles que existen en otros modelos de medios tradicionales, básicamente cualquiera puede subir información a la web. Por un lado, esto hace que existan muchas más fuentes de datos que por mecanismos convencionales.

Pero, ello también implica que gran parte de lo que se publica no ha sido debidamente verificado y que, por ende, puede contribuir a crear un clima de preocupación o miedo innecesario.

Un ejemplo claro de ello han sido los rumores que se han esparcido en la web sobre el coronavirus en los que se habla de que el mismo puede ser desde un acontecimiento bíblico hasta un arma biológica. En todo caso, todos estos rumores se desmienten debidamente cuando se los ubica.

No obstante, no en todas las plataformas es tan fácil hacer esto. En espacios como Twitter o TikTok en los que la mayoría de los contenidos son públicos, ubicar los datos erróneos y hacer una corrección. Pero, en comunidades más cerradas como WhatsApp o los grupos de Facebook este proceso se puede demorar más, lo que causa que la información falsa o errónea llegue a más público por más tiempo y alimente la sensación de incertidumbre.

Al final, su poder es el de mantener unida a la comunidad

En todo caso, tanto su lado bueno como su lado malo tienen algo en común, su capacidad para unir a la comunidad. Ambas caras de la moneda se pueden juntar en un todo que representa una sensación de unión que sería muy difícil de replicar en cualquier otra época.

Gracias a las redes, un usuario en Japón puede enterarse de los problemas de uno en México y viceversa, con tan solo unos clics. Ahora más que nunca, podemos ver que vivimos en un mundo interconectado que nos permite vivir una especie de “historia global” en lugar de un conjunto de narrativas separadas por naciones y continentes.

Las redes sociales, en momentos como estos, podrían ser la mejor herramienta actual para hacer que el mundo se mantenga adecuadamente informado sobre temas de interés global como la pandemia del coronavirus. Sin embargo, para que verdaderamente puedan ser vistas como un beneficio para el conocimiento de las sociedades, las mismas deben ser utilizadas con responsabilidad por el público y estar bien reguladas por los entes competentes.