Desde que se confirmó que un nuevo patógeno era el causante de cuadros respiratorios severos en las personas en Wuhan, China, la Organización Mundial de la Salud ha advertido sobre la importancia de la prevención para evitar que el problema escalara a niveles mayores.

Tres meses después la patología ya se conoce como COVID-19, es causada por un miembro de la familia de los coronavirus llamado SARS-CoV-2 y su expansión por el mundo ha sido tal que ha sido necesario declararla pandemia.

Hasta ahora, las recomendaciones de la OMS han estado dirigidas a promover la prevención, los correctos hábitos de higiene y la detección rápida y temprana de los casos existentes. Y aunque al parecer todos los países se lo tomaron muy a la ligera al principio, desde hace varios días las redes sociales abundan de mensajes, imágenes y videos que apoyan el lavado de manos y el distanciamiento social.

A finales de enero, el gobierno de China decidió cerrar Wuhan y las ciudades aledañas, cuando la situación ya mostraba señales de descontrol, y los resultados fueron positivos a pesar de las críticas a nivel internacional: actualmente China registra entre 10 y 20 casos por día.

Por su parte Corea del Sur aplicó medidas similares pero de manera menos drástica y esto, junto al sistema de monitoreo nacional implementado para abordar la crisis, ha permitido reducir la tasa de contagios de manera importante.

La inmunidad en los humanos

La dinámica seguida hasta ahora es mantener la tasa de contagios baja mientras se desarrollan la vacuna y medicamentos eficaces que permitan reducir la mortalidad. La mayoría de los especialistas recomienda la vacunación como la mejor forma de evitar enfermedades, la mejor forma de desarrollar inmunidad colectiva contra patógenos.

Sin embargo, muchos no están de acuerdo con este método. A pesar de que las vacunas son eficaces en su objetivo, desde hace un buen tiempo se han estado creando y promoviendo hábitos antivacunas.

Entonces la propuesta de estos grupos es un poco más convencional: el desarrollo de inmunidad a partir de la exposición a los patógenos. Cuando nuestro cuerpo batalla con invasores, las células desarrollan memoria a largo plazo que permite afrontar mejor la situación en caso de repetirse en un futuro.

El tema actualmente es bastante polémico, y la OMS declaró en 2019 a los movimientos antivacunas como una de las principales amenazas a la salud mundial. ¿Pero qué pasaría si en medio de esta pandemia se aplicaran acciones basadas en argumentos similares?

Estimular la inmunidad colectiva para el COVID-19

Permitiendo que gran parte de la población de infecte con el COVID-19, es posible crear una inmunidad colectiva que reduzca la posibilidad de un segundo brote.

Siguiendo una idea similar, Boris Johnson, actual Primer Ministro del Reino Unido, conmocionó a la comunidad científica con sus declaraciones recientes, en la cual planteó que la estrategia del gobierno es estimular la llamada “inmunidad del rebaño”.

Según los datos suministrados por la OMS en su sitio web, alrededor del 80 por ciento de las personas infectadas con COVID-19 experimentan síntomas leves, y muchos ni siquiera los presentan a pesar de estar infectados. Mientras que 1 por ciento suele presentar complicaciones, en su mayoría personas mayores o con afecciones pre existentes.

Estos datos han sido motivo de análisis para las autoridades británicas que, intentando proteger su economía en medio de la pandemia, decidieron ser un poco más realistas en sus metas respecto al virus.

La prevención del contagio por medio del aislamiento social y las cuarentenas afectan el ritmo habitual del trabajo y, por consiguiente, la generación de dinero. Esto sin lugar a dudas repercute de manera negativa y puede causar una recesión económica importante de la cual sería difícil recuperarse.

Para evitar esto, el ejecutivo reconoció que la estrategia actual permitirá que entre 60 y 80 por ciento de la población contraiga el virus. Basado en las estadísticas, la mayoría de estos presentaría síntomas leves, pero a cambio de ello, se desarrollaría cierta inmunidad colectiva. Esto haría a los ciudadanos británicos más resistentes, lo que a su vez reduciría el número de contagios ya que será menor probable que caigan enfermos en una segunda ronda.

La diferencia entre supresión y mitigación

El Imperial College de Londres ha publicado un documento titulado “Impacto de las intervenciones no farmacéuticas en la reducción de la mortalidad del COVID-19 y la demanda de la atención sanitaria” en el que se analiza a profundidad la propuesta.

La estrategia aplicada por la mayoría de los países del mundo es la supresión, donde el objetivo es reducir el número de reproducción (número promedio de casos secundarios que genera cada persona) por debajo de 1, y así eliminar la transmisión de persona a persona.

Mientras que el Reino Unido ha optado por la mitigación, que consiste en no interrumpir la transmisión por completo, sino reducir el impacto en la salud, manteniendo el brote indefinidamente. Así pues, no eliminan por  completo el virus como en la supresión, sino que aprovechan la oportunidad para crear inmunidad en la población a través de la epidemia, lo cual lleva a una “eventual disminución rápida” de los casos.

La estrategia de mitigación se aplicó en Reino Unido

Hasta el día de hoy, el Reino Unido ha confirmado más de 1.500 casos de COVID-19 y 35 muertes por la enfermedad, sin embargo, las autoridades no han anunciado medidas drásticas como las implementadas por China, Italia, España, ni mucho menos cercanas a la dinámica cooperativa de Corea del Sur.

Al contrario, se ha recomendado el teletrabajo como medida más extrema, así como la reducción de los viajes, las visitas a sitios públicos, las reuniones masivas y el contacto “que no sea esencial” con otras personas. El aislamiento ha sido recomendado específicamente a personas mayores de 70 años.

En medio de una recién declarada pandemia, para muchos esto puede parecer una locura, pero según Johnson y el mismo asesor científico del gobierno, Patrick Vallace, estas acciones constituyen una estrategia particular para sobrellevar la situación.

El propio Johnson ha reconocido que el COVID-19 causará miles de muertes en la región y que tristemente muchos británicos perderán a sus seres queridos “antes de tiempo”. Pero en vista de la ausencia de una vacuna y de los estragos económicos que está causando el coronavirus en el mundo, consideran necesario este método para evitar el colapso del sistema sanitario y de la economía británica.

Pero el Imperial College la declaró inviable

Boris Johnson ha decidido descartar la estrategia de inmunización basada en la mitigación ya que podría causar demasiadas muertes.

Pese a que los beneficios son bastante interesantes, el documento del Imperial College hizo tuvo un efecto importante sobre el parecer de las autoridades británicas. Los autores señalan que a pesar de que la mitigación podría reducir la demanda de atención médica y las muertes por el COVID-19, el panorama sigue siendo bastante sombrío, sobre todo países sin infraestructura para llevarla a cabo.

“Encontramos que las políticas de mitigación óptimas (combinando el aislamiento domiciliario de casos sospechosos, cuarentena domiciliaria de quienes viven en el mismo hogar que los casos sospechosos y distanciamiento social de ancianos y otras personas con mayor riesgo de enfermedad grave) podrían reducir la demanda máxima de atención médica en 2/3 y las muertes a la mitad. Sin embargo, la epidemia mitigada resultante probablemente resultaría en cientos de miles de muertes y sistemas de salud (especialmente las unidades de cuidados intensivos) están abrumados muchas veces. Para los países capaces de lograrlo, esto deja la supresión como la opción de política preferida”.

El escenario más optimista sugiere un aumento de la demanda de camas de cuidados intensivos de al menos 8 veces, e incluso, si todos los pacientes pudieran ser tratados, igual se espera que la mitigación de lugar a unas 250,000 muertes solo en Gran Bretaña y entre 1.1 y 1.2 millones en Estados Unidos.

La supresión es la estrategia más prudente en este momento

La mitigación del virus por aislamiento social y cuarentenas sigue siendo el método más viable para evitar el colapso del sistema de salud.

De modo que no hacer nada no es la solución más viable. La conclusión del Imperial College es bastante clara: “la supresión epidémica es la única estrategia viable en este momento”. También reconocen las consecuencias sociales y económicas de las acciones que se están tomando para lograrlo serán profundas, y aunque algunos no las han aplicado aún, llegará el momento en que será necesario.

Conviene citar las palabras de James Gallagher, el corresponsal de salud de la BBC, quien asegura que el gobierno “confía en la ciencia para tomar decisiones y la ciencia cambia todo el tiempo”. Johnson ha entendido esto, y en una declaración reciente empezó a hablar de supresión en lugar de mitigación. Esta parece ser nuestra única salida a la espera de una vacuna.

Referencia:

Impact of non-pharmaceutical interventions (NPIs) to reduce COVID19 mortality and healthcare demand. https://www.imperial.ac.uk/media/imperial-college/medicine/sph/ide/gida-fellowships/Imperial-College-COVID19-NPI-modelling-16-03-2020.pdf

Coronavirus: qué dice el modelo matemático del Imperial College de Londres que cambió la estrategia de Reino Unido frente al covid-19. https://www.bbc.com/mundo/noticias-51930745