En un momento de alarma mundial como en el que nos encontramos por la pandemia del coronavirus, cada nación pone su grano de arena en la lucha contra esta enfermedad. Algunos ya están cosechando los frutos de su esfuerzo mientras que otros apenas están ingresando al campo de batalla.

Sin embargo, sin importar el estado de su situación actual, todos están luchando a su manera para eliminar la pandemia. Uno de países, además de China, que ha mostrado ser altamente eficiente en esto ha sido Corea del Sur.

Sus medidas de atención a los contagiados y también de detección de nuevos casos les han permitido hacer pruebas a más de 300.000 ciudadanos. Este total supera a la sumatoria de pruebas que se han hecho en el mundo.

Gracias a ello, se ha descubierto de forma temprana el mayor número de casos y se han cortado las cadenas de contagio. Ahora, Surcorea está llevando estas medidas a un nuevo nivel al comenzar a revelar información detallada sobre los pacientes contagiados con el COVID-19.

Corea del Sur emite datos detallados de los movimientos de los contagiados

A través de medios de rastreo como las aplicaciones con GPS, las cámaras de seguridad de las calles y los locales, además de otros medios como el registro de uso de tarjetas de crédito, el gobierno de Corea del Sur ha logrado diseñar mapas detallados de los lugares en los que estuvieron los pacientes los días anteriores a que el virus fuera detectado en su sistema.

De este modo, los organismos de salud tienen la posibilidad de saber quiénes son los posibles contagiados y cortar la cadena de raíz. Sin embargo, ahora esta información no está disponible solo para los profesionales, sino que también está siendo revelada al público.

El problema del estigma

Por lo general, los datos revelados al público sobre los nuevos casos son bastante vagos. Usualmente, la información sobre el paciente incluye datos como su género, su edad y tal vez su nacionalidad o país de proveniencia.

Pero, en el caso de Corea del Sur las cosas llegan mucho más allá. Gracias a sus sistemas de rastreo los mapas de ubicaciones de cada individuo son capaces de mostrar todas las ubicaciones que visitaron y las horas en las que lo hicieron.

Incluso, algunos son tan detallados que incluso reflejan en qué establecimientos fueron al baño y cuándo. Con datos como estos, algunos individuos, aunque no se revele su nombre, pueden ser fácilmente identificados.

Ello, aunque por una parte permite que las personas que estuvieron en contacto con estos se reporten más rápido para descartar el contagio de la enfermedad, también causa una respuesta social que puede resultar en la estigmatización del paciente a causa del COVID-19.

Asimismo, el riesgo a ser señalado y etiquetado negativamente por la comunidad podría actuar como un factor detractor que evite que personas tomen la decisión de ir a ser examinadas. El revelar información tan personal de los individuos siempre ha sido un arte de encontrar el equilibrio entre lo que necesita saber la sociedad y lo que no viole la privacidad del individuo.

En este caso, claramente la balanza se decanta más por las necesidades del colectivo que por las individuales. Por un lado, podría parecer una medida arbitraria, pero, tal parece que es este el camino mejor aceptado por la propia sociedad surcoreana.

¿De dónde han venido estas medidas?

Como sabemos, esta no es la primera vez que Corea del Sur se tiene que enfrentar a una epidemia de este estilo. En el 2015, también se vio en la necesidad de plantarle la cara al menos contagioso pero mucho más mortal MERS (Middle East respiratory syndrome).

En su momento, la enfermedad llegó a infectar a más de 180 personas y causó la muerte de casi 40. Cuando esta situación se presentó, el gobierno optó por mantener guardados datos del contagio como la lista de hospitales en los que se atendía a los enfermos.

Sin embargo, esta información no permaneció oculta mucho tiempo ya que, un programador nativo se dio a la tarea de crear un “mapa” extraoficial en el que se notaran los lugares en los que se trataban a los pacientes contagiados. Para ello, hizo variadas conjeturas entre datos ofrecidos por el propio gobierno, reportes locales y alguna información extra obtenida desde fuentes anónimas en varios hospitales.

El público rápidamente aceptó dicho mapa y, para controlar un posible problema de desinformación, el gobierno surcoreano se vio en la necesidad de ceder y publicar sus propios datos oficiales. Ahora, con este nuevo brote causado por el coronavirus SARS-CoV-2, tal parece que Corea del Sur ha optado por un modelo totalmente transparente desde el inicio.

La mayoría de los surcoreanos prefieren el “bien común”

Youngkee Ju, investigador de salud en la Universidad Hallym en Chuncheon notó esta tendencia e inmediatamente se puso manos a la obra para realizar una investigación. Para la misma, organizó una encuesta que se publicó a finales de febrero en la que solicitó la opinión de más de mil ciudadanos surcoreanos.

La misma buscaba medir qué tan de acuerdo estaba la población con el manejo de la información privada que el gobierno estaba teniendo con los casos del coronavirus. Casi de forma unánime, la población encuestada declaró preferir “el bien común a los derechos individuales” en este tipo de casos.

Por lo que, se puede entender que están de acuerdo con las medidas de revelación de datos que ha implementado el gobierno. Ahora, para comprender con más profundidad hasta dónde llega dicha aceptación, Youngkee Ju y sus colegas, se han planteado la posibilidad de realizar una nueva encuesta en la que se estipule con más detalle qué tanta información aceptarían que se compartiera abiertamente los ciudadanos surcoreanos.