La verdad es que la historia de las pandemias a nivel mundial ha sido algo extensa y preocupante. Sin embargo, en la medida en las que las personas acaten las normas sanitarias dictadas por los organismos de salud, estas no deberían propagarse de forma alarmante.

Viendo el contexto actual, muchos quizás recordarán otras enfermedades que se convirtieron en un gran dolor de cabeza para el mundo entero. Una de ella es la gripe española, la cual afectó sobre todo a Europa y Estados Unidos entre 1918 y 1919, infectando a nada más y nada menos que un tercio de la población mundial.

Sin embargo, hubo una un poco más reciente que también fue bastante preocupante, aunque nunca tan terrible como la anterior. Se trata de la gripe A (H1N1).

Sucedió en el año 2009 con los primeros brotes en América del Norte, específicamente en México durante el mes de enero y luego en Estados Unidos, en abril. Se esparció muy rápidamente, tanto que en junio del mismo año ya estaba en 74 países, por lo que la OMS lo declaró pandemia. Para ese entonces, se trataba de un virus muy diferente a otras influenzas y precisamente eso fue lo que causó tanto revuelo.

Un nuevo reto

Comencemos por el hecho de que el virus contenía una combinación única de genes de influenza no identificados previamente en animales o personas. Además, se diferenciaba de los patrones típicos de gripe estacional, pues causó altos niveles de infecciones en verano y luego aún más durante los meses más fríos en el hemisferio norte.

Los patrones de enfermedad y muerte también eran muy raros. Afectaba mayormente a las personas menores de 65 años, lo cual se contradice con muchas otras enfermedades, y los casos de complicaciones venían por neumonía viral, la cual es más difícil de tratar que las neumonías bacterianas.

El virus H1N1 se transmite de persona a persona, tal como la gripe, sobre todo estar cerca de personas infectadas que tosen o estornudan. En ese momento, las recomendaciones eran lavarse las manos regularmente, mantenerse alejado de otras personas y cubrirse la boca y la nariz al estornudar o toser.

Se decía también que era necesario acudir al médico cuando se presentaba fiebre de más de tres días o dificultad para respirar y si los niños tenían convulsiones o la respiración agitada. Sin embargo, los síntomas normalmente eran tos, fiebre, escalofríos y dolor muscular, por lo que en la mayoría de los casos los pacientes se recuperaban luego de permanecer en casa consumiendo analgésicos.

En diciembre del 2009 ya había una cura para esta pandemia, así que el mundo al fin pudo dar un respiro. Ya en agosto del 2010, la alerta mundial ya se había apagado.

¿Por qué lo comparan con el coronavirus COVID-19?

Bueno, en realidad el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, es quien se encargó de comparar públicamente estas enfermedades. Sin embargo, la verdad es que no hay mucho que comparar en esta situación.

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Empecemos por las similitudes. El patrón de contagio de ambas enfermedades se parece bastante, y si nos vamos a las estadísticas, ambos crecieron de formas muy similares. Acá podrán verlo en un gráfico de la cantidad de contagiados a partir del día nro. 60 desde el primer caso confirmado:

Fuente: The Washington Post

Sin embargo, la diferencia viene principalmente cuando se trata de las muertes por ambas enfermedades. En el caso del coronavirus COVID-19 ha sido bastante peor, tal como lo podemos apreciar en las siguientes gráficas. Igual a la anterior, estas se midieron a partir del día nro. 60 desde el primer caso confirmado:

Fuente: The Washington Post

Esto es porque la gripe H1N1 es menos mortal que las gripes estacionales. Por ejemplo, entre los años 2017 y 2018 hubo aproximadamente 61,000 muertes entre 45 millones de infecciones, lo que es 1.4 muertes por cada 1,000 infecciones. En el caso de la H1N1, se registró alrededor de 0.2 muertes por cada 1,000 infecciones.

Por otro lado, el COVID-19 es aproximadamente diez veces más mortal que la gripe estacional. Se estima que este pueda causar aproximadamente un millón de muertes en Estados Unidos, cosa que con la H1N1 ni siquiera se consideraría.

Son otros tiempos

Sin embargo, hay algo que también tiene mucho que ver cuando hablamos de viralidad, y no solo nos referimos a la salud, sino a otro factor que no era igual en el año 2009: las redes sociales.

Hoy en día podemos hablar tanto del coronavirus gracias a que todos estamos conectados a las redes sociales y podemos obtener información en tiempo real. En el 2009, las cosas eran bastante distintas. Estamos hablando de 11 años atrás, que, a pesar de que fue el año en el que explotó el boom de esta nueva forma de comunicación, no es para nada comparable a la forma en la que se maneja la información hoy en día.

Actualmente el contenido se vuelve viral de una forma casi inmediata, sobre todo en el caso de noticias tan importantes como aquellas que tienen que ver con el coronavirus. El mundo entero se mantiene en constante conexión.

Entonces, ya que hoy hay muchísimo más acceso a la información, la verdad es que no hay excusa para aquellos que no sigan las normas establecidas en estos momentos de crisis, que son mantenerse en casa y lavarse las manos regularmente. Si las estadísticas previstas para el contagio de COVID-19 se mantienen o no, dependerá por completo de que se logren acatar las normas debidamente.

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