La actual pandemia del coronavirus tiene al mundo de cabeza. Cada nación corre para tomar las medidas necesarias que considere le permitan poner bajo control a esta enfermedad.

Mientras tanto, las coaliciones internacionales trabajan hombro con hombro para investigar al SARS-CoV-2 y conseguir, con suerte, pronto una forma de combatirlo. Asimismo, las sociedades se preocupan y alarman con la posibilidad de una crisis mundial causada por este virus.

Sin embargo, esta no se trata de la primera vez en la que el mundo de congestiona de este modo por causa de una enfermedad. Un ejemplo que la historia nos da de esto, no tan lleno de buenas decisiones, pero sí con muchas lecciones para el futuro es el caso de la crisis del SIDA, enfermedad proveniente del VIH (virus de inmunodeficiencia humana), que se produjo en Estados Unidos entres los ochenta y los noventa.

1.- No hay lugar para subestimar la enfermedad, hay que actuar rápido

Según las investigaciones que se han hecho en la actualidad, el VIH evolucionó para hacer su salto de los animales a los humanos por la época de los veinte. Sin embargo, no se llegó a notar su presencia sino hasta los ochenta, cuando la cantidad de muertes de adultos “sanos” comenzó a hacerse más notoria.

Muchas veces, debido a las características del SIDA –entonces desconocido– los doctores acuñaban la muerte a otras causas. Lo que, a su vez dificultaba el seguimiento de la enfermedad. Durante más de una década hubo muy poca información o datos errados con respecto al tema.

Por lo que, no se tomaron verdaderas medidas sino hasta los noventa, época en la cual la epidemia ya se había vuelto mucho más grave. Con el coronavirus, en un principio, muchos países como España e Italia tomaron medidas laxas por subestimarlo.

Ahora, otras áreas como China y Corea del Sur que se han movido con rapidez han logrado contener el virus, pero estas que han sido más relajadas experimentan un incremento sustancial en el rango de contagio diario aún ahora.

Por suerte, la detección de COVID-19 no ha tomado ni de cerca tanto como la del SIDA y el coronavirus no parece ser tan dañino como lo es el VIH. No obstante, ello no implica que no deba ser tomado con la suficiente seriedad.

Ya que, si algo se ha podido aprender de la crisis del SIDA es que, las medidas tempranas son vitales a la hora de detener el avance del virus. Y, que, si queremos evitar las consecuencias más graves, los esfuerzos para prevenir, entender y evitar la transmisión de la enfermedad deben darse desde el principio, sin excusas.

2.- Los estigmas deben quedar fuera de la ecuación

Otro de los problemas que se presentó durante la crisis del SIDA fue la estigmatización que vino con la misma. Se creía que solo los “grupos de riesgo” podían ser los verdaderamente afectados por la enfermedad.

Por ello, se habló muchas veces de hacer que los homosexuales hicieran cuarentenas e incluso se implementaron verdaderas cuarentenas a los ciudadanos haitianos o de ascendencia de Haití. En ese entonces, se creía erróneamente que la enfermedad solo se podía contagiar a través de “relaciones sexuales homosexuales”.

En la actualidad, se sabe que ello es una falacia y que, cualquier tipo de contacto sexual sin protección puede ocasionar el contagio. Asimismo, también queda claro que los elementos como agujas, o cualquier otro elemento que entre en contacto directo con la sangre, también puede ser un transmisor de la enfermedad.

Con respecto al coronavirus, ya hemos logrado conocer sus medios de contagio y también las precauciones que se deben tener para evitarlo. En su momento, se pensó que solo los “sectores de riesgo” debían protegerse y eso ocasionó que el VIH se diseminara aún más.

Ahora, se ha visto en una reciente investigación que, aquellos que contraen el coronavirus y aún no presentan síntomas son los que contagian a más individuos. Esto se trata de un paralelismo total con el VIH que también alcanza su rango máximo de contagio cuando los síntomas aún no son notorios.

En estos momentos, sabiendo esto, otra de las lecciones más importantes a tener en cuenta es que esta epidemia es de todos y que, por ende, todos los ciudadanos deben tener cuidados por igual.

3.- Invertir en la salud no es una opción, es una necesidad

Hace más de 20 años, el SIDA era una epidemia casi incurable que causaba la muerte e millones de individuos. Aunque tardía, la reacción de los gobiernos y del mundo de la ciencia para darle a esta enfermedad la importancia que se merece ha hecho que la misma pueda ser vista ahora con otros ojos.

Para el 2017, se hablaba de una reducción del 50% en los casos de muerte por SIDA. Asimismo, en el 2020 se confirmó el segundo caso en el mundo de una curación completa de la enfermedad.

Una vez se le ha tratado con la importancia que se merece, esta enfermedad ha logrado ser tratada y ya no es una sentencia de muerte para quien la tiene, sino una condición con la que se puede vivir si es apropiadamente tratada.

Ahora, es importante darle la misma prioridad al coronavirus que en la actualidad azota al mundo. Según se sabe es probable que no se halle una vacuna sino hasta el año que viene. Sin embargo, lo vital está en no parar el paso de forma que, ya sea dentro de 6 meses o dentro de un año, las personas puedan tener una forma de luchar contra este virus, algo por lo que, aquellos con VIH debieron esperar por décadas y muchos no llegaron a ver.

Como lo sabemos, el coronavirus no es tan mortal y lo hemos notado mucho más rápido. Por lo que, si tomamos las medidas adecuadas, podremos superar satisfactoriamente esta crisis, solo debemos internalizar las lecciones que nos han dejado aquellas que ya hemos vivido.

Referencia:

Estimating the generation interval for COVID-19 based on symptom onset data: https://doi.org/10.1101/2020.03.05.20031815