Con el brote actual del coronavirus y el pánico que ha generado en la población, seguramente habrás escuchado que lo comparan con otras pandemias mundiales bastante aterradoras. Una de las más utilizadas para comparar es la gripe española, una afección que aterró al mundo entero en el año 1918.

Sin embargo, existen claras diferencias entre ambas, tanto en sus síntomas como en las estadísticas que tenemos por contagios y fallecimientos a su causa. Sin embargo, para poder ver esto claramente, necesitas saber su historia.

Comencemos explicando que la gripe española no surgió en España, a pesar de que así parezca. Este país fue en el que se “popularizó”, por decirlo de alguna manera. En realidad, los expertos tienen la teoría de que los orígenes de esta enfermedad están en China, vinculando la gripe al transporte del Cuerpo de Trabajo Chino a través de Canadá entre 1917 y 1918. Estos fueron movilizados al Frente Occidental para cavar trincheras, descargar trenes, tender vías, construir carreteras y reparar tanques dañados. Habían más de 90,000 trabajadores en movimiento.

Debido a esto, los soldados que estaban terminando la Primera Guerra Mundial comenzaron a contagiarse, lo cual era de esperarse gracias a las condiciones insalubres y de desnutrición en las que se encontraban. Los que quedaban luego de la guerra volvieron a casa con el virus e infectaron a sus comunidades muy rápidamente.

Una de las naciones que se mantuvo al margen del conflicto había sido España, nación que decidió no imponer censuras estrictas a su prensa. Esto permitió que, cuando se identificó la epidemia, las noticias volaran, lo cual hizo que las personas creyeran que la afección se había generado en este país.

Síntomas terribles

Imagen colorizada de 1918

Al principio se creía que esta enfermedad era muy parecida a la gripe común. De hecho, se le restó importancia durante algún tiempo, lo cual pudo haber sido el principal error cometido por las autoridades sanitarias. En un informe enviado de un medio de noticias español a Reuters de Londres aseguraba que había un nuevo tipo de enfermedad de carácter epidémico pero que era leve. Unas semanas después, habían más de cien mil infectados. Incluso el rey de España, Alfonso XIII, fue diagnosticado con gripe española.

A partir de entonces, muchas de las medidas que se tomaron nos recuerdan a lo que vemos hoy en día: aislamiento social, cierre de lugares públicos, mucha higiene y uso de mascarillas. Sin embargo, los suministros médicos disponibles no podían satisfacer la demanda.

En cuanto a la sintomatología, esta es muy similar a la de una gripe común. Dolor de cabeza y cansancio eran los primeros en aparecer, luego venía la tos seca y pérdida de apetito. Sin embargo, a partir del segundo día comenzaba una sudoración excesiva, dolores estomacales y comenzaban los problemas respiratorios, los cuales podían desencadenar una neumonía, que era la razón principal de la mayoría de los fallecimientos.

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Ya en agosto de 1918, la gripe se había extendido por casi toda Europa, Sudáfrica y Estados Unidos. Se había convertido en una pandemia que dejaba la aterradora estadística de que aproximadamente el 10% de los infectados fallecían.

No se sabía qué hacer

Imagen colorizada de 1918

En ese entonces, no habían tantos descubrimientos en el área de la salud como hoy en día, y con la rápida propagación de la influenza, los médicos no sabían qué recomendar. Se hablaba de ingerir canela, vino y caldo de res para aliviar los síntomas, e incluso se recomendó no consumir aspirinas, la cual en realidad ayudaba con los síntomas. También se prohibió estrictamente, a través de una enmienda al Código Sanitario, escupir en las calles.

Los médicos escaseaban debido a la Primera Guerra Mundial y los que quedaban, se enfermaron. Muchos de los estudiantes de medicina tuvieron que ocupar los puestos de los profesionales y se habilitaron espacios para hacer hospitales improvisados.

Las medidas poco a poco surtieron efecto y para 1919 ya estaba disminuyendo la cantidad de enfermos. Acorde a Nancy Bristow en su publicación “Pandemia estadounidense: los mundos perdidos de la epidemia de influenza de 1918”, al menos 500 millones de personas se vieron afectadas por el virus, de las cuales fallecieron hasta 50 millones de personas.

Distinta al COVID-19

Imagen colorizada de 1918

Como verás, tanto el contexto como la forma de abordar la gripe española fue bastante diferente a lo que se vive hoy en día con el COVID-19. Si bien ambas son muy contagiosas, la diferencias entre las tasas de mortalidad son inmensas, siendo de 10% en el caso de la gripe española y de menos del 2% en el caso del coronavirus COVID-19.

En ese entonces, las medidas sanitarias no se asemejaban mucho a las de hoy en día. Tan solo el hecho de que acababa de terminar la Primera Guerra Mundial nos dice mucho acerca de las condiciones de vida de los países más afectados por la gripe española. Además, la técnica del lavado de manos para evitar transmitir infecciones apenas había sido aprobada por la comunidad científica unos diez años antes (a pesar de que Ignaz Semmelweis había hablado al respecto en 1850), por lo que la higiene tampoco era tan popular.

En fin, muchas cosas hemos aprendido desde entonces y, gracias a los errores del pasado, hoy en día podemos ser más precavidos con respecto a los temas de salud. Definitivamente no volverá a suceder algo como esto, aunque claro, todo dependerá de que las medidas de higiene y distanciamiento social se sigan a cabalidad.

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