La propagación global de SARS-CoV-2, coronavirus que causa la enfermedad conocida con COVID-19, domina los titulares de los noticiarios y medios informativos. Con ello, términos como “cuarentena” o “aislamiento” se ponen de relieve en la opinión pública, pero ¿qué significan?

Las autoridades sanitarias recurren a estas estrategias para detener la propagación de enfermedades contagiosas. La cuarentena es un estado de separación para personas que no tienen síntomas, pero que pudieron haber estado expuestos a la enfermedad. Por su parte, el aislamiento separa a una persona ya enferma y evita su contacto con personas sanas.

Piedra angular

La cuarentena (del italiano “quaranta”, que significa 40) fue adoptada como un medio obligatorio para separar personas, animales y bienes que pudieron haber estado expuestos a una enfermedad contagiosa.

Si bien el término cuarentena se refiere a 40 días, en la actualidad duran tanto como el límite superior de la incubación del virus, que en el caso de COVID-19 es de 14 días.

Desde el siglo XIV, la cuarentena ha sido la piedra angular de una estrategia coordinada de control de enfermedades, que incluye aislamiento, cordones sanitarios, fumigación, desinfección y regulación de grupos de personas que se cree que son responsables de difundir la infección.

Una razón a favor de la cuarentena y el aislamiento es que pueden ser estrategias muy efectivas para proteger o restaurar la salud pública. Por ejemplo, la experiencia del brote de SARS de 2003 demostró que las enfermedades infecciosas se pueden contener si se implementan una serie de medidas oportunas, incluida la identificación temprana de personas infectadas y el rastreo de contactos, así como medidas oportunas de cuarentena y aislamiento.

Un concepto antiguo

Con la implementación de estas medidas, las autoridades esperan que el número de casos de COVID-19 se mantenga en un nivel manejable para los servicios médicos. Los profesionales de la salud llaman a esto “aplanamiento de la curva”, porque mantiene el número de casos a lo largo del tiempo por debajo de la capacidad máxima de los proveedores de servicios médicos durante la duración del brote.

El aislamiento separa a una persona ya enferma y evita su contacto con personas que no están enfermas.

El concepto de aislar a una persona enferma ha existido durante mucho tiempo. Uno de los primeros ejemplos se encuentra en el libro de Levítico, uno de libros bíblicos del antiguo testamento, en el cual se recomendaba aislar a las personas con lepra. Pero no fue sino hasta el año 1377, a raíz de la peste, que la se instauró formalmente cuarentena, en Dubrovnik, en la costa dálmata de Croacia.

No se sabe por qué se eligieron 40 días como el tiempo de aislamiento necesario para evitar la contaminación, pero puede haberse derivado de las teorías de Hipócrates sobre enfermedades agudas.

En la actualidad, las cuarentenas duran tanto como el límite superior de la incubación del virus (el tiempo entre la exposición y la aparición de síntomas), que en el caso de COVID-19 es de 14 días. El aislamiento dura tanto tiempo como el virus sea contagioso, lo que significa que se puede prolongar hasta que el afectado esté libre de síntomas y de negativo para el virus.

Referencias:

When Is Quarantine a Useful Control Strategy for Emerging Infectious Diseases? American Journal of Epidemiology, 2006. https://doi.org/10.1093/aje/kwj056

Lessons from the History of Quarantine, from Plague to Influenza A. Emerging Infectious Diseases, 2013. https://doi.org/10.3201/eid1902.120312