A medida que el virus se ha extendido por todo el mundo, más de 350 secuencias del genoma se han compartido en GISAID, una plataforma en línea.

Estas secuencias ofrecen pistas sobre cómo el virus, llamado SARS-CoV-2, se está propagando y evolucionando. Pero debido a que las secuencias representan una pequeña fracción de casos y muestran pocas diferencias reveladoras, son difíciles de interpretar.

Diversidad genómica

Inmediatamente después de que el doctor Christian Drosten publicara en línea una secuencia genética del nuevo coronavirus  el 28 de febrero, emitió una advertencia.

Drosten, un virólogo del Hospital Universitario Charité de Berlín, secuenció el virus de un paciente alemán infectado en Italia. El genoma era similar al de un virus encontrado en un paciente en Munich más de un mes antes; ambos compartieron tres mutaciones no vistas en las primeras secuencias realizadas en China.

La primera secuencia de SARS-CoV-2, realizada a principios de enero, respondió a la pregunta más básica sobre la enfermedad: ¿qué patógeno la está causando? Los genomas que siguieron fueron casi idénticos, lo que sugiere que el virus, que se originó en un animal, había cruzado a la población humana solo una vez. Si hubiera saltado la barrera de las especies varias veces, los primeros casos humanos mostrarían más variedad.

Los científicos exploran la diversidad genómica en busca de signos de que el virus se esté volviendo más peligroso.

No obstante, ahora ha surgido alguna diversidad. A lo largo de su genoma de 30.000 pares de bases, el SARS-CoV-2 acumula un promedio de aproximadamente una o dos mutaciones por mes. Utilizando estos pequeños cambios, los investigadores elaboran árboles filogenéticos, y al igual que los árboles genealógicos, hacen conexiones entre los casos y evalúan si puede haber una propagación no detectada del virus.

Las secuencias de los genomas representan solo una pequeña muestra de los más de 130.000 casos de COVID-19 en todo el mundo, y es desigual. Aun así, siguen siendo muy similares, lo que dificulta sacar conclusiones firmes.

Sin pistas de cambios

Pero los científicos también exploran la diversidad genómica en busca de signos de que el virus se esté volviendo más peligroso.

Un estudio de 103 genomas publicado por investigadores de la Universidad de Pekín argumentó que se identificaba tipos distintos, llamados S y L, distinguidos por dos mutaciones. Debido a que el 70 por ciento de los genomas secuenciados de SARS-CoV-2 pertenecen a tipo L, el más nuevo, los autores concluyeron que este tipo ha evolucionado para volverse más agresivo y extenderse más rápido.

La primera secuencia genómica de SARS-CoV-2 aislado de un paciente español no ofrece pistas que sugieran que está cambiando la agresividad, la virulencia o patrones de transmisión.

Pero, por considerar que otros factores podrían estar en juego, un grupo de investigadores de la Universidad de Glasgow ha solicitado que se retraiga dicho estudio, debido a que hace afirmaciones que son “claramente infundadas y corren el riesgo de difundir peligrosa información errónea en un momento crucial del brote”.

Aunque recientemente, el análisis de la primera secuencia del genoma de SARS-CoV-2 aislado de un paciente español reveló que el virus muta menos que el de la gripe, no ofrece pistas que sugieran que está cambiando la agresividad, la virulencia o los patrones de transmisión.

La mayoría de los cambios genómicos no alteran el comportamiento del virus. La única forma de confirmar que una mutación tiene un efecto es estudiarla en el laboratorio y demostrar, por ejemplo, que ha mejorado su capacidad de entrada a las células o la transmisión, y hasta ahora, el mundo se ha librado de esa mala noticia.

Referencias:

Coronavirus Genome Structure and Replication. Current Topics in Microbiology and Immunology, 2005. https://doi.org/10.1007/3-540-26765-4_1

China National Center for Bioinformation – 2019 Novel Coronavirus Resource (2019nCoVR). https://bit.ly/39VqtI0