A lo largo de la historia grandes nombres han sabido alzarse para mantenerse en la memoria colectiva hasta centurias después de salida de este mundo. Cada una de las grandes personalidades que recordamos ha tenido un gran impacto en alguna área de nuestra vida ya sean las más cotidianas como el entretenimiento y la salud u otras más particulares como la ciencia y la cultura.

Sin embargo, a pesar de las múltiples áreas en las que se han destacado, lo que los une a todos es que se han hecho recordar. Lastimosamente, junto a esos grandes nombres muchas veces probablemente también hubo otros individuos que, por diferentes causas no lograron hacer su camino hasta la memoria colectiva.

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Ahora, nuestra responsabilidad es investigar para ser capaces de descubrir a estas personalidades ocultas y darles el lugar que se merecen en nuestra historia. Uno de esos tantos nombres que se han perdido en el camino ha sido el de Mileva Marić, quien es apenas recordada como la primera esposa de Albert Einstein, pero cuyo legado va mucho más allá de su historia como madre o ama de casa.

La mente de Mileva la hizo destacar desde joven

Nacida el 19 de diciembre de 1875, Mileva Marić rápidamente se convirtió en el orgullo de sus padres, Marija Ruzić y Miloš Marić, ambos respetados miembros de la comunidad de Titel en la provincia de Vojvodina –de lo que, en ese entonces, era el Imperio austrohúngaro y es ahora Serbia.

Sus estudios de primaria los cursó en la academia para niñas Novi Sad. Su mente analítica y curiosa rápidamente la hizo destacarse en las áreas de la matemática y las ciencias. Por su parte, su padre, al ver su potencial, emprendió una labor de conseguir un permiso especial en su país para que Mileva pudiera cursar sus estudios de secundaria.

En aquel entonces, estos estaban únicamente reservados para los hombres. Miloš en efecto consigue el permiso y Mileva entra en 1888 en el Instituto Sremska Mitrovica en donde se destaca como la mejor tanto en las áreas de la física como de la matemática.

Su viaje no termina allí, ya que, luego es aceptada en el Colegio Real de Zagreb en 1891, donde se dice cree que pudo llegar a hacerse amiga de Nikola Tesla. Finalmente, 5 años más tarde continúa sus estudios en el Instituto Politécnico de Zurich en Suiza. Es en este punto en el que su camino se cruza con el de Einstein.

Primeros encuentros entre Marić y Einstein – una atracción inmediata

Tanto Einstein como Marić estaban allí estudiando física y matemática –ya que, por lo menos en el caso de Mileva, se trataba de una de las pocas universidades que la habrían admitido. En su momento, ella fue la primera en ingresar a estudiar en dichas cátedras y la quinta mujer en entrar a un instituto de educación superior.

Se dice que ella era metódica, disciplinada y bastante callada, mientras que Einstein se destacaba por su rebeldía. Sin embargo, un punto que pareció caracterizarlos a ambos fue que los dos eran brillantes.

La capacidad que tenían para sentarse a disertar sobre problemas de física y matemática poco a poco los fue acercando. Tal fue su nivel de cercanía que, durante sus años de estudio al menos 34 cartas de parte de Albert a Mileva fueron ubicadas –solo 10 de las de ella se han mantenido en el tiempo.

En las cartas, es posible leer en casi igual proporción declaraciones de amor por parte de Einstein unidas con conversaciones acerca de los proyectos comunes que tenían. Muchos alegan que realmente no hay evidencia de que estos hayan sido trabajos en equipo, pero el constante uso de Albert de palabras como “nosotros” y “nuestro” al referirse a sus investigaciones podría darnos una pista de la forma en la que ellos los manejaban.

No toda la familia estaba de acuerdo con su unión

Ambos mantienen por toda su carrera una relación relativamente estable. No obstante, en 1901 Mileva descubre que está embarazada de Einstein. Sin embargo, debido a una prohibición de su padre (quien le había dicho que no podía casarse con Mileva hasta que él obtuviera un trabajo) en ese momento no contrajeron matrimonio.

Mileva tuvo, en 1902, alejada de Eisntein, a una niña llamada Lieserl Einstein de quien no se volvió a escuchar. Por un lado se cree que la pequeña murió antes de cumplir un año de vida y, por otro, se presume que pudo haber sido dada en adopción.

En cualquier caso, para ese mismo año, el padre de Einstein fallece y poco antes libera a su hijo de la restricción matrimonial que tenía impuesta. Por ello, en 1903 Mileva y Albert finalmente contraen matrimonio.

Para poder tener a su hija, Mileva había dejado a medias su tesis doctoral y, luego de casada, se dedicó al cuidado de la casa, dejando de lado sus estudios para ayudar a Albert con sus proyectos. En ese momento él ya tenía su título y había conseguido un trabajo en la Oficina de Patentes de Berna.

Sin embargo, ni siquiera entonces toda la familia estaba conforme. Hasta su último momento, la madre de Einstein rechazó a Mileva por su leve cojera y por ser “más inteligente de lo que una mujer debería ser” según su opinión.

Los años en los que Einstein estuvo con Mileva fueron por lejos los más productivos de su carrera. De hecho, fue en este tiempo que surgió la investigación que le ganaría el Nobel muchos años más tarde.

Matrimonio, colaboraciones y el inicio de la fama de Einstein

En un principio, el matrimonio parecía estar lleno de creatividad y respeto mutuo. Sus mentes se alimentaban mutuamente y trabajaban en conjunto para llevar a cabo sus proyectos.

Sin embargo, a la hora de presentarlos el nombre de Mileva nunca se hacía presente. Algunos argumentan que ello se debía a una decisión de la propia Mileva, ya que, en aquella época el nombre de una mujer podría haber “restado validez” al trabajo. Otros suponen que ella deseaba que Einstein se hiciera un nombre individualmente en el campo. En cualquier caso, el hecho es que, desde el primer trabajo de Einstein hasta el último, su nombre nunca apareció y el motivo nunca se tendrá totalmente claro.

Esto se volvió mucho más notorio cuando entramos en lo que fue el “año milagroso” de Albert. Durante el mismo, llegaron a presentarse 5 artículos que le ganaron un lugar en la memoria colectiva: el primero fue sobre el efecto fotoeléctrico (por el cual ganó el Nobel después), dos más sobre el Movimiento Browniano, uno sobre la Teoría de la Relatividad y el último sobre la energía donde presentó su famosa ecuación: E = mc2.

Todos sin el nombre de Mileva. Pero, según registros de testimonios de amigos, familiares y conocidos, esta pareja múltiples veces fue vista trabajando y discutiendo juntos sobre estos temas. Incluso, se dice que era Mileva quien hacía las revisiones finales de los trabajos.

El inicio del fin

Mileva y sus hijos Eduard a la izquierda y Hans-Albert a la derecha.

Durante sus 16 años de matrimonio tuvieron dos hijos, el primero Hans-Albert Einstein en 1904 y el segundo, Eduard Einstein, en 1910. Ambos marcaron los primeros años y los últimos del matrimonio.

Ya que, en 1912, Albert comenzó una aventura con su prima, Elsa Löwenthal, de Berlín. En su afán por seguir con ella, Einstein incluso hizo que Mileva y sus hijos se mudaran a la ciudad para que él no tuviera que viajar constantemente para ver a su amante.

Para esta fecha, Einstein ya era casi una celebridad en el mundo de las ciencias. Variadas correspondencias de Mileva con sus amigas han reflejado cómo ella comenzaba a vivir un distanciamiento con su entonces esposo quien tenía cada vez menos tiempo para verla.

Divorcio y controversia con el Nobel

La llegada de Elsa solo acentuó el distanciamiento entre ambos, pero no rompió el matrimonio. No fue sino hasta 1916 que Albert le pidió a Mileva el divorcio, y solo en 1919 ella aceptó.

Sin embargo, para ello su contrato de divorcio contaba con una cláusula que estipulaba que, de ganar Einstein el premio Nobel, el dinero del premio sería de Mileva. En 1921, esto se hizo una realidad, aunque Albert solo le terminó dando la mitad del monto y alegando que era la herencia de su hijo, ignorando el acuerdo antes firmado.

Mucha de esta polémica ha levantado sospechas por la particular petición de Mileva. Algunos creen que ello se trataba de su forma de exigir una recompensa por todas sus colaboraciones no reconocidas, otros que simplemente era una condición para molestar a Albert, con quien ya no tenía relaciones cordiales.

Así fueron los últimos años de Mileva

Luego de su divorcio, Mileva se dedicó a cuidar de su segundo hijo Eduard, quien sufría de esquizofrenia. Einstein le enviaba una pensión, pero era bastante irregular. Por lo que, tuvo que hacer esfuerzos extra por trabajar dando tutorías cuando no estaba cuidando de su hijo. Gastó gran parte del dinero del premio en sus cuidados médicos y vivió una situación económica muy precaria hasta sus últimos días en agosto de 1948.

Aunque ensombrecido por la sociedad, Mileva nos ha dejado un legado

A pesar de que el su participación o no en los proyectos de Einstein nunca podrá terminar de ser probada o refutada, su legado no solo se queda allí. Es cierto que MIleva no hizo ninguna publicación por su cuenta, pero su sola carrera marcó un hito en la historia de la mujer dentro de las ciencias y, específicamente, dentro del campo de la física.

Asimismo, lo que nunca se podrá negar será la participación de Mileva en la vida de Eisntein. Ella, con su mente activa, fue una de las primeras en notar el potencial de Albert y también fue una de las que más lo ayudó (de un modo u otro) a desarrollar todas las teorías por las que lo conocemos en la actualidad.

Sin Mileva, tal vez estos grandes descubrimientos no habrían tenido lugar. Por ello, en la actualidad nuestro deber es el de mantener vigente en el mundo el nombre de esta mujer que tuvo la mala suerte de nacer en el “tiempo equivocado y del género incorrecto” como para que sus ideas fueran escuchadas. Ahora, nosotros la conocemos y también el alcance de su mente y de su potencial, por lo que, la nueva tarea es recordarla, no solo honrando su memoria, sino también asegurándonos de que la historia no se repita con nuevas grandes mentes.

Referencia:

The debated Legacy of Einstein’s first wife: doi: 10.1038/d41586-019-00741-6

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