Dentro de todos los inventos tecnológicos que surgieron en la Segunda Guerra Mundial, hay uno en particular que tiene una historia bastante interesante detrás y que actualmente está en nuestro día a día, aunque muchos no tenemos ni idea. Sin embargo, y a pesar de ser tan común, este comenzó siendo parte de un proyecto secreto de espionaje ruso.

Todo comenzó poco después de que culminara la guerra. Estados Unidos y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas se encontraban formando nuevos lazos, por lo que un regalo de una nación a otro no parecía nada sospechoso.

Es entonces cuando a las manos del embajador estadounidense, Averell Harriman, llegó un hermoso presente de parte de la URSS, el cual simbolizaba el inicio de estas relaciones diplomáticas. Se trataba de una hermosa escultura del sello de los Estados Unidos tallado a mano, el cual no parecía contener nada peligroso, pues no tenía a la vista cables ni baterías. Posteriormente, esta escultura sería conocida como La Cosa.

Así, el embajador decidió colgarlo en una de las paredes de su despacho, en donde llevaba a cabo la mayoría de sus reuniones importantes y más confidenciales. Lo que no sabían es que dentro de este sello se encontraba un novedoso dispositivo que no necesitaba de electricidad para su funcionamiento, el cual estuvo ahí captando conversaciones desde la pared del embajador durante siete largos años.

¿Qué es el RFID?

Aunque no lo creas, probablemente tienes ese mismo tipo de tecnología guardado en tu bolsillo o en tu cartera en este momento.

Hoy en día es conocido como RFID, siglas que significan radio frequency identification, o lo que es en español identificación por radiofrecuencia. Como su nombre lo dice, su función es identificar, mediante un lector, las frecuencias u ondas de radio entrantes.

Hoy en día, el RFID lo podemos encontrar hasta en lo más mínimo. Las tarjetas de crédito, los pasaportes, libros de bibliotecas, los artículos en las tiendas de ropa y mucho más son portadores de esta tecnología, la cual es captada por un lector RFID y activará las funciones correspondientes a cada artículo, ya sea descontar dinero, activar una alarma u otros.

Son similares a los códigos de barras, pero su diferencia radica en el alcance de cada uno. El RFID es capaz de contener mucha más información que el código de barras y también puede leerse a distancia.

Su creador

El responsable de tan curioso artefacto es Léon Theremin, un alemán responsable de varios inventos que involucran las radiofrecuencias. Uno de los más famosos, además del RFID, es el instrumento musical que lleva su apellido, el cual logra emitir sonidos sin necesidad de ser tocado.

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Este hombre se vio inspirado por la Primera Guerra Mundial para estudiar física, y luego de la guerra se mantuvo trabajando en varios experimentos realizados en el laboratorio de Ivan Pavlov.

Sin embargo, fue aprisionado por sospechas de crímenes contra el estado y durante ese tiempo fue forzado a trabajar en el diseño militar. Ahí fue en donde desarrolló este invento.

Descubriendo el misterio

En 1952, cuando La Cosa aún estaba en el despacho del embajador, las emisoras británicas comenzaron a informar que se estaban escuchando voces en sus radios cerca de la embajada. Cuando se confirmó que no se estaba transmitiendo nada, comenzó la búsqueda.

No se encontraba nada a pesar de todos los barridos que se hicieron. Sin embargo, utilizando un receptor sintonizado a 1.6 GHz se encontró el ruido en La Cosa, y una posterior revisión encontró el artefacto escondido detrás del pico del águila.

Este consistía en una antena unido a un cilindro que funcionaba como micrófono. El mismo captaba las señales de un transmisor, ubicado a las afueras de la embajada y sostenido por soldados soviéticos que lo apuntaban en dirección a La Cosa, la cual recibía la señal y transmitía el sonido de las voces en la sala.

En el año 1960, el sello fue presentado en las Naciones Unidas como prueba irrefutable de que los soviéticos habían estado espiando a los estadounidenses y posteriormente fue exhibido en el Museo Criptológico Nacional de la NSA, en donde aún se encuentra hoy en día.

¿Y qué pasó con Theremin?

En 1947, luego de implantar el dispositivo, el genio fue liberado de su prisión, se casó y tuvo dos hijos. Se convirtió en profesor del Conservatorio de Moscú 1964, pero fue despedido luego de que un artículo sobre él fuera publicado en los periódicos.

Sin embargo, en 1970 comenzó a trabajar en el Departamento de Acústica de la Universidad de Moscú, en donde construyó una versión polifónica del Theremin y logró que se popularizara la música electrónica.

Tiempo después, pidió que se escribiera su historia con todos sus logros, y aunque vivía despreocupado, en el fondo le generaba ansiedad molestar al gobierno soviético. Este genio de la música falleció en 1993 a la edad de 97 años, luego de vivir una historia que parece sacada de un relato de ficción.

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