Esta semana la Organización Mundial de la Salud ha declarado oficialmente una pandemia global. Con esta declaración, los países del mundo se ven en la necesidad de unirse para desarrollar mecanismos de acción conjuntos que les permitan hacer frente a esta amenaza internacional.

Para ello, desde los mecanismos de prevención e investigación de la enfermedad hasta aquellos de dicados a trabajar con ella deben estar en la misma página del plan de acción. Con esta finalidad, la comunicación siempre debe ser fluida, además de mantenerse lo más lleva de nuevas informaciones para que todos los interesados se mantengan informados.

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En un principio, ello puede parecer una tarea simple. Sin embargo, cuando entramos en el campo de la privacidad y del derecho de los pacientes a compartir o no su información de salud las cosas se complican un poco más. Por ello, ahora que nos encontramos en medio de una verdadera pandemia, valdría la pena ponernos a reflexionar qué significa ello para nuestra privacidad, al menos desde el punto de vista de la salud.

La pandemia trae cambios de criterios

Lo primero que debe quedar claro es que, durante una gran emergencia de salud general como lo es una pandemia, las reglas comunes no aplican. De hecho, los organismos de cuidado de la salud pública no se manejan con los mismos códigos legales y éticos que rigen a otros usuales profesionales de la salud.

Por lo que, la forma en la que estos manejan la información también cambia mucho. En un caso regular, la confidencialidad entre el médico y el paciente impide que este primero divulgue sin consentimiento previo ningún tipo de información sobre el paciente.

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Ahora, en el caso de una pandemia esta prohibición tambalea ya que, los profesionales de la salud deben medir la cantidad de daño que la divulgación podría causarle al individuo y compararla con el perjuicio para el resto de la sociedad que podría significar el no hacerlo. En caso de que la segunda sea más grave que la primera, entonces podríamos estarnos encontrando con una situación en la que nuestros organismos de salud revelen nuestros datos privados por el bien de la comunidad.

El estadio de la pandemia es un factor decisivo

Un punto que puede ayudar a definir si los profesionales de la salud pública deberían o no divulgar la información es el avance que haya tenido la pandemia. Por un lado, si la misma se encuentra en los primeros estadios de desarrollo, cualquier información, por mínima que sea, podría ser útil para otros investigadores, por lo que vale la pena que se divulgue.

Con esta decisión, detalles como el estado de salud de la persona, los lugares que ha visitado y las personas con las que ha interactuado podrían llegar a ser de conocimiento público. Del otro lado del espectro, si la pandemia está muy avanzada y ya es momento de combatir el virus en lugar de contenerlo, los datos antes mencionados pierden tanto vigencia como valor, por lo que no vale la pena divulgarlos en tanto detalle.

Vigilar ahora es más fácil, pero no por ello es más correcto

Al incluir en la ecuación el nuevo aliciente de las sociedades que es la tecnología, nos damos cuenta de que las tareas de vigilancia pueden ser mucho más sencillas. A través de ñas cámaras de seguridad, satélites o algo tan sencillo como una app en los teléfonos, es posible rastrear a los individuos y averiguar en dónde han estado y con quién, un detalle que, claramente, en circunstancias normales no tendría por qué ser monitoreado.

Los profesionales del área han dicho que, en efecto, con las nuevas tecnologías los procesos de vigilancia y recolección de datos se han vuelto mucho más sencillos. Asimismo, la información que se puede recolectar ha aumentado tanto en calidad como en cantidad.

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Pero, ello no implica que esta vigilancia se vuelva más o menos correcta. En cualquier caso, hace que aún más responsabilidad caiga sobre los hombros de los organismos de salud pública. Ya que, nuevamente, son ellos los que tendrán la palabra final para determinar si una información debe hacerse pública y qué partes pueden permanecer sin ser dadas a conocer.

El deber de los organismos que velan por la salud pública

Un ejemplo claro del discernimiento entre la información que el público necesita conocer y la que no se ve en la divulgación de datos muy personales sobre los pacientes. En primera instancia, si es necesario hacer notorio su contagio, con decir la zona en la que ocurrió, la edad del individuo y su estado de salud el público puede tomar las medidas de prevención necesarias.

En este tipo de situaciones, detalles como la identidad de la persona, qué otros individuos podrían ser sospechosos de estar afectados o en qué lugar residía solo originarían desorden. Como ya lo dijimos, es claro que algunos datos que se consideran privados o personales durante una pandemia podrían dejar de serlo para los organismos de salud.

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Pero, ello no implica tampoco que deban ser revelados al mundo entero. Ya que, en la mayoría de los casos este no necesita tantos detalles en la información. Como una conclusión, podemos decir que entonces durante una pandemia se reevalúa lo que se considera privado o no dependiendo de las necesidades de la sociedad en el momento. Pero, con la condición de que los organismos de salud pública siempre tengan como norte el mantener a la población lo más informada posible con la liberación del menor número de información privada que se pueda.

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