La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo común que afecta a personas de mediana y avanzada edad, el cual se caracteriza por la deficiencia de dopamina en áreas del mesencéfalo, lo que causa una variedad de problemas del movimiento como bradicinesia, rigidez y temblores.

A pesar del énfasis en la función motora en la enfermedad de Parkinson, los síntomas no motores también pueden desempeñar un papel importante en la determinación de la calidad de vida general del paciente.

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Mucho más comunes

Estos síntomas pueden incluir depresión, apatía, problemas para dormir, deterioro cognitivo, demencia y problemas autonómicos, gastrointestinales y sensoriales, entre los cuales se encuentran las deficiencias visuales.

De acuerdo con los resultados de un reciente estudio, los problemas de la vista y los ojos, como visión borrosa, ojos secos, problemas con la percepción de profundidad y dificultad para adaptarse a los cambios rápidos de luz, son mucho más comunes en personas con enfermedad de Parkinson.

Dado que alrededor del 80 por ciento de las discapacidades visuales son tratables o prevenibles, el reconocimiento oportuno es fundamental.

En el estudio, que fue realizado por un equipo de investigadores de la Universidad Médica de Innsbruck, en Austria, participaron 848 personas con Parkinson y 250 sin la enfermedad. Ambos grupos tenían una edad promedio de 70 años.

Los participantes completaron un cuestionario sobre problemas de visión y ojos. Para cada problema descrito se les pidió que eligieran entre un rango de cuatro respuestas. También se preguntó a los participantes si los problemas oculares interferían con sus actividades diarias, como conducir un automóvil, trabajar en una computadora o caminar.

Prevalencia e impacto

El análisis de las respuestas reveló que el 82 por ciento de las personas con Parkinson reportaron uno o más problemas oculares en comparación con el 48 por ciento de las personas sin la enfermedad.

Los participantes indicaron si los problemas oculares interferían con sus actividades diarias, como trabajar en una computadora, caminar o conducir un automóvil.

Los investigadores también encontraron que los problemas oculares interferían negativamente con la vida diaria del 68 por ciento de las personas con Parkinson, en comparación con el 35 por ciento de las personas sin el trastorno neurológico.

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Sobre la base de estos resultados, los investigadores esperan que el estudio genere más conciencia sobre la prevalencia y el impacto de los trastornos visuales en la enfermedad de Parkinson, ya que los pacientes pueden experimentar una variedad de problemas visuales durante el curso de su enfermedad.

En tal sentido, los autores alientan a los médicos a que complementen su entrevista con el paciente con un breve examen neurooftalmológico (conjunto básico de pruebas oftalmológicas), con miras al reconocimiento oportuno de los trastornos visuales y al inicio de estrategias de rehabilitación y terapias específicas, con la meta de mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Referencia: Seeing ophthalmologic problems in Parkinson disease – Results of a visual impairment questionnaire. Neurology, 2020. https://doi.org/10.1212/wnl.0000000000009214

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