En muchos casos, la rápida expansión del coronavirus SARS-CoV-2, que produce la enfermedad conocida como COVID-19, ha generado que los entornos ambulatorios y hospitalarios vean comprometida su capacidad operativa.

Considerando esto y teniendo presente que el aislamiento es crucial para evitar la propagación, los casos de infección asintomática o con síntomas leves que se encuentran en una condición médica estable y que no presentan comorbilidades subyacentes, pueden recibir atención en el hogar.

Evitar que otros se infecten

Los primeros informes sugieren que la transmisión de persona a persona ocurre más comúnmente durante la exposición cercana a una persona infectada con COVID-19, principalmente a través de las gotas respiratorias producidas cuando la persona infectada tose o estornuda.

Las gotitas pueden caer en la boca, la nariz o los ojos de las personas cercanas o posiblemente ser inhaladas a los pulmones de las personas cercanas. La contribución de estas pequeñas partículas respirables a la transmisión de proximidad es actualmente incierta.

Los pacientes que califican para permanecer en aislamiento domiciliario, deben hacerlo hasta que se considere que el riesgo de transmisión a otros es bajo o nulo.

Sin embargo, con el objetivo de evitar que otros se infecten, las autoridades sanitarias han estipulado una serie de recomendaciones para el manejo domiciliario apropiado de estos pacientes.

Estos pasos de prevención deben seguirse hasta que un proveedor de atención médica, o el departamento de salud local o estatal, indique que el afectado puede regresar a sus actividades normales.

Mientras eso no suceda, las personas deben restringir toda actividad que suponga salir del hogar, excepto para obtener atención médica. Eso incluye limitar toda actividad laboral, académica y recreativa que implique la exposición a espacios públicos.

Riesgo de trasmisión

Inicialmente, tanto el paciente como las personas que conviven en el mismo domicilio, deben tener presente y seguir rigurosamente las medidas más básicas de higiene personal y de prevención y control de infecciones.

Las más primordiales giran en torno al lavado frecuente de manos, evitar compartir artículos personales (utensilios para comer, toallas, ropa de cama, etc.) y mantener limpias las superficies de “alto contacto”, como los picaportes de las puertas, pasamanos, teléfonos y mesas, entre otros.

La transmisión del virus ocurre más comúnmente durante la exposición cercana a una persona infectada, principalmente a través de las gotas respiratorias expulsadas por la tos o estornudos.

Al compartir espacios, las personas con infección confirmada o bajo sospecha, deben usar mascarillas faciales cuando se encuentren con otras personas. En todo caso, siempre es muy importante, cubrirse la nariz y la boca al estornudar o toser, preferiblemente con un pañuelo desechable que debe ser botado inmediatamente.

Siempre que sea posible, la persona en condición de aislamiento domiciliario debe permanecer en una habitación específica, y si está disponible, usar un baño separado. Además de no recibir visitas, mientras padezca COVID-19, la persona debe restringir el contacto con mascotas, de la misma manera que lo haría de una persona.

Los pacientes con COVID-19 que califican para permanecer en aislamiento domiciliario, deben hacerlo hasta que se considere que el riesgo de transmisión a otros es bajo o nulo.

Referencia: Atención en el domicilio de pacientes presuntamente infectados por el nuevo coronavirus que tengan síntomas leves y gestión de los contactos. Organización Mundial de Salud, 2020. https://bit.ly/2W1rfip