A inicios de octubre de 2019, el Gumbo Limbo Nature Center en Boca Ratón, en Florida, publicó la historia de una tortuga marina bebé que murió por ingerir cantidades de plástico proveniente de diferentes fuentes.

¿Pero las tortugas y los animales marinos ingieran plástico por accidente en verdad? ¿No son capaces de distinguir su suculento alimento de un desecho plástico duro y rancio? Un equipo de investigadores decidió descubrir qué está detrás de esta tendencia entre ellos animales marinos, y publicó sus hallazgos en la revista Current Biology.

Tal parece que las piezas de plástico que abundan en las profundidades del océano se camuflan muy bien luego de un tiempo de navegar sin rumbo. Desarrollan una capa de algas y microorganismos que emiten olores que fácilmente pueden ser confundidos por las tortugas marinas.

Plástico camuflado en el océano

“Básicamente, cualquier tipo de plástico puede ser colonizado por bacterias, algas, organismos verdes”, afirma el biólogo Joseph Pfaller, autor principal del artículo y director del Proyecto de Investigación Caretta en Savannah, Georgia.

El simple hecho de que estos microorganismos vivan, se reproduzcan y mueran en las piezas de plástico que divagan en los océanos da lugar a un compuesto químico en el agua que, al llegar al aire, se convierte en la molécula de sulfuro de dimetilo.

Su olor es similar al del pescado o de los vegetales cocidos, y cuando las tortugas marinas acercan su cabeza a la superficie del océano para olfatear fuentes de comida, captan este olor y les resulta muy apetitoso.

“Las sustancias químicas que en el pasado arrastraron a las tortugas o ballenas o aves marinas a largas distancias y las hicieron pensar ‘oye, aquí hay un buen lugar para comenzar a nadar en esta dirección’, ahora estas mismas sustancias químicas están saliendo de restos de plástico”.

Un olor muy apetecible

Partiendo de ello, él y sus colegas expusieron a tortugas bobas criadas en cautiverio a los olores de plástico limpio, comida para tortugas compuesta por gránulos de pescado y harina de camarones, y a plástico que había sido colonizado por bacterias y pequeños invertebrados tras cinco semanas sumergidos en el océano. Otras fueron expuestas solo al olor del agua para tener un grupo de control.

Notaron que las tortugas parecían ignorar los olores de plástico y agua limpia, mientras que olfateaban con mucho interés el aire cuando se les exponía al olor a comida de tortuga y plástico colonizado, lo cual daba lugar a un comportamiento de búsqueda de alimento.

Para Amy Siuda, de la Universidad de Eckerd, una científica marina que no participó en este estudio, no se trata de un hallazgo demasiado sorprendente. Sin embargo, ha expresado su curiosidad por determinar si además del aire, estas señales también pueden transmitirse a través del agua.

“Me imagino que una red de pesca fantasma a la deriva en la superficie, que sirve como sustrato artificial para una comunidad diversa de organismos de rafting, emitirá estas señales químicas en una escala adecuada para la detección en el océano abierto. Pero, ¿las piezas individuales de plástico lo suficientemente pequeñas como para ser ingeridas por una tortuga marina van a provocar la misma respuesta de comportamiento y a qué distancias?”.

Pero Pfaller indica que las tortugas marinas acudirán hambrientas a cualquier lugar con abundante agua en el que floten plásticos, que poco a poco serán cubiertos y camuflados por una variedad de microorganismos hasta parecer un delicioso platillo.

Referencia:

Odors from marine plastic debris elicit foraging behavior in sea turtles. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0960982220301159