El mundo durante su historia se ha visto expuesto más de una vez a grandes pestes. Las mismas, por su novedad han sido capaces de atacar a una gran cantidad de seres humanos y acabar con las vidas de muchos otros.

Con el paso del tiempo, las sociedades se han dado cuenta de la amenaza que este tipo de epidemias representan y han tratado de tomar medidas. Día a día, la ciencia y la medicina avanzan en su búsqueda de medios para mantenernos a todos más sanos.

Asimismo, se han creado nuevos métodos de difusión para intentar hacer que las poblaciones estén lo más informadas que se pueda de forma que puedan plantar cara a la enfermedad. Sin embargo, ello podría ser un arma de doble filo, sobre todo, si nos enfrentados a una enfermedad nueva de la que simplemente se tienen pocos datos.

Un velo de incertidumbre

La investigación publicada hoy en el diario Risk Analysis se ha dedicado a evaluar este factor con relación al virus Zika. No obstante, sus resultados también podrían extrapolarse a la actual y preocupante epidemia del coronavirus que ya cuenta con más de 114.000 contagiados en 112 países.

Dentro de su investigación, realizada a través de una encuesta a casi 500 individuos en Florida –el foco más fuerte de Zika en EE.UU.– pudieron notar que el problema más grande para estos yacía en la incertidumbre.

Durante una epidemia nueva, son pocos los datos que se tienen sobre el virus que está afectando a las personas y también son escasas las fuentes de información que puedan dar un poco de contexto a los afectados. Lo que, a su vez hace que se sientan más vulnerables. Aunque ello no tiene que ver tanto con las fuentes de distribución sino con la cantidad limitada de datos.

Mientras más te informas, menos crees saber

Según la investigación conducida por los profesionales de la Universidad Estatal de Ohio, los individuos que tenían a su disposición la mayor cantidad de información existente sobre el virus eran las que solían estar más conscientes de que no sabían lo suficiente sobre el mismo.

Paradójicamente, esto implica que el haberse informado mejor, en lugar de darle a la persona armas para combatir la enfermedad, la hacía sentir más vulnerable a la misma. Sin embargo, ello se ve más presente en personas que consideran tener un alto riesgo de contraerla.

Asimismo, también se puede encontrar esta idea más marcada en quienes desean obtener más información y, al investigar, descubren que verdaderamente no hay nada más disponible.

El truco yace en la novedad

Parte de la explicación que dieron los investigadores durante el estudio a este patrón de pensamiento tan particular tuvo que ver con la novedad de la enfermedad. Opinan que, nuestra mente reacciona de forma distinta a nuevas amenazas en relación con otras más antiguas y mejor documentadas (que pueden ir de una mera gripe hasta el cáncer).

Al entrar en un territorio desconocido, queremos obtener la mayor cantidad de datos posibles para mantenernos protegidos. Pero, al no estar estos presentes, entonces comenzamos a experimentar una sensación de seguridad producida por la incertidumbre que trae una amenaza prácticamente desconocida.

Es importante mantener al público actualizado

Como una recomendación, los investigadores han dicho que el mejor modo de evitar que esto se vuelva una sensación común en la población es mantenerla siempre actualizada. Sin importar qué tan pequeño pueda ser el nuevo trozo de información, siempre será mejor ofrecerlo a no reportar nada.

Ya que, estos pequeños fragmentos poco a poco irán construyendo una base más grande. Una que, además, el público estará más dispuesto a aceptar si se le hacen llegar sus componentes lo más rápido posible.

Asimismo, el estudio demostró que la mayoría de los individuos que se sentían inseguros con la información que tenían dejaban de buscar más por la sensación de que ya no hallarían nada. Por lo que, la otra recomendación de los investigadores es que los medios de comunicación también insten a las personas a hacer búsquedas periódicas.

De este modo, esta práctica combinada con la liberación constante de datos puede ayudar a crear un espacio informativo más saludable en el que el individuo se sienta más seguro.

Los científicos han expresado su interés en aplicar este estudio específicamente al coronavirus. Sin embargo, la velocidad con la que este se esparce por el mundo podría no darles suficiente tiempo para pasar todos los procesos de regulación y permisos requeridos para hacer dicho estudio. Por lo que, por ahora, lo más cercano que tenemos son las extrapolaciones que podemos obtener a través de este estudio.

Referencia:

Understanding Risk Information Seeking and Processing during an Infectious Disease Outbreak: The Case of Zika Virus: https://doi.org/10.1111/risa.13456