La implantación de un dispositivo de asistencia ventricular izquierda (LVAD, por sus siglas en inglés), una bomba mecánica que ayuda al corazón, es una terapia alternativa a la que se recurre para tratar la insuficiencia cardíaca terminal.

Aunque se tiene conocimiento de complicaciones asociadas con los LVAD, incluyendo trastornos psiquiátricos como la ansiedad y la depresión, no se cuenta con una comprensión plena del riesgo de suicidio en esta población.

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Necesario, pero desalentador

En este sentido, los resultados de un reciente estudio muestran que las personas a las que se les ha implantado un dispositivo de asistencia ventricular izquierda podrían enfrentarse a un mayor riesgo de suicidio.

La investigación, que se realizó en Francia, hizo un seguimiento de 494 pacientes que habían recibido un LVAD entre los años 2006 y 2016 en 19 centros médicos.

Los resultados del estudio refuerzan la comprensión de que los receptores del dispositivo de asistencia ventricular izquierda necesitan contar con apoyo físico y emocional continuo.

Entre los sujetos del estudio, 10 de ellos (2 %), intentaron o murieron de suicidio durante un año y medio de seguimiento. Como punto de referencia, los autores señalaron que en Francia la tasa de intentos de suicidio para las personas con enfermedades crónicas en general es del 0,06 por ciento.

Cuando los investigadores analizaron la información, encontraron que solo dos de las personas que intentaron suicidarse o que murieron a causa de ello tenían antecedentes de enfermedades psiquiátricas.

El doctor Vincent Galand, cardiólogo en el Centro Médico Universitario de Rennes, en Francia, puntualiza que además de las complicaciones médicas y las hospitalizaciones recurrentes, tener un LVAD resulta desalentador. Al respecto, comentó:

“Son pocos los pacientes que regresan a un trabajo de tiempo completo, y muchos pueden sentirse discapacitados en su vida diaria. Dependen del LVAD y de los especialistas cardíacos para sobrevivir, y con frecuencia, requieren de cuidadores. Esta dependencia puede ser percibida como una falta de control sobre la propia vida y llevar a la ira o a la desesperanza”.

Apoyo psicológico

Teniendo esto presente, señalan los autores, asegurarse de que los pacientes tengan una motivación rigurosa para el tratamiento, apoyo social y una amplia educación preoperatoria sobre la vida que les espera después de la implantación del LVAD puede mitigar el desarrollo de tales síntomas.

Los LVAD se utilizan para tratar la insuficiencia cardíaca avanzada, en la que un corazón debilitado no puede bombear suficiente sangre para satisfacer las necesidades del cuerpo.

La evaluación de la satisfacción o el arrepentimiento de los pacientes después de la implantación del LVAD, podría servir para identificar a los que necesitan apoyo psicológico y detectar los nuevos signos de angustia psicológica, especialmente en los pacientes implantados como terapia de destino (opción de tratamiento final para aquellos que no son candidatos a un trasplante).

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Pero incluso antes de recurrir a la implantación de un LVAD, la insuficiencia cardíaca plantea desafíos psicológicos. Muchos pacientes no son conscientes de que necesitarán un trasplante de corazón o un LVAD para sobrevivir. Con frecuencia, esto representa un shock y requiere tiempo y educación para que entiendan las limitaciones de la terapia así como sus beneficios.

En última instancia, los resultados del estudio refuerzan la comprensión de los expertos de que los receptores del dispositivo de asistencia ventricular izquierda necesitan contar con apoyo físico y emocional continuo.

Referencia: Suicide Attempts Among LVAD Recipients: Real-Life Data From the ASSIST-ICD Study. Circulation, 2020. https://doi.org/10.1161/circulationaha.119.041910

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