La mayoría de las veces se dice que la ciencia y la religión jamás podrían ir de la mano, pues son pensamientos completamente opuestos. Sin embargo, hubo una mujer que logró conciliar ambas posturas e incluso dijo que descubrió a Dios en la ciencia: la hermana Miriam Michael Stimson.

Nació el 24 de diciembre de 1913 en Chicago, hija de Mary Holland y Frank Stimson, ambos católicos y de ascendencia inglesa e irlandesa. A la edad de 14 años, sus padres la enviaron al St. Joseph College and Academy, academia religiosa de la cual logró graduarse para, posteriormente, ingresar a la Universidad de Siena Heights para estudiar química y luego elaborar una maestría y un doctorado en química en el Institutum Divi Thomae.

El catolicismo, los derechos de las mujeres y la química siempre fueron su pasión. Sus compañeras comentan que siempre estaba muy pendiente de su salud, dándoles técnicas para balancear sus comidas y más recomendaciones de ese estilo. Esto probablemente se deba a que su infancia estuvo rodeada de enfermedades, pues su hermano mayor contrajo polio; su hermana, luego de una infección bacteriana, tuvo una enfermedad cardíaca; y su madre sufrió de pérdida de memoria luego de un pico alto de presión.

Luego de hacer su maestría, volvió a la Universidad de Siena Heights para impartir clases de química y abrir un laboratorio, en el cual comenzó a estudiar el cáncer y trabajó en la elaboración de hormonas para curar heridas, elaborando así la Preparación H, que es una crema para las hemorroides.

Sin embargo, uno de los trabajos más importantes de Stimson fue el de la espectroscopía infrarroja, la cual es una técnica que aplica la radiación infrarroja con la materia y que sirve para identificar y estudiar distintas sustancias químicas. Lo que buscaba esta científica era mapear cómo se ve una molécula compleja.

No obstante, parece que esto no era suficiente para Stimson, pues los métodos no le parecían suficientes. Captaban demasiada interferencia y no podía observarse con claridad lo que estaba buscando. Debido a esto, decidió enfocar sus esfuerzos en resolver esta problemática.

Develando el misterio

Los átomos de una molécula siempre están en movimiento, lo que significa que los enlaces químicos entre ellos se doblan y se estiran de forma constante, generando curvas únicas para los átomos involucrados. Esto nos permite mapear cómo se ve una molécula compleja.

Sabiendo esto, Stimson mezcló muestras del químico que estaba estudiando con bromuro de potasio y luego lo presionó en un gránulo casi transparente, comprimiéndolo en un disco. El bormuro de potasio no tiene estiramientos ni curvas, lo cual evita que interfiera con el espectro, con lo cual logró que no hubiera interferencia, que se observara mayor resolución de los espectros y que la muestra estuviera más homogénea. Una nueva técnica había nacido.

El descubrimiento del potencial del bromuro de potasio fue de vital importancia para la comunidad científica, pero Stimson no se detuvo ahí. Armada con esta técnica, posteriormente logró descubrir algo que se convertiría en su mayor logro: confirmó la estructura de las bases de nucleótidos de ADN y estudió la conexión de las mismas en la estructura de doble hélice tan característica de esta molécula.

Gracias a este descubrimiento es que tenemos el modelo actual de la molécula de ADN. Para la hermana Stimson, esto fue casi como descubrir a Dios en un laboratorio.

Todo sin reconocimientos

Sin embargo y a pesar de haber logrado uno de los aportes más importantes para la comunidad científica, no le fue otorgado ningún reconocimiento.

Los científicos Watson, Crick y Maurice Wilkins, quienes utilizaron los datos de Stimson para sus investigaciones, fueron los que obtuvieron nada más y nada menos que el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 1962 por descubrir la estructura molecular de los ácidos nucleicos.

Su condición de mujer, monja y científica eran ya suficientes razones para que fuera rechazada en la comunidad. Sin embargo, esto no sucedía en todos lados, pues en 1945 la revista Nature publicó sus investigaciones sobre los rayos ultravioletas, sus estudios sobre cromatología y el origen de las células cancerosas, lo cual le otorgó reconocimiento.

Además, en 1951 recibió una invitación para dar una conferencia en la Sorbona en París, secundando a Marie Curie, madre de la física, como oradora. Sin dudas, se convirtió en alguien importante, al fin y al cabo.

Sus investigaciones sobre el ADN y el cáncer ayudaron en la elaboración de la quimioterapia, facilitando la lucha contra la enfermedad. Su modelo de la estructura de esta molécula sigue siendo vigente actualmente, y debido a eso muchísimo hemos avanzando en esta área. Hoy en día al fin podemos decir que la hermana Miriam Michael Stimson ha obtenido el mérito que siempre se mereció.

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