Para este martes, el conteo de afectados por el coronavirus ha superado los 114.000 individuos. Asimismo, ya son 112 los países que han reportado tener al menos un caso de la enfermedad. Por su parte, mientras viejos focos como China y Corea del Sur parecen estar bajando el número de contagios, nuevos centros de proliferación se presentan en otras partes como Italia, Irán, España y Estados Unidos.

Como es posible ver, el mundo se encuentra en una situación muy delicada con respecto a esta enfermedad. Por lo que, cada vez con más claridad se nota que es necesario comenzar a tomar medidas de contención más radicales.

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Varias ciudades de China y se Corea del Sur han terminado en cuarentena como parte de las medidas preventivas de los países asiáticos. Asimismo, Italia ha ordenado una cuarentena general en todo su territorio, para evitar que el virus pueda entrar o salir de sus fronteras.

Mientras que estas medidas pueden ayudar a que el coronavirus no salga, no hacen tanto por los habitantes que se quedan encerrados. En estos casos, cada país debe tomar también medidas internas como el clausurar grandes eventos y de espacios de reunión como lugares de trabajo, bibliotecas y escuelas –incluso iglesias, templos, etc.

Esto inmediatamente muestra tener un efecto beneficioso al evitar que las personas salgan de sus hogares más de lo estrictamente necesario. Sin embargo, ¿qué pasa cuando la restricción se extiende demasiado?

De entre los grupos que se ven sacados de sus ambientes naturales uno de los más afectados podría ser el de los niños, que ven interrumpido su proceso de aprendizaje. Es por ello que, con esta posibilidad en el panorama, los centros de educación deben comenzar a pensar en medidas alternativas.

Paso uno: organización

Para poder dar una idea de las posibles líneas de acción que los centros de educación podrían utilizar en esta situación particular, Ryan Baker, director del Penn Center for Learning Analytics, ha dado su opinión.

Después de todo, él se ha especializado en comprender el medio de educación virtual, así como lo que funciona en este y lo que no. Dentro de los puntos más resaltantes de sus declaraciones nos podemos encontrar con lo siguiente:

Cambiar sistemas de aprendizaje

Una de las cosas en las que hace hincapié Baker es en que esta se trata de una situación muy particular. Por lo que, no se puede esperar que los medios para pasar por ella sean los convencionales.

Las escuelas deben estar al tanto de que, si pretenden seguir funcionando, deberán mudarse a sistemas de aprendizaje remotos. De esta forma, los niños no tendrán que exponerse al virus al ir a la escuela, pero no tendrán que sacrificar su tiempo de aprendizaje por ello.

Ubicar alternativas de aprendizaje online

Para que esto se dé, es vital que los profesores comiencen a familiarizarse con las herramientas de aprendizaje que ofrece la web (Google Classroom, ASSISTments, Khan Academy). Del mismo modo, es importante que utilice su criterio para discernir cuáles serían los mejores sistemas dependiendo de las edades y necesidades de sus alumnos.

Por ejemplo, si se trata de una escuela para niños con necesidades especiales tal vez el apoyo desde casa sea más necesario que el virtual. Del otro lado del espectro, si se tratan de alumnos regulares, entonces es importante contemplar su edad y nivel de madures.

Probablemente una videoconferencia no sirva con un montón de niños de primaria, pero podría ser la solución para los adolescentes en los niveles más altos de bachillerato o incluso con los estudiantes de nivel universitario.

Orientar la educación a proyectos

En todos los casos, es más que claro que las usuales horas escolares no serán la norma durante esta época. Lo más probable es que, con la finalidad de maximizar la eficacia, las reuniones virtuales con el profesor sean más cortas y el estudiante tenga que cumplir con un número mayor de tareas.

De esta forma, cuando estén listas puede enviar una fotografía de forma que el profesor corrija la asignación y pueda dar las correcciones en la próxima lección. Así, el proceso educativo debe mutar un poco a proyectos, actividades y hasta juegos que permitan que el estudiante aprenda y que, mientras tanto, midan su nivel de conocimientos de forma que el profesor pueda continuar evaluándolos.

Ofrecer atención personalizada a grupos pequeños

Un punto muy relacionado con el anterior tiene que ver con el estilo de comunicación que puede existir en estos casos. Como lo hemos dicho, grandes grupos pueden funcionar en niveles educativos más avanzados.

Sin embargo, para los más pequeños lo mejor será optar por reuniones cortas y espaciadas entre el profesor y tan solo uno o dos estudiantes por vez. De este modo, este tendrá una forma mucho más fácil de chequear individualmente el desempeño de sus estudiantes y asegurarse de que el proceso de aprendizaje verdaderamente esté ocurriendo.

Una situación extraordinaria

Tal como lo recalcó Baker, el problema del coronavirus se trata de una situación extraordinaria, por lo que las medidas que se toman en la misma son principalmente provisionales. Por ello, no recomienda a los padres que salgan a comprar equipos nuevos o similares para que sus hijos puedan funcionar en medio de todo esto.

Opina que lo mejor es que traten de cumplir dentro de sus capacidades con las peticiones que les haga la institución educativa, siempre y cuando estas sean razonables. En caso de que no, sugiere que lo más importante es preocuparse por el bien estar y la salud de todos los miembros del hogar.

¿Este estilo podría quedarse?

Baker también opina que, sobre todo en las escuelas de las zonas más adineradas, este salto al estilo de aprendizaje web será más rápido y mejor acogido. Por lo que, incluso luego de que la crisis pase, muchos de los métodos usados podrían mantenerse. Sin embargo, ello no se trata de una acción que crea que pueda ser generalizada, sino que se tratará de casos muy particulares.

No todo tiene que ser virtual

Sumado a todo lo anterior, Baker recomienda a los padres que les ofrezcan a sus hijos alternativas para aprender y drenar energía que no necesariamente se encuentren en la web. Ponerlos a jugar, hacer gimnasia o a estirar dentro de la casa podría ser perfecto para hacer que los niños puedan mantenerse activos físicamente.

Asimismo, los libros, los cuadernos de dibujo y demás alternativas pueden ser también grandes aliados para evitar que estos pasen sus días sin escuela frente al televisor o la pantalla del computador. Baker recalca que no todo tiene que estar en la web; además de que, en una situación como esta, la meta es alejarlos de la TV y permitir que aprendan y que ello no necesariamente tiene que ir siempre ligado a la web.

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