Ya lo hemos dicho en entradas anteriores: el nuevo coronavirus puede mutar o sufrir pequeños cambios en su genoma. Pero es necesario aclarar que esto como tal no lo hace especialmente peligroso en comparación con otros. De hecho, esto es algo habitual en el mundo de los microorganismos.

Esto ya ha sido comprobado para el nuevo coronavirus que ha estado amenazando con pandemia desde diciembre de 2019. Un equipo de investigadores de China analizó los genomas del SARS-CoV-2 en 103 pacientes infectados y en el proceso encontró diferencias que permitían dividirlo en dos cepas: tipo “L” y tipo “S”.

Dos cepas: tipo “L” y tipo “S”

Según señalan en su documento publicado en la revista National Science Review, el tipo “L” se mostró mucho más agresivo en el 70 por ciento de las muestras analizadas, aunque su prevalencia fue disminuyendo a principios de enero.

Mientras que en la actualidad la cepa más antigua es la tipo “S”, porque las acciones tomadas por la humanidad ante el brote, como las cuarentenas, pueden haber reducido la capacidad de propagación del tipo “L”.

¿Es válido clasificar el SARS-CoV-2 en dos cepas?

Nathan Grubaugh, epidemiólogo de la Escuela de Salud Pública de Yale no participó en la investigación, pero emitió críticas importantes ante su publicación, alegando que dichas conclusiones con “pura especulación”.

El SARS-CoV-2 tiene aproximadamente 30,000 nucleótidos de largo. Para el experto, las mutaciones que observaron los autores del nuevo estudio eran increíblemente pequeñas, en el orden de un par de nucleótidos, los componentes básicos de los genes. Y es poco probable que estos ligeros cambios tengan un gran impacto en el funcionamiento del virus, por lo que sería “inexacto” diferenciarlas.

Grubaugh también sostiene que el estudio estuvo muy limitado evaluando únicamente 103 casos. “Es una muestra muy pequeña de la población total de virus”, dijo, y descubrir mutaciones que han ocurrido en todo el mundo requiere “un esfuerzo no trivial”, que puede tomar años llevar a cabo.

Por su parte, Richard Neher, biólogo y físico de la Universidad de Basilea en Suiza, comentó que el hallazgo de los científicos chinos que asocia la cepa “L” con una enfermedad más grave “probablemente sea un artefacto estadístico”. Los datos empleados corresponden a muestras tomadas al inicio del brote en la ciudad de Wuhan y es por ello que se asocian con una mortalidad más alta.

“No debemos preocuparnos” por la mutación de SARS-CoV-2

Grubaugh publicó un comentario en la revista Nature Micriobiology titulado “No deberíamos preocuparnos cuando un virus muta durante los brotes de enfermedades”, en el que aclara que la palabra mutación suele evocar temores, pero se trata de un proceso natural que rara vez suele tener un efecto dramático en los brotes.

Explica que los virus de ARN, o aquellos que tienen ARN como su principal material genético en lugar de ADN, como el SARS-CoV-2, suelen mutar y carecen de mecanismos que les permitan corregir estos errores.

Existen una variedad de genes que codifican rasgos como la gravedad de la enfermedad que causan o la capacidad de transmitirse a otras personas. De modo que para que un virus se vuelva más severo o más contagioso, es necesario que múltiples genes muten y lo hagan posible. Pero resalta que es poco probable que un virus cambie su modo de transmisión entre los humanos en escalas de tiempo tan cortas.

¿Estas mutaciones pueden afectar el desarrollo de las vacunas?

Para Grubaugh estas “cepas” siguen siendo tan “genéticamente similares”, que las mutaciones observadas por los investigadores chinos “no deberían alterar una nueva vacuna”, por lo que los desarrolladores no necesariamente deban preocuparse por ello. De hecho, señala que estas mutaciones pueden ayudar a los investigadores a rastrear los pasos del virus.

Los autores del nuevo estudio reconocen que los datos que emplearon aún son “muy limitados” para dar esto por hecho. Por el momento, se esperan estudios que involucren conjuntos de datos más grandes para comprender mejor la evolución del nuevo patógeno.

Referencias:

We shouldn’t worry when a virus mutates during disease outbreaks. https://www.nature.com/articles/s41564-020-0690-4

On the origin and continuing evolution of SARS-CoV-2. https://academic.oup.com/nsr/advance-article/doi/10.1093/nsr/nwaa036/5775463?searchresult=1