En la actualidad, las vacunas son la estrategia de inmunización más popular y efectiva. Sin embargo, el campo de aplicación aún es bastante limitado, e infecciones graves como las de la malaria, el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) y la tuberculosis aún no tienen una vacuna.

Sin embargo, la lucha sigue en pie y los investigadores están explorando nuevas estrategias de vacunación que se centran en las células T, bien conocidas por su eficiencia como protectoras contra los patógenos.

De hecho, un nuevo estudio publicado en la revista Science Immunology presenta información relevante para este objetivo: las células T foliculares auxiliares viven mucho más tiempo de lo que se pensaba y además contribuyen al desarrollo de inmunidad a largo plazo.

Células difíciles de estudiar

Un equipo de investigadores del Departamento de Biomedicina de la Universidad de Basilea decidió estudiar un tipo especializado de células T: las células T foliculares auxiliares (Tfh), las cuales interactúan con otras células inmunes para favorecer la producción de anticuerpos.

Bazo de un ratón. Las áreas amarillas contienen células Tfh, las cuales participan en el mantenimiento de la memoria inmunológica. Crédito: Universidad de Basilea.

Sin embargo, las células Tfh no residen en la sangre, sino principalmente en los ganglios linfáticos y el bazo. Esto dificulta la toma de muestras y, por consiguiente, su estudio enfocado en seres humanos.

Los estudios publicados hasta ahora sobre el tema indican que estas células no crean memoria en ratones, es decir, desaparecen una vez que finaliza la infección en sus cuerpos. Pero según el nuevo estudio, esta desaparición de células Tfh se debe en gran medida su susceptibilidad a la muerte durante el aislamiento del tejido.

Células de larga duración

Sin embargo, en los experimentos recientes trataron a los ratones con una molécula pequeña que prevenía esta susceptibilidad, y esto dio como resultado células Tfh sorprendentemente longevas, cuya duración persistía durante al menos 400 días después de la infección.

En cambio, las células T de memoria central estuvieron ausentes, lo cual fue una sorpresa para los investigadores ya que estas habían sido consideradas durante mucho tiempo como un buen objetivo para el desarrollo de vacunas.

También notaron que las células TFH compartían características con las células madre, y como mencionamos al principio, siguen aportando su grano de arena en la producción de anticuerpos incluso cuando la respuesta inmune del cuerpo ha cesado.

La vacunación basada en células T genera células de memoria de larga duración que son capaces de recordar al patógeno en cuestión. Esto significa que, luego de la infección, estas podrían multiplicarse rápidamente y ayudar en la destrucción del invasor. Y estos nuevos hallazgos representan un aporte importante en las alternativas de creación de inmunidad a largo plazo.

Referencia:

 Long-lived T follicular helper cells retain plasticity and help sustain humoral immunity. https://immunology.sciencemag.org/content/5/45/eaay5552