En un artículo publicado meses atrás explicamos que el estrés, a pesar de tener una connotación negativa en la cultura popular, en realidad puede ser bastante positivo pues hace que nuestro cuerpo reaccione y se centre en el cumplimiento de determinado objetivo.

El estrés se vuelve malo en realidad cuando se hace tan frecuente que se vuelve crónico, lo cual no solo puede generar agotamiento mental y depresión, sino también respuestas fisiológicas que deriven en enfermedades.

Sin embargo, no solo puede hablarse de estrés a nivel psicológico. Existe también estrés derivado del esfuerzo físico, específicamente del deportivo, que también da lugar a un incremento del cortisol, aunque tiene una connotación por lo general más positiva que el segundo.

Al principio de un ejercicio físico, como marchar sobre una cinta de correr, la persona sentirá que es relativamente sencillo y bastante ameno. Pero conforme va aumentando la velocidad de su marcha, el ejercicio se vuelve más intenso y requiere más y más esfuerzo hasta llegar al punto en que las piernas ya no dan para más.

Un equipo de investigadores del Departamento de Psicología Genética de RUB mostró interés por determinar qué es lo que causa esta reacción, y si esta es realmente diferente de la que produce el estrés psicosocial, por lo general asociado al cerebro.

Dos pruebas: estrés físico y psicosocial

two smiling women doing yoga pose
Luego del ejercicio extremo, los participantes mostraron niveles elevados de hormonas de estrés, pero una percepción agradable de la experiencia.

Para descubrirlo, el equipo seleccionó específicamente a personas que se ejercitaban regularmente y que ya llevaban un control de su salud para poder trotar sobre la cinta hasta llegar a su límite, según explica el Dr. Dirk Moser del Departamento de Psicología Genética.

Estas mismas personas se sometieron a la Prueba de Estrés Social de Trier, una prueba que consiste en una entrevista de trabajo simulada ante un panel de jueces capacitados para mantener expresiones neutrales.

Para llevar un registro de los cambios, los investigadores aplicación cuestionarios sobre el bienestar emocional en diferentes puntos antes y después de que los participantes se sometieran al estrés físico o psicosocial. Adicionalmente determinaron la cantidad de biomarcadores del estrés en la sangre, como el cortisol y la noradrenalina, ambas conocidas hormonas del estrés.

Los investigadores notaron que, después de la prueba de ejercicio físico, las personas que habían llegado a su límite extremo informaron sentirse bien y vigorizados. Sin embargo, las personas que habían estado en la entrevista ficticia informaron incomodidad.

La misma respuesta hormonal, pero percepción diferente

three women sitting beside table
A pesar de tratarse de una entrevista de trabajo simulada, los participantes mostraron una respuesta hormonal de estrés elevada.

Moser esperaba que el esfuerzo físico llevado al extremo correspondiera con niveles mucho más altos de hormonas del estrés en comparación con los de una entrevista de trabajo ficticia. Sin embargo, los valores de las hormonas mencionadas se dispararon en ambas situaciones, lo cual llamó la atención de los investigadores pues los participantes sabían muy bien que la entrevista de trabajo era ficticia.

En vista de que no había diferencia alguna entre los valores de cortisol y noradrenalina en ambas situaciones a pesar de las notorias diferencias en la percepción que tuvieron los participantes de ambas experiencias, los científicos decidieron buscar otro biomarcador que pueda explicar estos hallazgos.

Nuevo biomarcador: material genético libre en la sangre

Curiosamente el nuevo biomarcador no era una hormona como el cortisol o la noradrenalina, sino un ADN libre de células. Parece difícil de creer, porque el material genético por lo general se encuentra en el núcleo de las células.

Sin embargo, hay condiciones en las que le ADN puede encontrarse también en el torrente sanguíneo, y efectivamente funcionar como un marcador. En este estudio, los investigadores demostraron que el estrés es una de estas condiciones.

“Los bloques de construcción de nucleótidos que componen el ADN contienen mucha energía. Bajo ciertas condiciones, la célula aparentemente todavía se permite el lujo de liberar algunos componentes de ADN al exterior”.

Y en palabras de Robert Kumsta, otro de los autores, “es posible que exista otro mecanismo de comunicación de estrés además del sistema hormonal, que opera a través de ADN libre de células y que aún no se entiende”.

ADN libre de células de diferentes fuentes

En este trabajo en particular se demuestra que el ADN libre de células se libera en la sangre tanto bajo estrés físico como bajo estrés psicosocial, sin embargo, las fuentes de las que proviene son diferentes.

Los investigadores compararon el ADN libre de células de ambas situaciones, específicamente los patrones de ciertos grupos de enzimas que se unen al ADN para regular el proceso de lectura (metilación). Fue así como notaron que el ADN libre de células que circulaba en la sangre bajo estrés psicosocial tenía un patrón de metilación diferente al secretado bajo estrés físico.

“Esto significa que el ADN proviene de diferentes tipos de células”, señala Kumsta.

Los autores sospechan que se trata de un circuito de comunicación entre el sistema inmunitario, los músculos y el cerebro. En el caso del estrés físico, esto podría servir como un entrenamiento para las células inmunes, lo cual podría explicar por qué el ejercicio es beneficioso para las defensas.

Sin embargo, el ADN libre de células de las células cerebrales podría tener un efecto negativo a largo plazo dando lugar al ya mencionado estrés crónico que perjudica tanto la salud mental como física.

Referencia:

Genetic Psychology: Good stress, bad stress. https://news.rub.de/english/2020-03-05-genetic-psychology-good-stress-bad-stress