Si ser mujer en el ámbito laboral era muy difícil en los años 50, imagina el panorama en 1836, año en el que nació una de las mujeres que rompió las brechas de género e hizo historia en el Reino Unido al convertirse en la primera doctora y también la primera alcaldesa mujer de la historia del país: Elizabeth Garrett.

Elizabeth era la segunda hija de una gran familia compuesta por once hermanos. Su padre era un hombre de negocios con gran poder adquisitivo, por lo que ella y su hermana mayor Louie fueron enviadas a un internado. Durante su tiempo allí, Elizabeth obtuvo conocimientos en varias áreas, de las cuales sus favoritas eran literatura y francés, conocimiento que luego le sería de gran utilidad.

Tres años después de salir del internado en 1851 conoció a Emily Davies, una feminista que apoyaba el sufragio femenino, y se volvieron amigas. Además, ella se inspiró también en la historia de Elizabeth Blackwell, la primera mujer doctora de Estados Unidos, quien una vez visitó Londres y, cuando Garrett la vio en persona y conoció su historia, se quedó enamorada de la medicina.

Así, con la mirada fija en la lucha por los derechos de las mujeres y por cumplir su sueño de ser doctora, Elizabeth se encaminó en la carrera de medicina. Su padre al principio no estaba muy contento con el asunto, pero eventualmente le brindó su apoyo para que ella pudiera convertirse en una profesional. Su madre, por otro lado, no estuvo de acuerdo en ningún momento.

Igualdad de oportunidades

Entonces Elizabeth se unió a Sociedad para la Promoción del Empleo en las Mujeres, la cual organizaba conferencias acerca de la medicina como una profesión para mujeres. Luego comenzó a trabajar en diversos hospitales en los cuales fue aprendiendo acerca del oficio.

Posteriormente se matriculó como estudiante de enfermería en el Hospital Middlesex e intentó ingresar a la escuela de medicina del mismo, pero no fue aceptada. Sin embargo, asistió a las clases sin ser una alumna oficial en una materia impartida por el boticario Mr. Joshua Plaskitt llamada Materia Médica.

También contrató a un tutor que le enseñara de anatomía y fisiología por su cuenta y se colaba a las clases de química y disección. En cierto punto, su presencia femenina comenzó a molestar a sus otros compañeros de estudio, quienes presentaron una queja y lograron que abandonara el hospital, no sin antes llevarse un certificado de honor en química y materia médica.

Sin embargo, las barreras no acababan ahí. Por el hecho de ser mujer, se le negó el acceso a las escuelas de medicina de los hospitales de Grosvenor Street, Westminster y el London Hospital, pues no había posibilidad de que entrara en la carrera. Aunque era desmotivante esto nunca la detuvo, así que siguió intentándolo hasta encontrar la Sociedad de Boticarios, la única institución que no excluía a las mujeres de sus exámenes.

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Esto lo logró gracias a un vacío legal en el que no especificaban este requisito, por lo que la suerte también jugó del lado de Elizabeth. Sin embargo, estos le pidieron completar su currículo con algunas asignaturas que le faltaban por aprender, así que luego de unos años, logró hacerse con el título de médico en el año 1865, convirtiéndose en la primera mujer en el país en conseguirlo.

Impulsando a las mujeres

A pesar de haberse graduado y de estar capacitada para atender a los pacientes, ningún hospital quería contratarla. Entonces, en vista de esto, Elizabeth decidió realizar consultas privadas y fundó el ‘St. Mary’s Dispensary for Women and Children’ en 1866, justo en la época del brote de cólera en Londres. Posteriormente, decidió que este dispensario se convertiría en un hospital para mujeres en el que solo trabajaran mujeres y cambió su nombre a ‘New Hospital for Women’, inaugurado en 1872.

A pesar de todos estos logros, Elizabeth aún quería más, así que se propuso a realizar un doctorado en la Universidad de la Sorbona en Francia, la cual era una de las pocas instituciones que aceptaban mujeres en sus instalaciones. Sus conocimientos de francés adquiridos en el internado fueron fundamentales para poder presentar su tesis doctoral. Logró obtener su título de doctorado en 1870.

Luego de esto, fue nombrada médico visitante en el ‘London Hospital for Children’ y, además, fue elegida para formar parte de la Asociación Médica Británica. Para el año 1874, fundó la Escuela de Medicina para Mujeres de Londres, en la cual se desempeñó como profesora en el área de ginecología desde 1883 hasta 1903, tiempo en el que contrató también a su principal referente para que diera clases con ella: Elizabeth Blackwell.

Pero toda su historia no termina aquí. Esta increíble doctora se mantuvo firme a sus ideales de igualdad de género y estuvo activa en la lucha por el sufragio femenino, formando parte del Comité Central de la Sociedad Nacional para el Sufragio de las Mujeres en 1889. Así, ganó también la confianza de sus compañeros en el área de la política hasta que finalmente en 1908 fue elegida Alcaldesa de Aldeburgh, convirtiéndose en la primera mujer en conseguir este cargo.

Sin lugar a dudas, la persistencia de esta mujer para lograr sus sueños es algo digno de admirar y que inspira a otros a seguir sus pasos. Ella fue el vivo ejemplo de refrán que dice ‘Si nadie puede hacerlo, significa que debo ser la primera persona en lograrlo’.

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