A medida que el coronavirus llega a más partes del mundo cada vez son mayores las preocupaciones con respecto a los efectos que esta podría tener en el planeta. Es claro que la salud de millones de personas se encuentra en riesgo en la actualidad y también la estabilidad económica de los países dentro de los próximos años.

Como una forma de luchar contra la enfermedad, además de los claros intentos por controlarla y detenerla, la ciencia también se encuentra buscando una cura. Sin embargo, puede que hayan empezado a dedicarse a esta tarea mucho más tarde de lo que debieron.

Una oportunidad desaprovechada

Es cierto, hasta el 30 de diciembre del año pasado, nadie en el mundo sabía de la existencia del SARS-CoV-2. Por lo que, es entendible que apenas ahora inicien las labores para buscar una cura para el mismo.

No obstante, también es cierto que el COVID-19 no es la primera enfermedad que se ha esparcido por el mundo y que ha tenido su origen en el coronavirus. Debido a lo cual, no es tan entendible que las sociedades no contaran con un mecanismo o medicamento capaz de contrarrestar este tipo de cepas.

Después de la epidemia del SARS que inició en China, al menos en Europa se iniciaron proyectos de estudio que buscaban comprender el coronavirus y qué tipo de medicamentos eran capaces de contrarrestarlo. Pero, la crisis económica del 2008 acabó con mucho del presupuesto de investigación y los proyectos quedaron en un limbo del que no habían salido hasta ahora.

Durante la epidemia del MERS de Medio Oriente se dio un proceso similar en el que, una vez la amenaza no estaba, los esfuerzos por comprender la enfermedad y sus orígenes mermaron.

Ahora, el mundo se enfrenta a un nuevo coronavirus con casi la misma información previa con la que se enfrentó al SARS o al MERS, solo que esta vez, tuvo la oportunidad de informarse y prepararse mejor antes. Pero, claramente, la desaprovechó.

Crear una cura toma tiempo

En la actualidad, el mundo entero ha realizado alianzas con la intención de compartir toda la información que vayan obteniendo acerca de los virus. De este modo, esperan poder crear una base de conocimiento lo suficientemente sólida como para crear un medicamento que pueda contrarrestar el coronavirus.

Sin embargo, acá el tiempo juega un papel clave, de haber iniciado los estudios antes probablemente para este momento ya podría existir un compuesto capaz de reaccionar y contrarrestar una gran variedad de coronavirus, lo que sería un excelente punto de partida.

Lastimosamente, esto no ocurrió y ahora el mundo probablemente tendrá que esperar al menos un año para que la ciencia comience a hacer pruebas e investigaciones desde cero para ser capaces de diseñar un compuesto que pueda actuar como una vacuna contra la enfermedad.

El COVID-19 no es tan mortal

En otras publicaciones de la página hemos evaluado qué tan mortal puede resultar el SARS-CoV-2 en comparación con otros coronavirus como los causantes de la epidemia del SARS en el 2003 y del MERS en el 2012.

En ambos casos, ambas enfermedades tuvieron como fuente el coronavirus y a partir del mismo cada una mutó con sus propias particularidades. Cuando se presentaron, el SARS dejó atrás más de 500 fallecidos y el MERS más de 800.

Estas cifras comparadas con los más de 3.000 decesos marcados por el COVID-19 pueden hacernos pensar que este es mucho más mortal. Sin embargo, la verdad es que el mismo en realidad puede ser mucho menos dañino.

No obstante, el punto que cambia el juego acá tiene que ver con la capacidad de propagación del COVID-19. Ya que, el mismo no solo es altamente contagioso, sino que también es capaz de transmitirse incluso antes de que se muestren los primeros síntomas, por lo que es mucho más difícil de cercar y controlar.

Por ello, a pesar de que solo un pequeño porcentaje (20%) de los infectados con el SARS-CoV-2 sufren un caso grave e incluso menos fallecen por ello, la enorme propagación del virus (con ya más de 80.000 mil infectados) hace que las cifras alcancen estos grandes montos a pesar de que, en sí, la enfermedad no resulta tan mortal.