Durante los años 60 los estereotipos de género estaban muchísimo más marcados que hoy en día. Las mujeres eran vistas como amas de casa, madres o esposas, e imaginarlas como científicas importantes o personas de peso en el área de la salud era bastante complicado.

Sin embargo, hubo una mujer que rompió todas esas barreras en el mundo de la medicina: Dorothy Hodgkin. Esta científica se encargó de desarrollar una nueva técnica para la visualización de biomoléculas usando rayos X, con lo cual supimos cómo era la verdadera estructura del primer antibiótico: la penicilina.

Dorothy nació en El Cairo el 12 de mayo de 1910, hija de un trabajador del ministerio de Educación que se encontraba en constantes viajes de trabajo entre Egipto, Inglaterra y Sudán.

Desde siempre estuvo interesada en la química y los cristales. De hecho, a los 12 años se interesó por cierto mineral negro y brillante, por lo que le preguntó qué era a A. F Joseph, un científico muy cercano a su familia. La respuesta no fue el nombre del mineral, sino un kit de análisis de materiales.

A los 16 años, un regalo de su madre hizo que terminara de apasionarse por esta área: un libro del ganador del Premio Nobel de Física en 1915, Henry Bragg, titulado ‘The Nature of the Things’. En este, el autor explicaba una técnica que usaba los rayos X para analizar las estructuras de los cristales minerales denominada cristalografía de rayos X.

En esto, Dorothy encontró su profesión, a la cual fue dándole forma posteriormente en 1923, cuando ingresó en la Universidad de Oxford.

Contra la corriente

Estructura molecular de la Penicilina descubierta por Dorothy Hodgkin, 1964.

Para la época, ser una mujer y estudiar en la universidad era algo extremadamente raro. Las estadísticas dicen que había una estudiante por cada cinco hombres en Oxford, mientras que en Cambridge era una de cada ocho. No podían participar en los debates universitarios ni entrar a restaurantes a menos que estuvieran acompañadas de un hombre.

Aún así, Dorothy se mantuvo estudiando hasta culminar su licenciatura en química en el año 1932, motivada a la pasión por su carrera y también a una teoría que había estado rondando en su cabeza, pues ella estaba convencida de que no bastaba con hacer representaciones del mundo molecular, sino que realmente había que ver a las moléculas.

De esta forma, y gracias al apoyo del científico John Bernal al prestarle su laboratorio en Cambridge, Dorothy descubrió que era posible mezclar las ciencias, pues realmente no existen barreras entre cada disciplina. Así, gracias a su arduo esfuerzo, logró elaborar su tesis doctoral en la que capturó docenas de fotografías de cristales, estimó la intensidad de puntos luminosos por cada placa que tomaba y realizó cálculos que tomaron meses.

En el año 1934, luego de finalizar su doctorado, Dorothy volvió a Oxford para quedarse, desarrollando así su carrera científica.

Tumbando estereotipos

Luego de volver a Oxford, Dorothy hizo uno de los trabajos más extensos de su vida: descifrar la estructura de la insulina. Era tan complicado el procedimiento que lograrlo le llevó 34 años, culminando así en 1969.

Además, también logró ver la estructura molecular de la vitamina B-12 en el año 1956, la cual también es llamada factor anti-anemia perniciosa. Aquellas personas que no ingieren la cantidad suficiente de esta vitamina pueden sufrir daños graves, pues no producen la cantidad adecuada de glóbulos rojos. Descubrir su estructura molecular permitió sintetizar esta vitamina en cantidades suficientes, de forma que pudieran salvarse más vidas.

Sin embargo, uno de sus mayores logros fue el descubrimiento de la penicilina. El hallazgo de esta molécula y conocer finalmente su estructura tridimensional fue un gran avance para la ciencia, pues esto permitió la fabricación del primer antibiótico y también el posterior desarrollo de muchos fármacos más.

Este descubrimiento le haría ganar el Premio Nobel de Química en el año 1964, convirtiéndose en la tercera mujer en recibirlo, además de Marie Curie y su hija, Irene Joliot-Curie. Fue toda una hazaña que apreció en los periódicos, los cuales tenían titulares que rezaban “Premio Nóbel a esposa británica” y “Nobel para una esposa de Oxford”, además del hecho de que en las entrevistas le preguntaban cuál era su truco para compaginar su vida profesional con una vida doméstica plena.

Su trabajo ha sido fuertemente admirado dentro del ámbito científico, aunque también tuvo influencia en la política británica. De hecho, durante los años en los que impartió clases en la Universidad de Oxford, fue tutora de Margaret Thatcher, quien siempre le tuvo mucho aprecio. Cuando posteriormente se convirtió en la Primera Ministra del Reino Unido, Thatcher colgó un retrato de Dorothy en su despacho en Downing Street.

Gracias a mujeres como ella se han salvado muchas vidas y hemos dado un gran paso en cuanto al área de la biología. Sin duda alguna, Dorothy Hodgkin ha sido una gran referencia de la capacidad de las mujeres en el ámbito científico, así como también su forma de derrumbar estereotipos.