Décadas de investigación han descubierto una sorprendente organización del cerebro adulto en la que muchas funciones cognitivas se implementan en redes específicas de dominio especializadas para tareas particulares, como reconocer rostros o lugares.

Mucho se ha debatido sobre cómo surge esta organización cerebral, principalmente la cuestión de si el cerebro viene precableado con patrones de conexiones específicos de dominio ya existentes, incluso antes de que esas redes sean completamente funcionales, o si se forman por experiencia.

Primer vistazo

A fin de profundizar en esta cuestión, y valiéndose de imágenes de resonancia magnética funcional, un equipo de investigadores de la Universidad de Emory realizó un estudio cuyos resultados proporcionan el primer vistazo a la corteza visual de los recién nacidos.

El estudio encontró que en los recién nacidos, gran parte del andamiaje para la corteza visual humana ya está en su lugar, junto con los patrones de actividad cerebral.

Estos escáneres cerebrales en recién nacidos revelaron la neurobiología que subyace al comportamiento observado a las pocas horas de nacer, en el que la mirada de los bebés se dirige a los rostros, demostrando que a tan solo 6 días de edad, el cerebro de un bebé parece estar conectado para realizar las tareas especializadas de ver rostros y lugares.

Para el estudio, los investigadores obtuvieron imágenes cerebrales de 30 bebés con edades comprendidas entre 6 y 57 días (edad promedio de 27 días), mientras dormían. Para servir como controles, 24 adultos fueron escaneados en estados de reposo, despiertos pero no estimulados por nada en particular.

Similares a los adultos

Los resultados mostraron que las dos regiones de la corteza visual asociadas con el procesamiento facial se dispararon en sincronización en los bebés, al igual que las dos redes asociadas con los lugares.

Los patrones infantiles fueron similares a los de los participantes adultos, aunque no tan fuertes, un hallazgo que sugiere que hay espacio para que estas redes se sigan ajustando a medida que los bebés maduran hasta la edad adulta.

Para el estudio, los investigadores obtuvieron imágenes cerebrales de 30 bebés con edades comprendidas entre 6 y 57 días.

En referencia al estudio, el doctor Frederik Kamps, académico en el Departamento de Psicología de la Universidad de Emory y coautor de la investigación, manifestó:

“Hemos demostrado que el cerebro de un bebé tiene más parecido al cerebro de un adulto de lo que muchas personas podrían suponer. En los recién nacidos, gran parte del andamiaje para la corteza visual humana ya está en su lugar, junto con los patrones de actividad cerebral”.

Comprender cómo se organiza típicamente el cerebro de un bebé puede ayudar a responder preguntas cuando algo sale mal. Por ejemplo, si la red de la cara en la corteza visual de un recién nacido no se encuentra bien conectada, eso podría ser un biomarcador para trastornos asociados con una aversión al contacto visual, como la observada en el autismo.

Al diagnosticar el problema antes, señalan los autores del estudio, se podrían realizar intervenciones tempranas y aprovechar la increíble maleabilidad del cerebro infantil.

Referencia: Connectivity at the origins of domain specificity in the cortical face and place networks. PNAS, 2020. https://doi.org/10.1073/pnas.1911359117