La situación en Rusia durante el año 1917 no pintaba muy bien que digamos. El zar Nikolái Aleksándrovich Románov, o Nicolás II de Rusia, quien sin saberlo sería el último zar, se había encargado de manejar muy mal la situación económica, militar y social del país a lo largo de su mandato, lo cual en varias ocasiones se atribuye a su fanatismo religioso, pues decía que él era un enviado de Dios.

La verdad es que, gracias a la inmensa desigualdad económica entre los ciudadanos de este país, hubo una revolución en ese año contra el régimen zarista imperial que acabaría con la abdicación de Nicolás II y su posterior asesinato en 1918.

Sin embargo, hubo otro elemento que desató esta oleada de protestas y sucedió en el año 1914 por mandato del zar: la prohibición del vodka.

Fotografía de Nicolás II de Rusia

Esta medida vino dada gracias al inicio de la Primera Guerra Mundial en ese año, luego de que Nicolás II aprobara la movilización de agosto que daría inicio a este conflicto bélico. Para entonces, se necesitaba que los soldados estuvieran sobrios y preparados para entrar a la batalla y enfrentarse a los enemigos, así que prohibir la venta de esta bebida era la mejor manera de evitar soldados ebrios en combate.

Pero por supuesto que no estaba completamente prohibido, sino que era poco accesible. Las clases más bajas no podían comprarlo en las tiendas tal como lo hacían usualmente, pero el vodka aún era ofrecido en los restaurantes más caros de Rusia a las clases más altas de la sociedad.

Esta prohibición del vodka también tuvo una gran repercusión en la economía y colaboró a que se deteriorara, puesto que la venta de bebidas alcohólicas representaba una cuarta parte de los ingresos del Estado.

Mark Forsyth, autor de ‘Una borrachera cósmica’, explica en su libro que entre el año 1914 y 1917 fue el único período de tiempo en el que la gente estaba lo suficientemente sobria para darse cuenta de los grandes problemas que tenía el país, por lo cual se fue formando lo que posteriormente fue la revolución rusa.

Sin embargo, no se sabe a ciencia cierta si lo que destruyó al imperio zarista fueron los problemas económicos o la prohibición del alcohol. Forsyth se pregunta: “¿Acaso la pérdida de ingresos destruyó al Estado? ¿O tal vez la prohibición exacerbó la tensión social?”.

Lo que sí es cierto es que en 1918, Nicolás II y toda su familia fue asesinada en un sótano, y los gobernantes que le siguieron, como Lenin, mantuvieron la legalización del vodka, con lo cual tales levantamientos no siguieron ocurriendo en la misma medida. Bien lo dijo uno de los zares más importantes de Rusia, Vladímir el Grande: “Beber es la alegría de los rusos. Sin ese placer no existimos”.