Como explicamos meses atrás, existen alimentos que literalmente pueden hacernos más felices y no son precisamente los dulces y alimentos ultraprocesados que nos encantan. Estos últimos nos hacen sentir bien al momento, pero nos hacen sentir pesados, tienen muchas calorías vacías y conllevan a la obesidad, por lo que en nada contribuyen con nuestra felicidad.

En cambio, algunos más sanos y también deliciosos pueden ser mucho más eficientes en esta tarea. Por ejemplo, el chocolate negro, mientras tenga poca azúcar, puede ponernos de buen humor, al igual que los frutos secos.

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Mientras más felices somos, menor es el riesgo de padecer problemas de salud mental, como la depresión y la ansiedad. Y ahora una nueva investigación ha encontrado más evidencia de que la alimentación tiene mucha influencia, y lo que no comemos también.

El estudio del Canadian Longitudinal Study on Aging revela que los adultos que consumen pocas frutas y verduras tienen una mayor probabilidad de ser diagnosticados con un trastorno de ansiedad. Después de este, se resaltaron otros factores como la composición corporal, el estado civil, los ingresos familiares, los problemas de salud y el estado de inmigrante.

Bajo consumo de frutas y vegetales y composición corporal

El bajo consumo de frutas y vegetales tiene una fuerte influencia en la aparición de ansiedad.

El análisis, que incluyó información de 26,991 hombres y mujeres con edades comprendidas entre 45 y 85 años, demostró que aquellos que consumían menos de tres fuentes de frutas y verduras al día tenían 24 por ciento mayor de probabilidades de ser diagnosticados con trastorno de ansiedad.

Sin embargo, la ansiedad no solo puede ser estimulada por la alimentación, sino también por las medidas de composición corporal. Los investigadores resaltaron que con el aumento de más del 36 por ciento de la grasa total corporal, la probabilidad de que el trastorno de ansiedad se hiciera presente se incrementaba en más del 70 por ciento.

“El aumento de la grasa corporal puede estar relacionado con una mayor inflamación. La investigación emergente sugiere que algunos trastornos de ansiedad pueden estar relacionados con la inflamación”, dice Karen Davison, directora del laboratorio de informática de nutrición de la Universidad Politécnica de Kwantlen (KPU) y líder de la investigación.

Otros factores que influyen en la ansiedad

Los investigadores también observaron que había diferencias importantes en la prevalencia de la ansiedad en los participantes, las cuales pudieron clasificar de acuerdo al género, el estado civil, los ingresos, la presencia de problemas de salud adicionales e incluso la calidad de inmigrante en un estado.

Diferencias por género

Para empezar, una de cada nueve mujeres tenía un trastorno de ansiedad, lo cual supone una proporción significativamente mayor en comparación con la prevalencia de uno de cada quince observada en hombres. Estos hallazgos corroboran lo sugerido por estudios anteriores que encontraron a las mujeres más vulnerables a la ansiedad que los hombres.

El estado civil

Curiosamente, el estado civil de los participantes también influyó en la prevalencia de ansiedad. Aquellos que siempre habían estado solteros el trastorno se hacía presente en una proporción mayor que aquellos que vivían con una pareja.

Los ingresos familiares

Los ingresos familiares bajos se relacionan con mayor probabilidad de sufrir ansiedad.

De igual forma, los ingresos familiares también jugaron un papel importante. Aproximadamente uno de cada cinco encuestados con ingresos familiares inferiores a $ 20,000 por año tenía trastornos de ansiedad, una proporción que doblaba la prevalencia en personas con más dinero.

“No nos sorprendió descubrir que las personas en situación de pobreza tenían una prevalencia tan alta de trastornos de ansiedad; luchar por lo básico como alimentos y vivienda causa un estrés incesante y es inherentemente inductor de ansiedad”, explica el coautor Hongmei Tong, quien es profesor asistente de sociales en la Universidad MacEwan en Edmonton.

Los problemas de salud

El dolor y las enfermedades crónicas disminuyen la calidad de vida de las personas, lo cual aumenta la probabilidad de desarrollar ansiedad.

Y, como es de esperar, las personas que padecían de tres o más afecciones de salud tenían cinco veces más prevalencia de trastornos de ansiedad en comparación con aquellos que no sufrían ninguna enfermedad crónica.

De igual forma, las personas con dolor crónico tenían el doble de prevalencia de trastornos de ansiedad en comparación con las personas sin dolor. Sobre ello, el coautor Shen (Lamson) Lin , estudiante de doctorado en la Facultad de Trabajo Social Factor-Inwentash de la Universidad de Toronto (FIFSW) apunta:

“El dolor crónico y las múltiples condiciones de salud hacen que la vida sea muy impredecible y puede producir ansiedad. Uno nunca sabe si los problemas de salud interferirán con las responsabilidades laborales o familiares y si muchas actividades se vuelven más difíciles y requieren más tiempo”.

Estado de inmigrante

Tal es la variedad de factores que influyen en la aparición del trastorno que incluso el ser inmigrante en otro país puede afectar. Y no es de extrañar dado que, muchas de las personas que deciden abandonar su país para irse a otro, lo hacen buscando mejores condiciones de vida y experimentan xenofobia y dificultades para obtener empleo y establecerse.

“Los inmigrantes pueden enfrentar una miríada de desafíos asociados con el reasentamiento en un nuevo país, incluidas las barreras idiomáticas, la pobreza, las dificultades para que se reconozcan las calificaciones y el apoyo social limitado, por lo que parece contrario a la intuición que deberían tener una probabilidad menor de trastornos de ansiedad que los nacidos en Canadá” añade la autora, Esme Fuller-Thomson, profesora en FIFSW y directora del Instituto para el Curso y Envejecimiento de la Vida.

Pero en este caso, los inmigrantes a Canadá tuvieron una menor prevalencia de trastornos de ansiedad (6.4 por ciento) en comparación con sus pares nacidos en Canadá (9.3 por ciento).

“Puede ser que los inmigrantes potenciales con trastornos de ansiedad encuentren los desafíos de la reubicación demasiado inductores de ansiedad y, por lo tanto, no elijan inmigrar, por lo que existe una ‘autoselección’ para aquellos con menor ansiedad”.

Davison estima que 10 por ciento de la población mundial sufrirá trastornos de ansiedad, uno de los problemas de salud mental más arraigados en nuestros tiempos y que, contrario a lo que muchos piensan, puede causar discapacidad. Así que estos resultados son dignos de atención a pesar de haber sido obtenidos por medio de autoinformes: considerar cada uno de estos factores dentro de nuevos enfoques podría resultar efectivo para contrarrestar esta prevalencia.

Referencia:

Nutritional Factors, Physical Health and Immigrant Status Are Associated with Anxiety Disorders among Middle-Aged and Older Adults: Findings from Baseline Data of The Canadian Longitudinal Study on Aging (CLSA). https://www.mdpi.com/1660-4601/17/5/1493

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