Cuidar nuestros hábitos alimenticios es algo absolutamente necesario. Es en este punto en que muchos empiezan a recordar los beneficios de los que ya hemos hablado: una buena alimentación puede ayudarnos a mantenernos en un peso saludable y evitar los problemas derivados del sobrepeso y la obesidad, como enfermedad cardíaca y cáncer.

Pero hablemos de otros efectos más inmediatos, que pueden incluso permanecer durante un buen tiempo si somos disciplinados: los que tiene sobre nuestro estado de ánimo. Un estudio reciente encontró que el bajo consumo de frutas y verduras está relacionado con la ansiedad, lo cual en cierta forma deja evidencia de lo que mencionamos en nuestro artículo sobre alimentos para ser felices: nuestra dieta puede tener un gran impacto sobre nuestro bienestar emocional.

Si hemos comido bien y nos sentimos animados, es probable que nuestro desempeño sea bastante positivo durante el día, e incluso si cometemos algún error, podríamos buscarle solución al problema de mejor manera.

Estómago vacío: el peor aliado a la hora de tomar decisiones

¿Pero qué pasa si nos saltamos la comida? “Solo es el desayuno, la comida importante es la del mediodía” pensarán muchos, pero nada tan errado como ello. De hecho, tanto lo que comemos como la hora en que lo hacemos puede hacer la diferencia en nuestra respuesta hacia las diferentes situaciones a las que nos enfrentamos a diario.

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Y existe evidencia científica de ello. Un estudio reciente realizado por investigadores de la Universidad de Dundee encontró que las personas con el estómago vacío tienen muchas más probabilidades de conformarse con recompensas más pequeñas antes que recompensas más grandes que requieren esperar un poco más. ¿Recuerdan nuestro artículo sobre el autocontrol en este tipo de situaciones?

“Estar hambriento podría causarle impaciencia, estrés e irritación, por lo que sería mejor comer antes de tomar una decisión importante”. Así lo explica la experta Alissa Rumsey, propietaria de  Alissa Rumsey Nutrition and Wellness.

En cambio, cuando ya nuestra hambre ha sido saciada, nuestro instinto se aplaca un poco y estamos en mejores condiciones para analizar de manera más racional los beneficios de la gratificación diferida.

Neurociencia básica: serotonina y comida

La serotonina es la hormona de la felicidad, y podemos estimular su producción a través de la dieta.

De modo que el primer paso para tomar una decisión importante, antes de analizar a detalles los pros y los contras de cada una de las opciones disponibles, es decidir qué comer. ¿Pero puede algún tipo de alimento hacer que nuestro cerebro sospese bien las alternativas? Parece que sí.

Un estudio realizado por los investigadores de la Universidad de California, Los Ángeles y la Universidad de Cambridge, encontraron que las personas con niveles más bajos de serotonina tenían más probabilidades de tomar decisiones que no las beneficiaban, en comparación con aquellas con niveles normales de serotonina.

La serotonina es un neurotransmisor de gran importancia en nuestro estado de ánimo, y cuando sus niveles están bajos, estamos de mal humor. Por ejemplo, cuando es hora de comer y aún no lo hemos hecho.

Aminoácidos y carbohidratos para producir serotonina

Para producir esta sustancia, el cerebro necesita aminoácidos, esas famosas moléculas relacionadas con los músculos y la vida. Uno de ellos es el triptófano, un aminoácido primario que interviene en la química alegre de nuestro cerebro. Este puede encontrarse en carnes y quesos, mientras que los veganos pueden adquirirlo también de semillas de calabaza y tofu, entre otros.

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Las personas que siguen dietas vegetarianas pueden obtener aminoácidos de las semillas de calabaza y el tofu.

Sin embargo, procesar los aminoácidos para producir serotonina puede tomar algo de tiempo, pues antes deben producir niacina. Lo bueno es que hay un botón de aceleración saludables: buenos carbohidratos en nuestro platillo.

Los carbohidratos permiten producir la famosa insulina, que permite procesar los aminoácidos de la sangre y dirigir el triptófano rápidamente al cerebro. Pero por supuesto, todo con equilibrio. ¿Has notado que cuando consumes una porción grande de carbohidratos y azúcares tu cuerpo se adormece y no puedes luchar contra ello? Queremos tomar una buena decisión, no dormir (aunque muchas veces ambas coincidan), por lo que no debemos excedernos con las porciones.

Además de comer aminoácidos y carbohidratos en porciones prudentes, el tiempo en que lo hacemos también es digno de consideración. Eso de que comer lento te ayuda adelgazar no es tan mito, pues 20 minutos después de que empezamos a comer es probable que ya nos hayamos llenado, incluso sin haber acabado nuestro plato. Pero si tenemos que tomar una decisión importante, también podría ayudar comer un poco antes para que nuestro cuerpo procese los alimentos y se ajuste nuevamente.

“Comer un equilibrio de carbohidratos, proteínas y grasas es una buena opción, ya que esto lo satisfará por más tiempo y mantendrá estables sus niveles de azúcar y energía en la sangre”, añade Rumsey. “Además, considere comer una comida o comida que realmente le guste y disfrute, ya que esto puede ayudar a reducir los niveles de estrés”. Hola, serotonina, hola buen humor, ¡hola buenas decisiones!

La vida consiste en tomar decisiones casi a cada segundo. Dicho esto, no estaría de más tomar en cuenta el factor comida antes de tomar decisiones importantes como expresar nuestros sentimientos a alguien, terminar una relación, aceptar un empleo o hacer una compra importante. Un estómago vacío probablemente no sea nuestro mejor aliado.

Referencia:

What to Eat Before Making a Big Decision. https://www.dollarshaveclub.com/content/story/what-to-eat-before-making-a-big-decision