La llegada del coronavirus a nuevas fronteras está dejando al mundo en una situación cada vez más preocupante. Día a día, nos esforzamos por mantenernos informados sobre el mismo y su avance.

Asimismo, consumimos cada pequeño pedazo de información nueva que puedan ofrecernos sobre el mismo, de forma que, podamos estar lo más protegidos posible contra el mismo y lo más prevenidos sobre sus efectos.

Actualmente el mundo cuenta con un sistema de monitoreo que ha permitido seguirle el rastro a la enfermedad y hacer lo mejor posible por contenerla. Este se maneja en varias etapas y se ha convertido en casi el protocolo estándar que han seguido las naciones que se han visto afectadas.

Sin embargo, este seguimiento está probando ser cada vez menos efectivo a medida que nos damos cuenta de que es necesario comenzar a contrarrestar la enfermedad en lugar de solo perseguirla.

Detección temprana

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El primer punto en el que se afincan las naciones con respecto al coronavirus tiene que ver con la detección del mismo. Sus síntomas, por lo general, suelen ser muy similares a los de un resfriado común.

Por lo que, es de vital importancia que las personas, al notarlos, vayan de inmediato a hacerse las pruebas necesarias de forma que se pueda determinar si han quedado o no contagiados.

Sin embargo, la similitud de estos síntomas con los de la gripe, la existencia de extraños casos asintomáticos de la enfermedad y el hecho de que al menos dos tercios de la primera oleada del virus que salió de China antes de que cerraran la ciudad de Wuhan aún no han sido detectados hacen que la detección temprana de los brotes empiece la carrera cojeando.

Ya que, aunque ha sido posible rastrear algunos hilos de contagio, lo más probable es que muchas otras cadenas de trasmisión de la enfermedad aún permanezcan sin ser reconocidas. Debido a lo cual, mientras por un lado de descubre un brote, por el otro podría estarse desarrollando otro sin ser detectado.

Pruebas médicas

El segundo paso del proceso viene casi de la mano por completo con el primero. Ya que parte de la detección temprana implica someterse a las pruebas para determinar la presencia o no del SARS-CoV-19 en el organismo.

Las mismas han demostrado ser altamente exactas, sobre todo cuando el COVID-19 se encuentra en sus primeras y más contagiosas etapas. Algunos incidentes ocurridos con tres pasajeros del Diamond Princess en Japón, que dieron positivo para la enfermedad en sus países, pero no al bajar del crucero, han hecho que se dude sobre la veracidad de estas pruebas.

Sin embargo, en la mayoría de los casos han acertado con bastante exactitud. Lo que haría de esta eventualidad una posible confusión o excepción a la regla. En cualquier caso, no se puede ignorar por completo que, es claro que la prueba suele ser más efectiva dependiendo del estado de la enfermedad, por lo que, no es 100% infalible.

Cuarentenas y contención

En caso de que una persona detecte los síntomas, se le haga la prueba y de positivo, entonces aquellos con quienes haya compartido en las últimas semanas también podrían estar en riesgo. Por ello, acá es cuando se deben aplicar los períodos de cuarentena para determinar si la enfermedad logró trasmitirse a alguno de ellos.

Lastimosamente, incluso ahora no se tiene una idea clara del tiempo que verdaderamente se tarda la enfermedad en hacer presencia. Por un lado, la mayoría estima que el tiempo máximo es de unos 10 días, por lo que se propone una cuarentena de 14.

No obstante, algunos casos que se han ubicado sugieren que el virus es capaz de mantenerse inactivo hasta casi 30 días. Los médicos han refutado esto último haciendo alusión a que, en cualquier caso, ello se referiría a una excepción a la regla y que, lo importante es enfocarse en los casos promedio, ya que son los más propensos a ocurrir.

De cualquier modo, esto de nuevo deja ver que, aunque se está construyendo un marco referencial, aún existen muchas lagunas que no permiten saber exactamente cómo reaccionar ante un posible contagio.

Los periodos de cuarentena, además de servir para identificar si el virus ha conseguido nuevos anfitriones, sirven como una medida preventiva para evitar la proliferación del coronavirus en un área determinada a través de una cadena de contagio. Sin embargo, como la detección del mismo puede llegar a ser tardía y es difícil tener un control de todos los individuos con los que el paciente ha interactuado, usar este tipo de métodos de contención se ha convertido en una tarea cada vez más difícil.

El COVID-19 está más allá de las capacidades del sistema de control actual

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En todas las etapas que podemos ver del sistema de monitoreo y contención del coronavirus podemos ver dos problemas comunes. Por un lado, la falta de información más exacta hace que muchos de los procesos se entorpezcan o no sean tan eficientes como podrían.

Del otro lado, vemos que los actuales métodos, aunque podrían ser útiles para combatir un brote pequeño, definitivamente ya no se dan abasto para una epidemia como la del coronavirus. Por lo que, podría ser momento de que los organismos internacionales comiencen a cambiar su enfoque.

A medida que aparecen más y más brotes en diferentes partes del mundo y se generan nuevos puntos de proliferación de la enfermedad, queda claro que es momento de comenzar a contrarrestar en lugar de solo contener.

Ahora más que nunca es necesario que se trabaje con más ahínco en la búsqueda de una cura o una forma de luchar contra los efectos de la enfermedad –sobre todo para ese 20% de los casos que verdaderamente mostrarán condiciones que amenacen la vida de los individuos. Todo ello de forma que a partir de ahora se trate de contener del virus, sino de luchar contra sus efectos hasta erradicarlo.