Si alguna vez te has enamorado, seguro habrás sentido cosas raras en tu estómago y en tu corazón. Pero intentando no ilusionarte demasiado rápido recurriste a tu cerebro, que es más racional. O al menos eso es lo que nos han vendido durante un buen tiempo.

Es una situación recurrente y muy común entre los humanos. Incluso los más reacios habrán sentido amor en algún momento de su vida hacia alguien, así que no es tan difícil ponernos en contexto. Tal es su importancia que incluso hay días especiales para celebrarlo, como el recientemente celebrado Día de San Valentín, y hay símbolos específicos para denotarlo, como el emoji del corazón rojo.

Lo gracioso es que a pesar de que las campañas de marketing nos han vendido el corazón como la radio humana de las emociones, lo cierto es que este es mucho más lógico y racional de lo que pensábamos. Incluso más que el cerebro.

Curiosamente, este último participa mucho más en el tema de las emociones. A la hora de repartir culpas por nuestra impulsividad o falta de reactividad, probablemente el cerebro se llevaría la mayor parte. Dentro de este enigmático órgano existen estructuras específicas en las que ocurren una variedad de procesos químicos que dan lugar a las cosas extrañas y empalagosas que hacemos cuando nos enamoramos, e incluso cuando algo no nos gusta para nada.

¿Cómo empezó a asociarse el corazón con las emociones?

Existen varias teorías que intentan explicar el origen de esta idea. Una de ellas reside en la mitología griega por Dioniso, el dios del placer y lo comúnmente relacionado con ello: sexo. Sin embargo, también pudo surgir de los antiguos egipcios, que creían que el corazón era el centro de nuestro ser, donde se alojan nuestras emociones y, por tanto, el amor.

Sin embargo, la ciencia ya nos ha explicado de diferentes formas y desde hace mucho tiempo que la función del corazón no es hacernos sentir enamorados, sino bombear sangre oxigenada dentro de nuestro cuerpo.

Se trata de un músculo poderoso que lleva a cuestas la importante función de asegurar que los otros músculos que componen el cuerpo, así como sus huesos y el imprescindible cerebro, tengan los recursos necesarios para funcionar. Más que un cúmulo de emociones, el corazón es una especie de bomba robótica que no piensa demasiado en lo que hace, simplemente lo hace… Y sin querer hemos encontrado otra similitud con los populares memes.

¿De dónde provienen las emociones?

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Las emociones no provienen del corazón, sino del sistema límbico del cerebro.

Entonces, si no surgen en nuestro corazón bombeador de sangre, ni tampoco de nuestro estómago, ¿de dónde provienen las emociones que experimentamos, que hacen que nos guste o desagrade alguien y que nos hacen actuar como idiotas más seguido de lo que deberíamos?

Pues irónicamente, aunque el cerebro sea vinculado con la parte racional en la cultura popular, lo cierto es que las emociones provienen del sistema límbico de nuestro cerebro. Específicamente de la amígdala. Lo sabemos, no suena nada romántico.

Esta región está compuesta por dos, una ubicada en cada hemisferio del cerebro, y su función principal es regular nuestra respuesta emocional ante los estímulos provenientes del mundo exterior. Gracias a la amígdala podemos reaccionar cuando nuestra pareja nos mima o cuando nuestro jefe nos regaña.

¿Es el cerebro más lógico que el corazón?

Es probable que no. Aún en estos tiempos nuestro cerebro sigue siendo misterioso, incluso para los neurocientíficos. Y a pesar de que el lóbulo frontal del mismo se encarga de la lógica, de la razón, eso que supuestamente evita que actuemos de forma incongruente, aún es apresurado pensar que todo lo referente a él es racional.

En cambio, un corazón que funciona correctamente puede emitir 60 y 100 latidos por minutos estando en reposo durante toda su vida, un ritmo que puede alterarse con el ejercicio, por ejemplo. Y de hecho hay mucha lógica en ello: este ritmo es necesario para suministrar sangre al resto del cuerpo y garantizar su funcionamiento, por lo que no puede permitirse titubeos.

La conclusión es bien clara: el corazón no es el culpable de que actúes diferente cuando te enamoras, es el sistema límbico de tu cerebro. Acláralo la próxima vez que alguien te pida uses tu cabeza y seas más racional. ¡Y piénsalo dos veces antes de recomendárselo a alguien más!

Referencia:

How the Heck Did Our Hearts Become Synonymous With Love, and Our Brains With Logic? https://www.dollarshaveclub.com/content/story/how-the-heck-did-our-hearts-become-synonymous-with-love-and-our-brains-with-logic