El sexo ha sido un tema tabú por siglos, incluso en la actualidad, para muchos hablar de él puede resultar inapropiado. Sin embargo, afortunadamente, con el avance de las sociedades y sus culturas cada vez es más aceptado el hecho de que este se trata de un tema que debe tocarse.

Estar más educado sobre el tema siempre será un beneficio para la propia salud y para la de los demás. En la actualidad, ya han sido infinidades de tópicos, mitos y creencias las que se han estudiado y comprobado, o no, sobre el sexo.

Ahora una nueva pregunta, simple pero que nos llena de curiosidad ha surgido: ¿a qué huele el sexo? Es cierto, dependiendo de las experiencias, lugares y ambientes esta respuesta puede cambiar en los detalles.

Entonces, ¿a qué huele el sexo?

Es claro que existe una base característica que nos hace reconocerlo. Sin embargo, es poco probable que logremos apuntar en detalle cuál es esta sin conocer la misma a más profundidad. Por ello, para intentar disipar esta incógnita trataremos de desglosar el olor en sus partes principales.

Primer componente: el sudor

El sudor es uno de los líquidos constantemente segregados por el cuerpo. Su presencia en nuestro organismo es signo de salud y de que este está funcionando adecuadamente.

A través del sudor, nos deshacemos de toxinas y también protegemos nuestra piel contra bacterias que puedan estar sobre la misma. Principalmente, el sudor está compuesto por agua seguida de carbohidratos, sal, más de 90 proteínas y urea (producto de la digestión y la formación de aminoácidos).

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Por sí solos, ninguno de estos compuestos tiene olor, pero, al entrar en contacto con el aire y comenzar a evaporarse junto con las bacterias que hay en el cuerpo el aroma comienza a hacerse presente. A mayor la concentración de bacterias, más fuerte el olor que emite el sudor.

Por ello, áreas como las axilas o como los genitales suelen tener aromas más intensos que el rostro, el pecho o el torso de nuestro cuerpo. Nuestro cuerpo constantemente suda y realiza estos procesos y durante actividades físicas como el ejercicio o el sexo, la cantidad de sudor aumenta, no solo por los motivos antes mencionados, sino como un modo de temperar el cuerpo.

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Debido a esto, es normal que el olor a sudor, por más leve que sea, se mantenga en el aire luego del coito. Sumado a ello, el organismo durante estas actividades libera hormonas conocidas como feromonas, que manejan la atracción y la excitación. Estas en realidad no tienen un olor particular, sin embargo, son detectadas por el organismo de la pareja, lo que hace que su reacción ante el olor del sudor pueda ser un poco distinta a la que tendría si viera a su pareja venir de una sesión de ejercicios. Al fin y al cabo, es posible que las feromonas sean las causantes de esa aura “distinta” que deja el olor del sudor en el aire.

Segundo elemento: fluidos corporales

La siguiente constante a considerar durante el sexo que puede colaborar con el aroma total del mismo se trata de los fluidos corporales. Al tener relaciones lo único que produce el cuerpo no es sudor. Tanto el hombre como la mujer producen sus propios fluidos que funcionan como un medio para lubricar el canal vaginal y también para hacer posible el ritual de la reproducción. No obstante, aunque ambos segregan sus propios fluidos, la forma en la que estos están compuestos o reaccionan no es la misma.

El semen

Por parte del hombre, nos encontramos con el semen en el cual se encuentran los espermatozoides encargados de la fecundación de los óvulos de la mujer. Dentro de este fluido viscoso y de su telonero, el líquido preseminal, podemos encontrar, en diferentes cantidades muchos más elementos que solo los espermatozoides.

Además de lo ya mencionado, el semen también está compuesto por proteínas, fosfatos, citratos y fructosa, entre otros componentes menos abundantes como el zinc. Este, a diferencia de los líquidos vaginales, tiene un aroma más intenso y mucho más fácil de distinguir en el aire.

Los líquidos vaginales

Por otra parte, nos encontramos con las secreciones vaginales de la mujer, que aumentan en cantidad durante la relación sexual, pero que en realidad son una constante durante casi todo su ciclo fértil. Esta secreción se genera en el cuello uterino y las glándulas de Bartholin y contiene menos elementos que el semen. Resumidamente, está compuesta de agua, mucosa y células muertas que se encuentran en las paredes del aparato reproductor.

Básicamente, este se trata de una especie de “lubricante” natural que la vagina se encarga de producir constantemente para mantener el área libre de fricciones innecesarias. Durante el sexo, esta cantidad aumenta para facilitar el movimiento.

Dependiendo del punto del ciclo menstrual en el que la mujer se encuentre, el color y la densidad del líquido vaginal puede cambiar. En los momentos más fértiles el tono es transparente y la textura líquida, en los menos fértiles nos encontramos con un elemento más blancuzco y mucho más grumoso.

En general, estos líquidos, si tienen su pH estabilizado, no deberían tener un olor muy fuerte. Algo que sí ocurría en caso de que hay un desequilibrio en el nivel de acidez de los mismos.

La magia pasa en la mezcla

Como lo vemos, cada uno de estos elementos tiene una esencia característica. Sin embargo, ninguna de ellas por sí sola llega a generar ese “olor a sexo”. Podría decirse que, el mismo llega cuando los líquidos vaginales (soluciones ácidas) se encuentran con el semen y el líquido preseminal (soluciones alcalinas o neutras).

Al ser opuestos se neutralizan mutuamente. Lo que hace que sus olores individuales se disipen y se cree una nueva esencia fruto de la mezcla de ambos elementos.

El tercero de la fila: los elementos externos

Para completar la trinidad que puede llevarnos a reconocer los componentes del olor del sexo nos encontramos con factores externos como condones, lubricantes y aceites. Cada uno de ellos cuenta con sus propios olores particulares.

Y, además, dependiendo de cada persona, sus componentes son capaces de reaccionar con su piel y generar un olor propio de la mezcla entre los químicos externos y el individuo. Generalmente este tipo de elementos también están presentes durante una relación sexual, por lo que, sus esencias comienzan a ser parte de lo que podemos reconocer como el olor del sexo.

Más que la suma de las partes

Más allá de simplemente decir que el olor del sexo es la suma de todo lo antes mencionado, cabe destacar que se trata de la interacción y creación de nuevos elementos a través de los antes enlistados.

El olor del sexo en efecto, está constituido por todos estos componentes naturales humanos como el sudor y los fluidos corporales, así como los elementos externos como los condones, lubricantes u otros aceites que puedan usarse durante el coito. Sin embargo, el resultado final se trata, por cada pareja, e incluso por cada acto, de un elemento único que depende de todas y cada una de las variables que influyen en cada componente del aroma.

Los ciclos del cuerpo, la salud y alimentación de la persona a pesar de poder tener similitudes con otras son principalmente únicos. Por lo que, la composición de sus secreciones también lo será.

En consecuencia, la forma en la que estas reaccionen con las de otros individuos, así como con otros elementos externos será propia de la persona. Finalmente, llegamos a caer en cuenta de que, aunque en general el olor del sexo esté compuesto de los mismos elementos básicos, el resultado final será algo único que solo se crea a través de la interacción de la pareja.

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