El uso de combustibles fósiles libera mucho más gas metano de efecto invernadero de lo que se pensaba, hasta un 40 por ciento más, sugieren los resultados de una reciente investigación.

El hallazgo podría ayudar a los científicos y a los responsables de formular políticas a determinar cómo y dónde reducir estas emisiones que son un contribuyente importante al calentamiento global.

Potencial de calentamiento

La cantidad de metano liberado de fuentes geológicas, en lugar de biológicas, es de 172 a 195 teragramos (billones de gramos) por año. Esas fuentes geológicas de metano incluyen no sólo la industria del petróleo y el gas, sino también los respiraderos naturales como las filtraciones de gas en tierra y en el mar.

Los investigadores habían estimado anteriormente que la porción natural de esas emisiones geológicas liberaba entre 40 y 60 teragramos de metano cada año, y el resto provenía del uso de combustibles fósiles.

Para separar las fuentes geológicas naturales de las causadas por el hombre, el equipo recurrió al metano preservado en los núcleos de hielo de Groenlandia.

Pero nuevos análisis del metano conservado en el hielo sugieren que los rezumaderos naturales, tanto en el pasado como en la actualidad, envían mucho menos metano a la atmósfera de lo que se pensaba. Esto significa que las actividades humanas modernas son responsables de casi todas las emisiones geológicas actuales de metano.

El potencial de calentamiento de la atmósfera del metano es unas 80 veces mayor que el dióxido de carbono (CO2), pero en escalas de tiempo cortas, ya que el metano sólo permanece en la atmósfera de 10 a 20 años, mientras que el CO2 puede permanecer durante cientos de años. Así que los cambios que se realicen en las emisiones de metano van a impactar en la atmósfera mucho más rápidamente.

La minería de carbón, el gas natural y otras fuentes de combustible fósil impulsaron los niveles de metano atmosférico al alza a lo largo del siglo XX. Esas emisiones disminuyeron en los primeros años del siglo XXI. Sin embargo, a partir de 2007, el metano atmosférico comenzó a aumentar de nuevo, y ahora se encuentra a un nivel no visto desde la década de 1980.

Si las emisiones de metano siguen aumentando, será difícil cumplir los objetivos de reducción de gases de efecto invernadero del Acuerdo de París de 2015. Por lo tanto, la identificación de la porción de la protuberancia de metano que está vinculada a la industria del petróleo y el gas ofrece oportunidades para realizar reducciones específicas.

Paradójicamente es un hallazgo esperanzador

Para calcular las actuales emisiones de metano de todas las fuentes geológicas, los científicos deben establecer primero una línea de base para las emisiones de metano preindustriales de fuentes naturales como filtraciones y volcanes de lodo.

Una forma de distinguir las fuentes biológicas de las geológicas de metano es utilizando el isótopo radioactivo carbono-14, una versión del elemento. Las fuentes biológicas producen metano con niveles relativamente altos de carbono-14, mientras que el metano de las fuentes geológicas tiende a ser muy antiguo, por lo que el carbono-14 ya se ha descompuesto.

Los investigadores encontraron que el uso de combustibles fósiles libera mucho más gas metano de lo que se pensaba, hasta un 40 por ciento más.

Para separar las fuentes geológicas naturales de las causadas por el hombre, los investigadores necesitaron mirar al pasado. Así que, el equipo de investigación recurrió al metano preservado en el hielo de Groenlandia, extrayendo núcleos que datan de 1750 a 2013.

El equipo descubrió que las emisiones de metano de las fuentes geológicas previas a la Revolución Industrial, eran de alrededor de 1,6 teragramos por año en promedio, y no más de 5,4 teragramos por año en su punto más alto. Eso es un orden de magnitud menor que las estimaciones anteriores.

Restando esa cantidad del total de las emisiones de metano actuales, los investigadores calcularon que casi todo el metano no biológico medido hoy en día, de 172 a 195 teragramos por año, proviene de fuentes antropogénicas. Eso es entre 38 a 58 teragramos más por año de lo que se había estimado anteriormente, lo que representa un aumento de 25 a 40 por ciento.

Paradójicamente, explican los investigadores, en realidad se trata de un hallazgo esperanzador. Detener las fugas de gas y reducir las emisiones de las minas de carbón son formas relativamente fáciles de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Por lo tanto, la reducción de las emisiones de metano ofrece “una oportunidad aún mayor” para reducir los gases de efecto invernadero en general.

Referencia: Preindustrial 14CH4 indicates greater anthropogenic fossil CH4 emissions. Nature, 2020. https://doi.org/10.1038/s41586-020-1991-8