¿Alguna vez te propusiste obtener las mejores calificaciones al principio del semestre, pero luego al final los resultados fueron bastante diferentes a los esperados? No se trata de una situación limitada al ámbito académico, ocurre también a la hora mejorar la alimentación, volverse más activo e incluso al emprender un negocio.

Un equipo de especialistas de la Universidad Queen Mary de Londres se ha interesado por este tema, y en su artículo publicado en la revista Behavioral Brain Research explican por qué con tanta frecuencia las personas hacen planes poco realistas que están condenados al fracaso.

El esfuerzo puede hacernos olvidar la recompensa

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Cuando las personas son conscientes de la cantidad de esfuerzo que deben hacer para obtener la recompensa pueden sentirse desmotivadas.

Los investigadores estudiaron la compleja relación entre el esfuerzo y la recompensa a través de experimentos diseñados para medir dos formas diferentes de esfuerzo:  el físico y el mental. Midieron el primero por la acción de apretar un joystick, mientras el segundo lo midieron a través de la resolución de ecuaciones matemáticas simples.

Los participantes tuvieron la oportunidad de elegir diferentes opciones que combinaban un esfuerzo alto o bajo con una recompensa financiera alta o baja. Fue así como los científicos descubrieron que se guiaban por el nivel de recompensa financiera ofrecida, pero a la hora de ejecutar las tareas, su rendimiento dependía de la cantidad real de esfuerzo que tenían que hacer, y no de la motivación monetaria.

Los resultados obtenidos fueron similares tanto para los experimentos basados en esfuerzo físico y mental: una vez dentro del juego, los participantes centran su atención en la dificultad del esfuerzo a realizar.

No hay relación entre la cantidad de recompensa y el esfuerzo

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Para lograr nuestros objetivos, es necesario ser realistas sobre el esfuerzo que nos tomará cada paso en el camino.

La Dra. Agata Ludwiczak, investigadora de la Universidad Queen Mary de Londres y autora principal del estudio, explica que el sentido común nos hace creer que la cantidad de esfuerzo que ponemos en una tarea es proporcional con el nivel de recompensa que esperamos por ella. Sin embargo, “a menudo las altas recompensas no son suficientes para garantizar que las personas se esfuercen para alcanzar sus objetivos”.

De modo que la conclusión inequívoca es que no existe una relación directa entre la cantidad de recompensa que está en juego y la cantidad de esfuerzo que la gente realmente hace. Los investigadores sugieren que la clave para lograr lo que nos proponemos es considerar el esfuerzo antes de abordar la tarea y luego fijar la recompensa como motivación.

Y si bien no todo en la vida implica sacrificios, muchas cosas sí lo requieren. Sacrificio porque para lograr nuestro objetivo, es decir, obtener nuestra recompensa, deberemos poner una cantidad de esfuerzo y enfrentar dificultades a menudo no estimadas con antelación. Es por ello que lo principal para resultar exitosos en lo que nos propongamos es ser realistas. Así nos evitaremos muchos desaciertos.

Referencia:

Redefining the relationship between effort and reward: Choice-execution model of effort-based decisions. https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0166432819313889?via%3Dihub