La vejiga hiperactiva es un complejo de síntomas que tiene una afectación poblacional que oscila entre el 9 y el 43 por ciento de las mujeres y entre el 7 y el 27 por ciento de los hombres.

Esta común condición se distingue por la presencia de síntomas molestos de urgencia urinaria, aumento de la frecuencia y nocturia (despertarse en la noche para vaciar la vejiga), en ausencia de una infección comprobada u otra patología evidente.

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Un paso importante

Los síntomas característicos de la condición producen sentimientos de angustia que terminan por perturbar la vida de quienes la padecen, por lo que resulta frecuente que las personas con vejiga hiperactiva se sientan avergonzadas y tiendan a aislarse o limitar su vida laboral y social.

Algunos de los afectados por la condición optan por el uso toallas sanitarias o pañales desechables, mientras que a otros les preocupa que incluso valiéndose de estos recursos, huelan a orina, por lo que prefieren quedarse en casa.

Si los ensayos clínicos confirman el desarrollo, permitiría que el tratamiento de la afección comience mucho antes de que los síntomas se profundicen.

Diagnosticar una vejiga hiperactiva es, en el mejor de los casos, un proceso engorroso. Los médicos primero deben descartar una amplia gama de posibles enfermedades y afecciones con los mismos síntomas, incluidos algunos tipos de cáncer, diabetes tipo 2, cistitis e infecciones del tracto urinario.

Muchas de las pruebas disponibles no son precisas como para dar un resultado claro, prolongando la búsqueda de un diagnóstico por parte de los médicos. Este contexto revela la evidente necesidad de contar con mejores formas de identificar la condición e iniciar un tratamiento oportuno.

En lo que representa un importante paso para abordar esta problemática, un equipo de investigadores de la Universidad de Portsmouth identificó químicos en la orina que son específicos de la vejiga hiperactiva.

Potenciales implicaciones

El hallazgo podría fundamentar el desarrollo de un dispositivo, similar a una prueba de embarazo, que indique si estos marcadores químicos están presentes, y de ser ese el caso, iniciar el tratamiento temprano de la afección, incluso mucho antes de que los síntomas hayan obligado a un paciente a usar productos sanitarios o limitar su vida social.

Tal dispositivo sería preciso, fácil de usar, no sería necesario su procesamiento en un laboratorio, estaría disponible en farmacias y evitaría que millones de pacientes se sometan a procedimientos dolorosos y largas esperas para un diagnóstico.

Los trastornos urinarios afectan al 20 por ciento de la población en general. Se estima que a la edad de 50 años, una de cada tres personas padecerá de un trastorno urinario.

Los investigadores informan que las pruebas preliminares han arrojado buenos resultados y puntualizan que el dispositivo podría estar probándose en ensayos clínicos entre 12 a 24 meses.

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En cuanto a las potenciales implicaciones del hallazgo, el doctor John S. Young, afiliado a la Escuela de Farmacia y Ciencias Biomédicas de la Universidad de Portsmouth y autor principal de la investigación, comentó:

“Este es el primer paso para transformar la vida de millones de personas que sufren en silencio, demasiado avergonzadas para salir o incluso hablar sobre su condición. No es exagerado decir que esto podría cambiar el juego”.

Referencia: New participant stratification and combination of urinary biomarkers and confounders could improve diagnostic accuracy for overactive bladder. Scientific Reports, 2020. https://doi.org/10.1038/s41598-020-59973-6

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