La domesticación de perros, que es el primer ejemplo de cría de animales y el único tipo de domesticación que se cree que ocurrió antes del advenimiento de la agricultura, probablemente comenzó como una serie de procesos de protodomesticación que implicó cambios lentos y no deliberados en la relación entre los humanos y los canes a lo largo de milenios.

Los datos morfológicos y genéticos confirman que los perros (Canis familiaris) son descendientes de los lobos grises euroasiáticos (Canis lupus). Las primeras asociaciones entre humanos y lobos, indicativas de recursos y territorios compartidos, se remontan a varios cientos de miles de años.

Proceso de domesticación

Sin embargo, los cambios osteoscópicos fuertemente sugestivos de la domesticación de perros no aparecen hasta el periodo Auriñaciense. Hacia 16.000 a 12.000 años antes de Cristo, los perros domésticos se habían establecido y estaban presentes en sitios de Europa occidental, Asia y América del Norte.

Se desconoce por qué los lobos se integraron en la sociedad humana, pero podrían haber cumplido muchas funciones en la vida cotidiana de los pueblos del Paleolítico Superior.

El comienzo de este proceso de domesticación, sin embargo, sigue siendo un punto de debate, con supuestos orígenes que van desde 15.000 a más de 40.000 años. La domesticación de animales implica la configuración y el control de la vía evolutiva de otra especie, lo que refleja un cambio en la psique humana en su relación con la naturaleza.

El momento de este primer proceso de domesticación es un conocimiento importante para comprender la ecología, la cognición y el comportamiento del Homo sapiens, así como para discernir el impulso inicial de las interacciones entre el hombre y el lobo.

En este contexto, un estudio realizado por un equipo internacional de investigadores, proporciona evidencia de apoyo para dos grupos de cánidos, uno similar a un perro y otro similar a un lobo, con diferentes dietas, lo que es consistente con la domesticación temprana de perros.

Una línea de evidencia

Para el estudio, el equipo realizó un análisis de la textura del microdaño dental en una muestra de fósiles del sitio arqueológico Predmostí, en República Checa, que contiene cánidos similares a lobos y perros.

Los investigadores identificaron patrones de microdaño dental distintivos para cada morfotipo de cánido. Los dientes de los cánidos lobos tenían cicatrices más pequeñas, lo que sugiere que consumieron más carne. En contraste, los dientes de los primeros perros, llamados “protodogs”, tenían cicatrices de desgaste más grandes, lo que indica una dieta que incluía alimentos duros y quebradizos.

Esta mayor durofagia —comportamiento de consumir alimentos duros— entre los perros significa que probablemente consumieron huesos y otros restos de comida menos deseables dentro de las áreas de asentamiento humano.

La observación proporciona evidencia de apoyo de que había dos tipos de cánidos en el sitio arqueológico, cada uno con una dieta distinta, lo que es consistente con evidencia previa de domesticación en etapa temprana.

Las primeras asociaciones entre humanos y lobos, indicativas de recursos y territorios compartidos, se remontan a varios cientos de miles de años.

Se desconoce por qué algunos lobos se integraron en la sociedad humana, pero los cánidos podrían haber cumplido muchas funciones en la vida cotidiana de los pueblos del Paleolítico Superior. De hecho, su utilidad como ayudantes para la caza y el trabajo, protección y compañía son razones que sustentan esta relación hoy en día.

La intención del estudio, explican los autores, no era abordar estas cuestiones, sino proporcionar una línea de evidencia adicional e independiente para identificar el cambio de comportamiento en los lobos potencialmente asociado con la domesticación temprana de otro animal por el Homo sapiens.

Estos resultados sugieren la necesidad de realizar estudios adicionales para ayudar a confirmar o refutar la presencia de distintos tipos de cánidos y dilucidar sus funciones en otras sociedades prehistóricas.

Referencia: Dental microwear as a behavioral proxy for distinguishing between canids at the Upper Paleolithic (Gravettian) site of Předmostí, Czech Republic. Journal of Archaeological Science, 2020. https://doi.org/10.1016/j.jas.2020.105092