En la actualidad, una reciente variante del coronavirus nos mantiene a todos en estado de alerta. La misma tuvo sus inicios en la ciudad china Wuhan, en diciembre del año pasado. Desde entonces se ha estado esparciendo por el mundo y está cerca de tener hasta 70.000 individuos contagiados.

Las muertes hasta la fecha, por causa de esta enfermedad, ascienden hasta 2.000 y pareciera que pudiera haber una disminución en las mismas pronto. Ya que aún no ha sido posible ubicar una vacuna que sea capaz de contrarrestar los efectos de la enfermedad.

Justo ahora, médicos y científicos se encuentran trabajando arduamente en la búsqueda de dicha cura. No obstante, otros también se están enfocando en ubicar los orígenes de la enfermedad, de forma que se pueda evitar que esta o alguna otra tenga la posibilidad de volver a causar problemas en el futuro.

El inicio de la cadena

Varios estudios realizados han tratado de determinar el origen del ahora conocido como COVID-19. Sin embargo, aún no han llegado a ponerse totalmente de acuerdo sobre cuál fue posiblemente el primer eslabón de la cadena.

En lo que sí han coincidido todos es que este virus tuvo un origen animal y que, su anfitrión inicial, a diferencia de los humanos, no se ve afectado por este virus. De entre las diferentes teorías que se alzan con respecto al misterioso animal, una de las más aceptadas es que el origen de todo fueron los murciélagos de china.

Se sabe que, estos fueron los anfitriones de otros coronavirus como el SARS y que, el contagio con ellos ocurre a través de las excreciones fecales. Lo que, no solo hace que puedan contagiarse entre ellos, sino también llevar el virus a otros animales.

El secreto está en la variedad

Claramente, el más reciente brote del coronavirus debió tener su origen en alguna criatura autóctona de China. Si consideramos que esta podría hacer sido el murciélago, entonces también hay que tomar en cuenta que China no se trata del único espacio del mundo en el que estos habitan.

Ya ha quedado claro que, estas criaturas suelen ser un anfitrión común para los coronavirus y, por ende, también un campo de cultivo en el que estos pueden evolucionar. Ya que ha quedado comprobado que el coronavirus es capaz de cruzarse entre sí para crear nuevas variantes.

Por lo que, mientras más murciélagos haya –de diversas especies– mayor será la posibilidad de que este virus continúe mutando y evolucionando. En África, se encuentra la una de las mayores cantidades de murciélagos en el mundo, con 40 especies distintas conviviendo en el territorio.

Debido a lo cual, estos espacios se vuelven un factor particularmente delicado a la hora de lidiar con este tipo de enfermedades. Ya que sus espacios brindan una posibilidad de mutación y esparcimiento que pueden ser muy beneficiosos para el coronavirus y no tanto para la salud mundial.

El coronavirus y los murciélagos africanos

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Como lo hemos mencionado, el coronavirus tiene la posibilidad de mutar al combinarse con otras de sus propias variantes. Por lo que, mientras este no se encuentre adecuadamente contenido y vigilado, la posibilidad de que un problema como el del COVID-19 vuelva a surgir sigue latente.

A manera de respuesta, variados investigadores se han dedicado a estudiar los murciélagos africanos en búsqueda de pistas sobre posibles amenazas futuras. Aún no se ha hecho a profundidad un estudio que analice todas las especies ni las variables de contagio que existen.

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Murciélago de herradura africano.

Sin embargo, de los avances que sí se han podido hacer, existe la certeza de que, el murciélago de herradura es uno de los más importantes en esta área. Ello debido a que se trata de uno de los anfitriones predilectos del coronavirus. Por lo que, en futuros estudios, esta se trata de la especie a la que más atención se le debería prestar, debido a la alta posibilidad de que estos puedan ser cuna de una nueva variante del coronavirus.

La importancia de estos estudios

Las verdaderas prácticas de salud no tienen inicio cuando el problema ya es latente, sino desde la prevención. Por ello, mientras se lucha por contener el contagio que ya está en marcha, también es importante ver más allá y comenzar a buscar medios a través de los cuales evitar que eventos como estos se repitan.

Tal como lo mencionamos, la gran cantidad de especies de murciélagos en África, y específicamente, la presencia del murciélago de herradura hacen de ella una posible cuna para futuras variantes del coronavirus. Al estudiar a estas criaturas, mantener un control de las mismas, sus rituales, los lugares a los que acceden y los tipos de coronavirus que pueden transportar, sería un paso adelante en la lucha por controlar el avance de este tipo de virus que primero nos presentó el SARS y ahora el COVID-19.

Referencia:

Bat‐borne viruses in Africa: a critical review: https://doi.org/10.1111/jzo.12769