La seguridad al transportarnos o al visitar espacios densamente poblados o visitados es vital. Gracias a que se mantienen las medidas correctas es posible evitar accidentes o problemas a gran escala que puedan traer consecuencias negativas tanto para el área visitada como para quienes estaban allí.

En la actualidad, con problemas como el terrorismo y las guerrillas, las preocupaciones por la seguridad en espacios públicos son cada vez mayores. Podemos poner como un ejemplo unos de los espacios más transitados y también más regulados a este respecto, los aeropuertos.

A través de ellos, miles de personas se transportan cada día y también miles de paquetes. Sin las protecciones y precauciones correctas, ellos podrían ser un conducto a través del cual esparcir el miedo en todo el planeta.

Para evitarlo, los aeropuertos usan muchas medidas. Entre ellas, unas de las más viejas, pero también más efectivas son los perros rastreadores. Con sus grandes capacidades olfativas, los mismos pueden ser entrenados para detectar y ubicar paquetes como drogas y también posibles artefactos peligrosos como bombas.

Un olfato superior

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Sin embargo, recientemente ha sido descubierto que el conocido mejor amigo del hombre tal vez no sea quien posee el mejor olfato para la tarea. De hecho, parece ser que ese honor pertenece a otras criaturas mucho más pequeñas y menos notorias, como lo son los saltamontes.

Al parecer, sus antenas cuentan con la capacidad de analizar las partículas del aire e interpretar sus señales como olores. A su vez, dichas antenas también les permiten a los saltamontes detectar los pulsos eléctricos leves que constantemente se transportan por este.

Como consecuencia, los saltamontes cuentan con un sistema de detección de olores de alta calidad y con una capacidad de detalle casi única gracias a sus más de 50.000 neuronas dedicadas a esto. Una capacidad que, para trabajos tan delicados como la detección de bombas, sería perfecta.

“Saltamontes cyborgs”

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Está claro que, a diferencia de los perros, los saltamontes no pueden ser entrenados para esta tarea. Por lo que, una estrategia diferente debe ser implementada a la hora de utilizar sus habilidades.

En este caso, para ello han recurrido a la implantación de electrodos y un pequeño y ligero sensor en la espalda del saltamontes. Gracias a este, las reacciones cerebrales del saltamontes a los diferentes olores pueden transmitirse a una computadora casi en tiempo real.

Para poner a prueba sus habilidades, el saltamontes debió ser inmovilizado y expuesto a distintos olores en diferentes áreas del complejo. Algunos pertenecían a distintos tipos de explosivos y otros a sustancias similares, pero no peligrosas.

En la mayoría de las oportunidades el cerebro del saltamontes fue capaz de diferenciar entre los olores de las amenazas y los de las que no lo eran. Asimismo, también fue capaz de presentar diferencias entre un compuesto de una bomba y otro, por lo que, ha quedado claro que estos animalitos no solo podrían alertar de la presencia de una, sino adelantar su tipo, basados tan solo en el olor.

Esta podría ser una nueva alternativa de seguridad

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En el caso de un solo saltamontes, la exactitud de sus detecciones fue de un 60%. Este subió a un 80% cuando se empleó un equipo combinado de 7 saltamontes para hacer las labores de detección. Como se puede ver, se trata de una alternativa con un gran porcentaje de fiabilidad y que podría ser utilizada en tiempo real por los entes que deban mantener una constante vigilancia sobre su alto tráfico de personas y paquetes.

Todo tiene sus contras

La prueba aún no ha sido hecha exponiendo a los insectos a varios olores diferentes al mismo tiempo. Por lo que, aún no se sabe qué tan efectivos podrían ser en el mundo real, donde todo se entremezcla y combina.

Además, luego de 7 horas de trabajo, el saltamontes quedaba tan exhausto que moría. Por lo que, se requeriría una gran cantidad de estos para hacer que esta estrategia funcione, a cambio de las vidas de todas estas criaturas.

Está claro que la investigación aún tiene puntos que tratar. Por un lado, debe seguir profundizando en las habilidades de estos pequeños y, por el otro, debe encontrar un modo de aprovecharlas sin hacer tener que quitarles la vida en el proceso.

Referencia:

Explosive sensing with insect-based biorobots: https://doi.org/10.1101/2020.02.10.940866