La noche de ayer se llevó a cabo la gala de los Óscar en la que las grandes obras del cine del 2019 fueron galardonadas por su resaltante desempeño. Entre ellas, una de las favoritas, pero menos esperadas para arrasar se trataba de Parasite, la película de origen surcoreano dirigida por Bong Joon-ho y escrita igualmente por él, con el apoyo de Han Jin-won.

Al final de la noche, la película logró recolectar 4 galardones que le dieron a Joon-ho el honor de igualar a Disney en el récord de más premios obtenidos en una sola noche. Esta se trataba de la primera vez en la que una película coreana quedaba nominada para los premios Óscar.

Anoche, también se convirtió en la primera vez que un film que no era de habla inglesa era obsequiado con el máximo reconocimiento: el Óscar a mejor película. Con ello, Parasite nuevamente se ha colocado en boca de todos y, quienes aún no la han visto, ven renovada su necesidad de hacerlo… y pronto.

El relato de Parasite

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Básicamente, Parasite se cuenta a través de una constante dicotomía y choques de estilos de vida y formas de pensar entre dos familias muy diferentes en Seúl. Por un lado, los prósperos Park viven cómodamente en la parte más adinerada de la ciudad, sin muchas preocupaciones más allá de disfrutar sus días.

Luego, por otra parte, tenemos a nuestro protagonistas, los Kim, de la clase más baja de la zona y que viven en un pequeño y mal iluminado semisótano. La trama de la película comienza a desenredarse a medida que los Kim comienzan a entrar a trabajar para la familia Park, sin que estos últimos sepan que los Kim están en realidad emparentados.

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Los claros contrastes entre unos y otros, además de la asfixiante tensión en la que la película nos envuelva a cada minuto, hacen de ella un espectáculo para los sentidos que nos deja exhaustos, después de haber vivido con ella una aventura que nunca pensamos tener.

El secreto de esto ha estado simplemente en el hecho de que la historia, a pesar de darse en muy pocos espacios, con muy pocos personajes, nos relata crudamente una historia de diferencias sociales que siempre ha existido en todas las sociedades. Solo que, para ello, se basan en un estilo de vida que es autóctono de Corea del Sur.

Mientras más íntima la historia, más universal es

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Cuando hablamos de narrativa, muchas veces las personas piensan que, para poder llegar a una mayor cantidad de público tienen que trabajar constantemente con temas “universales”.

Lo que implica que deben crear una película, libro o cualquier otro tipo de obra de la narración que le permita al mayor número de individuos sentirse identificados con la situación. Muchos creen que, para lograrlo, deben abordar los temas de forma lejana, casi que superficial, para no excluir al público al incorporar los detalles.

https://thevision.com/wp-content/uploads/2019/11/Parasite-Review-OC-Movie-Reviews-e1572880378695.jpgSin embargo, la realidad es diametralmente opuesta y mientras más específica sea una situación, en muchos casos el público conectará mejor con la misma. Tal es lo que ha pasado con el film ganador de cuatro Óscars –siendo uno de ellos el dedicado a la mejor película–, Parasite.

La temática de su historia podría ser interpretada con la simple dicotomía existente entre ricos y pobres, o entro lo que se tiene y no que no. No obstante, Bong Joon-ho ha llevado esto más lejos al volverlo un crudo, irónico e intrigante relato muy cercano a la realidad de muchos de los habitantes menos pudientes de Seúl.

Vivir en un semisótano

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La familia Kim, como lo hemos dicho, ha pasado sus días en un semisótano, haciendo trabajos esporádicos y mal pagados para poder subsistir. Aunque podría creerse que se eligió este ambiente solo para demostrar lo paupérrimo de la situación, la verdad es que esta decisión no fue tomada a la ligera.

Los semisótanos en Corea del Sur se tratan de un sello muy característico de las grandes ciudades, en especial de Seúl. Allí son conocidos como banjihas y están asociados a los sectores menos pudientes de la sociedad.

Allí, mayormente viven jóvenes y estudiantes que aprovechan las bajas rentas de los espacios para poder ahorrar dinero. Dentro de la metrópoli en la que se ha convertido Seúl, con una economía que va viento en popa, un problema que se ha presentado en ella durante los últimos 40 años ha sido el alto costo de la vivienda.

Cada año las rentas por las mismas suben hasta sumas inalcanzables por un gran grueso de la población. Sobre todo cuando hablamos de los más jóvenes, cuyos sueldos solo les permiten cubrir una banjiha en la cual dormir y tener suficiente dinero tanto como para ahorrar y subsistir.

El estigma de las banjihas – el olor de los Kim

https://edge.alluremedia.com.au/m/l/2020/01/parasitemovie.jpgDurante el film, como lo hemos dicho, la familia Kim debe pretender que son completos extraños al trabajar en la casa de los Park. Para ello, cada uno de ellos pretende tener un origen mucho menos humilde de lo que en verdad tiene, así como una educación más elevada.

Todos se “disfrazan”, por así decirlo, de este otro ser que trabaja con los Park. Sin embargo, por un momento llegaron a ser expuestos por un instante por el más pequeño de los Park, quien, con su curiosidad infantil logró detectar que los 4 integrantes de la familia Kim olían igual.

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Para evitar un problema como ese de nuevo, los Kim intentaron cambiar sus olores con nuevos perfumes o jabones para la ropa. No obstante, la realidad en la que cayeron es que, el ahora que los rodeaba a ellos era aquel del semisótano.

En otras palabras, aunque intentaran disfrazarlo frente a los Park, al final, el estigma que viene por vivir en estos lugares sale a la luz de una u otra forma. En el film el olor es un símbolo, pero, en la realidad, el estigma verdaderamente existe.

Muchas veces, las personas se compadecen que aquellos que viven en las banjihas. Ya que, el solo hecho de vivir allí, para muchos, de inmediato define quienes son las personas.

Un problema más allá del dinero

Aunque ello no se cumple para algunos, la verdad es que este se trata de un estigma real que hay en la sociedad. Por otro lado, aquellos que viven en la banjihas muchas veces se ven expuestos a crueles realidades: maltratos, crímenes y accidentes, sin que sean debidamente atendidos, muchas veces son ignorados por las autoridades.

Lo que, en general, puede llegar a crear un sentimiento de abandono y de insignificancia que quedar muy grabado en la mente de quienes lo sufren. Un ejemplo más de cómo la sociedad impulsa un estigma sobre el individuo y cómo este, falto de opciones, termina por abrazarlo como suyo, como parte de su identidad.

El origen de las banjihas

Durante los años 70 cuando la guerra de Corea seguía en pie, el miedo a ataques enemigos estaba siempre latente. Por ello, el mismo gobierno promulgó una ley en la que obligaba a todos los edificios de baja estatura a construir un sótano o semisótano que funcionara como búnker.

Para los ochenta, estos ya no se usaban como búnkers. Allí mismo, Seúl experimentó un boom poblacional debido a la llegada de inmigrantes. Entonces, se decidió hacer legal la renta y venta de estos espacios como hogares. De modo que, de un modo u otro se pudiera contrarrestar la falta de viviendas disponibles.

En la actualidad, cuatro décadas más tarde, el problema habitacional persiste y son cada vez más los individuos que deben optar por estos espacios como una única alternativa para encontrar un lugar en el que vivir. En Seúl, también claramente existe la clase media, pero la diferencia entre la más próspera y la menos adinerada sigue siendo abismal.

Un problema que, deja de tratarse solo de dinero y se convierte en un asunto de mentalidad y de percepción del mundo. Un choque que, algunos de los Kim pudieron soportar, mientras que otros… bueno, ya sabemos.