Los resultados de una reciente investigación realizada por un equipo de científicos de la Universidad de Purdue y la Universidad de Indiana, sugieren que ser un bebedor empedernido no es un requisito indispensable para que su cerebro se vea afectado por el alcoholismo.

El estudio muestra que el solo hecho de tener un padre con un trastorno por consumo de alcohol, afecta la transición del cerebro entre su estado activo y de reposo, independientemente del propio hábito de bebida.

Evaluando funciones cerebrales

El equipo de investigación encontró que el cerebro se reconfigura entre completar una tarea mentalmente exigente y descansar, pero para el cerebro de alguien con antecedentes familiares de un trastorno por consumo de alcohol, esta reconfiguración no ocurre.

Independientemente del propio hábito de bebida, el solo hecho de tener un historial familiar de alcoholismo afecta los periodos de transición cognitiva del cerebro.

Aunque la carencia de este proceso cerebral no parece afectar qué tan bien una persona desempeña una tarea mentalmente exigente, podría estar relacionada con funciones cerebrales a mayor escala que dan lugar a comportamientos asociados con la adicción.

Investigaciones anteriores han demostrado que los antecedentes familiares de alcoholismo afectan a la anatomía y la fisiología del cerebro de una persona, pero la mayoría de estos estudios que han observado este efecto lo han hecho evaluando estados de actividad y reposo por separados, en lugar de la transición entre ellos.

Para el estudio actual, los investigadores evaluaron a 54 sujetos (25 hombres y 29 mujeres con un rango de edad entre 21 y 26 años), de los cuales 23 tenían historial familiar de alcoholismo, definido como alguien con un padre con suficientes síntomas para constituir un trastorno por consumo de alcohol.

Los investigadores midieron la actividad cerebral de los sujetos con un escáner de resonancia magnética mientras completaban una tarea mentalmente exigente en una computadora.

Diferencias sutiles

La tarea requería que se contuvieran de manera impredecible al presionar una tecla izquierda o derecha. Después de completar la tarea, los sujetos descansaron mientras observaban un punto fijo en la pantalla. Una tarea aparte evaluó cómo respondieron los participantes a las recompensas, haciendo preguntas como si quisieran 20 dólares ahora o 200 dólares en un año.

Los sujetos de estudio sin este proceso cerebral demostraron una mayor impaciencia a la espera de recompensas, un comportamiento asociado con la adicción.

El equipo procesó los datos y desarrolló un marco computacional para extraer diferentes patrones de conectividad cerebral entre completar la tarea mentalmente exigente y entrar en el estado de reposo.

Los datos revelaron que estos patrones de conectividad cerebral se reconfiguraron en los primeros tres minutos después de terminar la tarea. Al cuarto minuto de descanso, el efecto había desaparecido por completo.

Los sujetos que carecían de esta transición también tenían factores de riesgo que los investigadores consideraron consistentes con el desarrollo de alcoholismo. Estos incluyen ser hombre, un mayor número de síntomas de depresión e impaciencia de recompensa.

Sin embargo, tener una historia familiar de alcoholismo se destacó como la diferencia estadísticamente más significativa en esta reconfiguración cerebral.

Estos resultados, explican los investigadores, muestran que una persona con antecedentes familiares de alcoholismo puede tener algunas diferencias sutiles en cómo su cerebro opera.

En complemento, los hallazgos ilustran la forma en que la reconfiguración funcional dinámica del cerebro durante los períodos de transición cognitiva podría reflejar la vulnerabilidad a la adicción, y potencialmente otras formas de disfunción cerebral.

Referencia: The disengaging brain: Dynamic transitions from cognitive engagement and alcoholism risk. NeuroImage, 2020. https://doi.org/10.1016/j.neuroimage.2020.116515