La gota, un tipo común de artritis que causa dolor intenso, hinchazón y rigidez en una articulación, ha formado parte de la historia de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Esta afección aparece en antiguos registros de la escritura médica y también se menciona en las biografías de muchos nombres famosos.

Esta patología es causada inicialmente por un exceso de ácido úrico en la sangre, lo que se conoce como hiperuricemia. El ácido úrico se forma en el cuerpo durante la descomposición de las purinas, compuestos químicos que se encuentran en grandes cantidades en ciertos alimentos como la carne, las aves y los mariscos.

Cristales acumulados

Normalmente, el ácido úrico se disuelve en la sangre y se excreta del cuerpo a través de la orina. Si se produce demasiado ácido úrico, o no se excreta suficiente, puede acumularse y formar cristales en forma de aguja que se pueden acumular en las articulaciones desencadenando inflamación y dolor en las articulaciones en sí y en el tejido circundante.

Con frecuencia, la gota afecta la articulación grande del dedo gordo, pero también puede afectar el antepié, los tobillos, las rodillas, los codos, las muñecas y los dedos.

A pesar de que la hiperuricemia es el principal defecto patogénico en la gota, muchas personas con hiperuricemia no desarrollan gota y algunas ni siquiera forman cristales de ácido úrico. De hecho, solo el 5 por ciento de las personas con hiperuriceamia por encima de 9 mg / dL, umbral requerido para la formación de cristales, desarrollan gota.

En consecuencia, se cree que otros factores, como la predisposición genética, la hipertensión, la enfermedad cardiovascular y la obesidad son factores de riesgo para la gota.

La prevalencia general de gota es del 1 al 4 por ciento de la población general. En los países occidentales, ocurre entre el 3 al 6 por ciento de los hombres y entre 1 a 2 por ciento de las mujeres. Si bien es más probable que la gota afecte a los hombres, las mujeres se vuelven más susceptibles después de la menopausia, cuando la brecha de género prácticamente se equipara.

Reducir el riesgo de complicaciones

Los ataques de gota pueden aparecer sin previo aviso, con frecuencia en medio de la noche, y desaparecer rápidamente para seguir regresando con el tiempo, dañando lentamente los tejidos en la región de la inflamación. Los síntomas principales son dolor intenso en las articulaciones, inflamación y enrojecimiento.

Con frecuencia, la gota afecta la articulación grande del dedo gordo, pero también puede afectar el antepié, los tobillos, las rodillas, los codos, las muñecas y los dedos.

Una de las pautas dietéticas recomendadas para el control de la gota es reducir o limitar el consumo de los alimentos con alto contenido de purinas, como la carne, las aves y los mariscos.

Debido a que sus síntomas, cuando aparecen, son similares a los de otras afecciones, la gota puede ser difícil de diagnosticar.

La mayoría de los casos de gota se tratan con medicamentos, que además de apuntar al alivio de los síntomas, procuran prevenir futuros brotes y reducir el riesgo de complicaciones, como cálculos renales y el desarrollo de tofos.

Comúnmente la gota se trata con fármacos antiinflamatorios no esteroideos, colchicina o corticosteroides. Estos medicamentos, que generalmente se toman por vía oral, pueden reducir la inflamación y el dolor en las áreas afectadas.

Si bien es razonable intentar disminuir o limitar el consumo de los alimentos con alto contenido de purinas, hay algunas pautas dietéticas y de estilo de vida, como procurar una alta ingesta de líquidos (alrededor de 2 a 4 litros por día), evitar el consumo excesivo de alcohol y mantener un peso saludable, que suelen recomendarse como estrategia para el control de los brotes o para prevenir la aparición de gota.

Referencia: Gout: An old disease in new perspective – A review. Journal of Advances Research, 2017. https://doi.org/10.1016/j.jare.2017.04.008