El virus del sarampión ha sido uno de los más letales en la historia de la humanidad. Y a pesar de su antigüedad y de las diferentes acciones que se han tomado para mitigarlo como una vacuna, este sigue siendo un tema de preocupación en países de medianos y bajos ingresos.

En esta oportunidad hablaremos un poco sobre su origen, su prevalencia en la humanidad, sus síntomas y los detalles en torno a la vacuna distribuida desde hace seis décadas en todo el mundo.

Breve historia del sarampión en la humanidad

Una investigación reciente sugiere que el virus del sarampión apareció hace unos 4,000 años, posiblemente derivado de un virus que afecta al ganado. En aquel momento, ya las poblaciones humanas se hacían más o menos numerosas, y las ciudades podían contar con una cantidad de habitantes superior a 250,000. Esta cifra es más que suficiente para mantener la propagación de un virus, sobre todo en un contexto de avances médicos prácticamente nulos.

Incluso en fechas tan recientes como el siglo XX, infectarse con el virus del sarampión era algo bastante cotidiano, y el consuelo era que este “solo daba una sola vez en la vida”. Esto fue antes de la introducción de la vacuna.

Transmisión del virus del sarampión y síntomas

El sarampión se transmite de persona a persona en las gotas de fluidos que se generan cuando una persona infectada tose o estornuda, las cuales pueden permanecer en el aire durante horas.

Por lo general la enfermedad empieza con una secreción nasal, secreción ocular y con tos, a los cuales sigue una notoria erupción cutánea. Estos síntomas derivan de la infección de las células de todo el cuerpo por parte del virus, quien tiene especial interés por las células del sistema inmunitario que se encargan de combatir las infecciones.

Dejando a los pacientes prácticamente sin protección, es fácil que estos contraigan otras infecciones que pueden dar lugar a neumonía o diarrea. Si no se tratan a tiempo, hay una alta probabilidad de que las personas se enfermen gravemente y mueran a causa de estas infecciones secundarias que bajo otras condiciones serían inofensivas.

Por si fuera poco, estudios recientes han descubierto que el virus no solo debilita el sistema inmunitario, sino que borra su memoria. Así, al infectarse con sarampión, las personas vuelven a ser susceptibles a otros patógenos ya superados. Además, las complicaciones derivadas pueden afectar funciones neurológicas y causar sordera o ceguera.

Mortalidad asociada al sarampión

Por supuesto, la llegada de la vacuna en la década de 1960 redujo significativamente la prevalencia de sarampión en todo el mundo, convirtiéndola en una infección prácticamente erradicada en muchos países. Para 2017, se estimaron menos de siete millones de casos de estas infección.

Sin embargo, estas mejoras no se han distribuido de manera uniforme, y los países de bajos ingresos siguen sufriendo los efectos de esta enfermedad aún en la actualidad. Junto a ello, el riesgo de complicaciones graves o de muerte es desproporcionadamente alto en las poblaciones marginadas con escaso acceso a los servicios de salud.

El riesgo de mortalidad por sarampión es 5 veces mayor en los países de bajos ingresos en comparación con los de altos ingresos, y se incrementa un 10 por ciento cuando los brotes abruman los sistemas de salud.

Si hablamos de cifras recientes, en 2019 Madagascar registró más de 1,000 muertes por sarampión, y hasta ahora ha habido más de 6,000 muertes en un brote en la República Democrática del Congo.

Prevención: vacuna contra el sarampión

La forma más eficiente de prevenir el sarampión es recibir dos dosis de la vacuna durante la infancia.

Actualmente la vacuna contra el sarampión previa exposición al virus sigue siendo la forma más efectiva de prevenir dicha enfermedad y sus efectos fatales. Cumplir con este paso en la infancia debería proporcionar protección contra el virus de por vida, aunque se recomiendan dos dosis para cada niño para garantizar su total eficiencia.

Sin embargo, no se trata de una vacuna tan perfecta. Mientras más similar es esta al virus en su estado natural, más fuerte es la protección. Y aunque esto parezca un punto fuerte, en realidad es un arma de doble filo en este caso.

Y es que bajo esta similitud, las condiciones bajo las cuales se debe mantener la vacuna son muy específicas: un rango de temperatura muy estrecho que no puede ser ni demasiado frío ni demasiado cálida, de modo que siga siendo eficaz.

Por esta razón, las cadenas de suministro deben ser especialmente cuidadosas a la hora de distribuir las vacunas. Un verdadero reto en lugares donde la energía eléctrica es limitada, donde las vacunas llegan solo durante grandes campañas que se hacen cada pocos años, quedando muchos niños desprotegidos.

Referencia:

Explainer: A history of the measles virus and why it’s so tenacious. https://theconversation.com/explainer-a-history-of-the-measles-virus-and-why-its-so-tenacious-130262