Durante milenios, las comunidades indígenas y poblaciones locales del Amazonas han servido como guardianes de facto de lo que ahora es la mayor extensión de bosque tropical que queda en el planeta.

Se estima que 1,7 millones de personas pertenecientes a unos 375 grupos indígenas viven en territorios indígenas (TI) y áreas naturales protegidas (ANP). Estos territorios abarcan ocho naciones (Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela) y cubren más de la mitad de la selva amazónica.

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Midiendo emisiones de carbono

Un reciente estudio, que utilizó tecnología innovadora para medir las emisiones de carbono causadas por la degradación y la perturbación de los bosques, sugiere que los territorios indígenas y las áreas naturales protegidas en la Amazonía emiten cantidades de carbono que no se habían detectado, pero que sus emisiones netas siguen siendo bajas.

En las últimas dos décadas, los territorios indígenas protegidos han reducido el efecto de la deforestación y degradación de los bosques en la selva amazónica.

La investigación sugiere que los TI y las ANP están cada vez más en riesgo por las actividades ilegales y las crecientes debilidades del estado de derecho, lo que pone en peligro su papel en la protección de los paisajes vulnerables.

Para el estudio, el equipo analizó las pérdidas y ganancias de carbono durante el período 2003-2016, y desglosó las pérdidas en los casos en que fueran atribuibles a la conversión forestal (por ejemplo, la deforestación) y las debidas a la degradación antropogénica y a las perturbaciones naturales.

Durante el período de estudio, la región amazónica fue una fuente neta de carbono a la atmósfera, liberando alrededor de 1.290 millones de toneladas de carbono. Las trayectorias de pérdida de carbono en este periodo muestran aumentos entre 2012 y 2016 para todas las categorías de tierras fuera de los TI y los ANP.

Un amortiguador eficaz

De las cuatro categorías de tierras del Amazonas, los territorios indígenas tuvieron la menor pérdida neta de carbono (-0,1 %), mientras que la pérdida neta en las áreas protegidas fue de -0,6 por ciento y de -3,6 por ciento en otras tierras.

Por milenios, las comunidades indígenas y poblaciones locales del Amazonas han servido como guardianes de facto de la mayor extensión de bosque tropical del planeta.

Las tierras fuera de las TI y las ANP, menos de la mitad de la superficie total de la tierra amazónica registraron alrededor del 70 por ciento de las pérdidas totales de carbono y casi el 90 por ciento del cambio neto.

Por el contrario, los TI y las ANP –más de la mitad de la superficie terrestre– registraron solo el 10 por ciento del cambio neto, con el 86 por ciento de las pérdidas en esas tierras compensadas por las ganancias derivadas del crecimiento forestal.

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Los autores sugieren que el continuo crecimiento de los bosques en los territorios indígenas ha permitido que estas tierras compensen las emisiones por degradación y perturbación.

En referencia a los hallazgos, el investigador Stephan Schwartzman, afiliado al Fondo de Defensa Ambiental en Washington y coautor del estudio, comentó:

“Nuestro trabajo muestra que los territorios indígenas protegidos han reducido la deforestación y la degradación de los bosques en la selva amazónica en las últimas dos décadas, y siguen siendo un amortiguador eficaz contra el reciente pico de deforestación”.

Referencia: The role of forest conversion, degradation, and disturbance in the carbon dynamics of Amazon indigenous territories and protected áreas, PNAS, 2020. https://doi.org/10.1073/pnas.1913321117

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