La tendencia humana a aprender de los demás ha captado la atención de los estudiosos de una amplia gama de disciplinas.

La transmisión de información de persona a persona nos permite aprender infinitamente más que si nos limitáramos a aprender de primera mano a través de un largo proceso de ensayo y error, y permite la transmisión cultural acumulativa, es decir, la transmisión de información (social, cultural, científica, etc.) de una generación a otra, un rasgo distintivo de la humanidad.

Proporcionando información creíble

Por supuesto, aprender de los demás conlleva muchos desafíos. Las personas difieren en su nivel de instrucción y en sus áreas de especialización, por lo que con frecuencia las personas pueden ofrecer sus opiniones en lugar de hechos, mentir intencionalmente o transmitir sin querer información errónea por ignorancia o incertidumbre.

Los niños no sólo prefieren aprender de personas que tienen confianza en sí mismos, sino que también hacen un seguimiento de cómo la confianza de la persona ha coincidido con su conocimiento y precisión en el pasado.

Por estas razones, es sumamente importante que las personas evalúen si (o cuando) otros están proporcionando información creíble.

En este sentido, los resultados de un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Columbia Británica sugieren que los niños pequeños muestran habilidades impresionantes cuando se trata de identificar fuentes de información deficientes.

En el estudio, los investigadores encontraron que los niños de entre 4 y 5 años de edad no sólo prefieren aprender de personas que parecen tener confianza en sí mismos, sino que también hacen un seguimiento de cómo la confianza de la persona ha coincidido con su conocimiento y precisión en el pasado, y evitan aprender nueva información de personas que tienen un historial de confianza excesiva.

Credibilidad a largo plazo

A través de tres experimentos, los investigadores examinaron a 662 niños con edades comprendidas entre 3 y 12 años, a quienes les mostraron videos pregrabados de actores que mostraban una confianza justificada e injustificada, así como una indecisión justificada e injustificada, y luego documentaron de quiénes preferían los niños aprender nuevas palabras y a quiénes encontraban más inteligentes.

Los investigadores recomiendan que los padres y educadores presten atención a la manera en se están comunicando con los niños, ya que esto podría socavar su credibilidad a largo plazo.

El análisis de toda esta información reveló que los niños pueden ser más rápidos en aprender que la confianza de una persona puede justificarse (corresponder a su nivel de conocimiento) que en aprender que la vacilación de una persona también puede justificarse, porque sus cerebros están cableados para atender más a las pistas que a la desinformación.

En otras palabras, aprender a confiar en las personas cuando éstas dudan justificadamente puede ser más difícil que aprender a desconfiar de las personas cuando están injustificadamente seguras.

Como resultado de estas observaciones, los investigadores recomiendan que los padres y educadores no solo presten atención a lo que están comunicando a los niños, sino también a cómo lo están haciendo, ya que esto podría socavar su credibilidad a largo plazo.

Referencia: Children’s understanding of when a person’s confidence and hesitancy is a cue to their credibility. Plos One, 2020. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0227026