El mundo aún no deja de llorar la pérdida de una leyenda del deporte americano, sin embargo, donde algunos ven tristeza, otros ven oportunidades para seguir honrando el nombre de los héroes. En esta oportunidad, junto con el resto de importantes títulos que se le otorgaron al increíble Kobe Bryant, debemos celebrar el Premio de la Academia que ganó con la carta de homenaje a la disciplina que lo hizo brillar como la estrella que fue.

Para quienes lo desconozcan, Bryant ganó un Óscar por desplegar el Mejor Cortometraje Animado en el 2018 –así como el Premio Emmy Deportivo como Mejor Post Producción de Diseño Gráfico–; no obstante, más allá de dedicar estas líneas para conversar sobre la victoria, o acerca de lo ocurrido el día de ayer –donde al sufrir un accidente en su helicóptero, el mejor conocido como “La Mamba Negra” se despidió de este plano terrenal, acompañado de su hija de trece años–, preferimos dar suficientes razones para honrar el legado del jugador a través de su producción.

“Siempre te amaré, Kobe”

Más allá de ver a ‘Dear Basketball’ como un cortometraje galardonado y reconocido, el mundo vio a la producción como una carta de digna despedida que el jugador que se retiró en el 2016 le dedicó al deporte que no solo lo vio crecer sino que lo enamoró desde sus seis añitos. “Un amor muy profundo al que le entregué todo, desde mi mente y mi cuerpo hasta el alma y el espíritu”, se puede escuchar en los casi cuatro minutos que dura el proyecto.

Repleta de emociones y un despliegue gráfico impresionante, el cortometraje hace que la piel se erize desde el momento en el que el marcador se muestra como inicio de la producción. Gracias a la dirección de Glen Keane, el poema –donde Bryant hablaba de su pasión por el deporte que lo cautivó “desde el mismo momento que comenzó a ponerse las medias de juego de mi padre”– fue adaptado a un corto cuya banda sonora estuvo a cargo de John Williams.

“Concediste a un pequeño niño de seis años su sueño Laker, y siempre te amaré por ello. Pero no puedo amarte de manera tan obsesiva por mucho más tiempo. Esta temporada es lo último que tengo que dar. Mi corazón puede atajar los golpes, mi mente puede lidiar con la dura rutina, pero mi cuerpo sabe que es tiempo de decir adiós”.

Sin duda alguna, Los Angeles, Estados Unidos y el mundo entero ha perdido a un grande que no hizo más nada que vivir por su sueño. Con sus altas y bajas, Bryant representará esa estrella que, ahora más que nunca, inspirará a los mismos aspirantes a la grandeza. Y, como él lo dijo: “los dos sabemos [Bryant y el basketball] que no importa lo que haga después, siempre seré ese niño con los calcetines y cubos de basura en la esquina”.