Un ensayo clínico se define como un estudio de investigación en el que uno o más sujetos humanos son asignados prospectivamente a una o más intervenciones para evaluar los efectos de esas intervenciones en los resultados biomédicos o conductuales relacionados con la salud.

La opinión consensuada de la Red Nacional Integral del Cáncer (NCCN, por sus siglas en inglés) es que el mejor manejo para cualquier paciente con cáncer es en un ensayo clínico. No obstante, un estudio realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Pensilvania encontró que solo entre el 2 y el 4 por ciento de los pacientes diagnosticados con cáncer participan en ensayos clínicos, y la mayoría se inscriben en el momento de la recidiva y no en la terapia inicial.

Primera línea de acción terapéutica

Para llegar a estas conclusiones, el equipo analizó datos de más de 12 millones de pacientes con 46 tipos diferentes de cáncer entre los años 2004 y 2015 en la Base de Datos Nacional del Cáncer, y encontraron que solo 11.576 (0,1 por ciento) de esos pacientes se inscribieron en ensayos clínicos como primera línea de acción terapéutica después del diagnóstico.

Los investigadores resaltan que la mayor barrera para la inscripción de pacientes en ensayos clínicos es el estigma que los rodea.

Los investigadores señalan que esta baja participación es preocupante debido a que los ensayos clínicos pueden ser beneficiosos para los pacientes. Al respecto, el doctor Niraj J. Gusani, catedrático en el Departamento de Ciencias de la Salud Pública de la Universidad Estatal de Pensilvania y autor principal de la investigación, expresó:

“Los principales avances en el tratamiento del cáncer han sido respaldados por ensayos clínicos. Al ofrecerse voluntariamente para participar en un ensayo, los pacientes pueden ayudar a ampliar el campo de investigación y obtener acceso a nuevos tratamientos”.

Para el estudio, los investigadores realizaron un análisis estratificado en el que compararon a cada paciente que participó en un ensayo clínico con otro paciente que no se inscribió en un ensayo pero con características similares, incluido el tipo de cáncer, la edad, la raza, el tipo de seguro, el estadio de la enfermedad y si la cirugía o la quimioterapia eran parte del plan de tratamiento.

Superar el estigma

En su investigación, el equipo encontró que los pacientes con cáncer tratados en ensayos clínicos vivieron más tiempo, en comparación con pacientes similares no tratados en ensayos.

Al ofrecerse voluntariamente para participar en un ensayo clínico, los pacientes pueden ayudar a ampliar el campo de investigación y obtener acceso a nuevos tratamientos.

Los datos revelaron que los pacientes con cáncer que participaron en ensayos clínicos como primera opción terapéutica tuvieron una supervivencia media de siete meses y medio más que aquellos que no se inscribieron en un ensayo.

Los autores del estudio resaltan que la mayor barrera para la inscripción en ensayos clínicos es el estigma que los rodea.

En tal sentido, explican los autores, los pacientes pueden sentir que son “conejillos de indias” en los experimentos y que están recibiendo atención deficiente. Pero esa es una percepción errada, ya que los ensayos enfatizan la seguridad del paciente en cada etapa y son cuidadosamente regulados y monitoreados por las juntas de revisión institucional.

Referencia: Clinical Trial Accrual at Initial Course of Therapy for Cancer and Its Impact on Survival. Journal of the National Comprehensive Cancer Network, 2020. https://doi.org/10.6004/jnccn.2019.7321